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Tomo 1.1919=número 1

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13 articles
  1. Encuadernación

  2. Página del título

  3. Claudio Debussy

  4. Nocturno de la Inmovilidad y del Olvido

  5. Nocturno del Destino Adverso

  6. La casa del Alfeñique en Puebla

  7. El mercader de assinaria

  8. ¿Conoces la Vereda?

  9. Cuando la tarde......

  10. El pacto

  11. Los Cisnes mueren....!

  12. Mensaje a Través del Oceano

  13. Opiniones

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La Existencia como Economía, Como Desinte- teres y como Caridad, por Antonio Caso. PRECIO; $ 2.00 [ 347 |

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REVISTA NUEVA. Organo de la Juventud Universitaria de México. 9 de Junio de 1919.—Primer número. DIRECTORES: José Gorostiza Alcalá y Enrique González Rojo. ADMINISTRADOR-GERENTE: Febronio Ortega. SUMARIO: Claudio Debussy —Antonio Caso. Poemas de Enrique González Rojo. La Casa del Alfeñique en Puebla.— Manuel Toussaint. El Mercader de la Asinuaria.—Mariano Silva. Poemas de José Gorostiza Alcalá. El Pacto.—Antonio Rodríguez Gii. ¡Los Cisnes Mueren....!—Raimundo Alvarez. Mensaje a través del Océano.—Genaro Estrada. Oponiones. Precio $.0.25. Diríjase la correspondencia Administrativa a la calle del Uruguay. Núm. 41, Ls 4 - h

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REVISTA NUEVA PRELIMINAR —— 0 (— Ibsen, narra en “La Unión de los Jóvenes” original criterio periodístico: Si se tiene público mediocre, hagase una revista mala; esta es la única manera de satisfacer al lector. Se comprende desde luego, que para incluir esta nor- ma entre las nuestras, necesitaríamos dos cosas: conocer al público y tener más talento. Porque, permitasenos la paradoja, si escribiésemos con el deliberado propósito de hacerlo mal, tal vez obtendríamos una revista óptima. Más, mencionamos a Ibsen para citar la unión de los jóvenes. Este es nuestro ideal, uniforme y confuso que nos prohibe definirlo en programa. Así, nada más podemos exponer algo sobre la forma externa de nuestra revista y la exposición no tendría importancia. ¿Cómo se procurará. la unión de los jóvenes? Nosotros mismos lo ignoramos y si lo supiéramos, no tendría interés decirlo; de donde resulta que un preliminar de periódico es algo tan insig- nificante e insulso que un lector inteligente no debió leer el nuestro. ? [ 349]

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Claudio Debussy Jo (- “Le canon gronde et nous entendons que le rossignol ne chante plus.” Jean Chantavoine. Hay un problema viejo y nuevo siempre, que cada día parece admitir diversa solución: el íntimo comercio de las Artes entre sí. ¿Será, acaso, insoluble? ¿Serán los pro- blemas artísticos de índole. diversa de las cuestiones. cien- tíficas? ¿Admitirán tantas soluciones cuantos esfuerzos geniales se emprendieren encaminados a resolverlos?..., Las hermanas inmortales surgen como espontánea rea- lización de un mismo Arquetipo; y, sin embargo, cada vez que se proponen colaborar para ofrecernos el encanto sin- tético de sus dones en una obra de arte simultánea y cor- dial, algún mágico hechizo—que también pudiera ser una ley providencial,—las separa sin remedio, y deja intacto el problema de su unión. Mozart, Gluck, Weber, Wagner, Verdi, toda la historia del arte dramático musical; es, un ensayo encaminado al logro de la amistad indisoluble -del drama y de la música; más, a pesar del genio, el problema es tan interesante hoy como lo fué para los trágicos griegos. Cada vez resulta tan inconmensurable como antes la distancia que media entre los mundos artísticos. ¿Será el dramma per música un con- trasentido eterno?........ La: última solución es tan bue- na como la primera y no tiene mérito diferente de haber sido la última. El progreso artístico es una mentira estu- penda.. “La obra maestra—dijo Hugo— es igual a la obra maestra.” Por eso pondremos junto al Don Juan de Mozart, al Orfeo de Gluck, al Tristán de Wagner y al Othelo de Verdi esa exquisita e inquietante obra maestra que bordó el ruiseñor francés sobre el bello drama simbólico de Mau- rice Maeterlinck. — Wagner, el último dios, el vidente del “Crepúsculo de los Dioses,” resolvió la dificultad restringiendo a los límites esenciales del mito la fábula dramática, y combinando en el. “drama puramente humano”,. drama y leyenda, músi- ca y religión. Por algún tiempo, se creyó que los desti- nos de la música dramática. habíanse fijado para siem- pre; más, he aquí que, muerto. el Titán, sólo queda vi- ca ñ 3]

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viente su esfuerzo como acto heroico y excepcional, no como ley ni imperativo de creación. Verdi realizó su Othelo y su Falstaf con recursos propios, y Claude De- bussy ha maravillado al mundo entregándole el milagro de una nueva solución. El debusismo, sin duda, es tan falso como el wagnerismo. Sólo Wagner y Debussy son verdaderos. En Arte, las escuelas son decadencias, es- colásticas, imperfecciones. No más el Genio tiene razón. ¡No se equivoca nunca! Os invito a unos breves instantes de recogimiento espiritual. Nuestro músico no supo jamás de himnos pin- dáricos ni tetralogias gigantescas. Habríase anonadado ante las últimas como una figulina de Tanagra al pie de los monumentos faraónicos. Su obra tiene la incongruen- cia dinámica de las nubes; el perfume, a veces, de las cosas marchitas; a veces, también, la, precisión etérea de la arquitectura de las arañas. Fulgura como luz que alumbra y no calienta; place con el exótico abandono de la renunciación. Si queréis hallar en él la claridad del medio-día escultórico, tropical, la franca y llanísima ver- dad, desilusionareis sin remedio. Si gustáis del rapto frenético y del ademán gallardo, del color rojo y dorado del apoteósis heroica y sangrienta; si os subyuga oir sonar la trompa épica, no vengáis a escuchar la lírica declamación de Debussy. Pero si sabéis cultivar vuestros propios estados sub- jetivos, adivinando la transición musical de los matices, la palpitación del ritmo interior que se define y agranda como el sueño, la oración y la muerte; si habéis sentido, por ventura, que vuestra melodía espiritual se prolonga en el movimiento silencioso de la hierba, el rumor arcano de la brisa, el oleaje que arruga el espejo del lago y la vibración que causa el estremecimiento de una flor; si tenéis el alma vagarosa e indecisa y os interesan su pla- cer y su temblor, venid a insertaros en la magia de estas ondas casi silenciosas, levemente musicales, y, a un tiem- po, intensas y profundas como el sueño, la muerte y la oración. Claudio Aquiles Debussy nació el día 22 de agosto de 1862, cerca de París, en Saint-Germain-enLaye. Una discípula de Chopin, la señora de Sivry, supo hallar en el niño disposiciones extraordinarias, y tuvo la caridad o la intuición de su porvenir. La suprema elegancia de su abuelo musical, el admirable Chopin de los Preludios y las Mazurcas, se transmitió al futuro compositor desde 1 352 |

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sus comienzos en el difícil arte a cuyo cultivo se entre- 86. Alguna chispa del genio aristocrático de Chopin pren- dió, quizás, la divina antorcha en el alma hermética de Claudio. Desde entonces fué su conciencia artística un homenaje a la individualidad de la creación. Alumno del Conservatorio de París, alcanzó varias re- 2ompensas escolares. Su cantata “L'Enfant Prodigue”— 2x-humada luego del triunfo de “Pelléas” y justiprecia- da por la crítica,—mereció, en 1884, el gran premio de Roma; pero, antes de partir rumbo a Italia, tuvo el ar- tista la ocasión de viajar por Rusia. (Primer contacto de su espíritu en formación con el país de Moussorgski y Rimsk-Korsakof.) En 1889, emperndió el viaje clásico al santuario de Bayreuth. Wagner, el Wagner de Tristán y Parsifal, lo conmovió hasta las lágrimas; pero, cuando en 1890 vol- vió a la Meca de la religión wagneriana y tornó de nuevo a su amada tierra latina, era ya un disidente indudable, Entre ambas próximas peregrinaciones de religiosidad y escepticismo, el Boris Godounow de Moussorgski ha- bíale mostrado su sendero. No podía amar dos formas artísticas tan disímiles. O el arte ruso o el alemán. O el mosaico bizantino de deslumbrante colorido o la me- lodía infinita wagneriana. Por aquel entonces frecuentaba Debussy el .cenáculo literario de Féphane Mallarmé. Si los antecedentes musicales del artista están en Chopin y Moussorgki, más bien que en Wagner, sus mo- delos o inspiraciones literarias proceden del selecto grupo de artistas y poetas que, continuando el esfuerzo de re- delión literaria contra el inhumano impersonalismo del “Parnaso,” iniciado ya en “Les Amours Jaunes” de Tris- -án Corbieré y la “Saison en Enfer” de Rimbaud, acla- maba como príncipe de las letras francesas a Paul Ver. laine, mago de la poesía intuitiva y simbólica que su- ziere y no expresa, indica y no concluye, poesía musica! entre todas. Según la estética simbolista, debía el verso nvertebrarse, sutilizarse, disolverse en el conjunto del Joema, como se sutiliza y disuelve una nota en la poli fonía musical: “O triste, triste était mon ame....... , Je devine a travers un murmure... .?” La musicalidad verleniana sometiéndose a la estética -Xacta y profunda de Mallarmé. Este poeta, gran señor 353]

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inglés de su propio dominio, quería exaltar a la Poesía a la cima del arte, supremo que concibió Hegel en su Estética; esto es, a la síntesis y compendio orgánico de las artes: especie de wagnerismo poético y no musical; microcosmos reflector del universo. El poema había de ser, a un tiempo, imagen plástica, símbolo, filosófico, ex- presión sentimental, y música siempre. “LAprés Midi d'un Faune,” audaz égloga de Mallarmé, inspiró una de sus más bellas creaciones—acaso la más bella—al mú- sico admirable. Colgaba el pájaro su nido de las bóve- das de la capilla del simbolismo. Iba a desleir sus tri- nos en la arrozadora luz tamizada por los santos vitrales del templo. Jamás se apartaría, en lo venidero, de su familia artística. La lectura de “Pelléas et Melisande,” el drama simbólico de Maurice Maeterlinck, fascinó a Debussy. Durante diez años trabajó en su elaboración. Interrum- pía sólo su esfuerzo para brindarnos sus obras correla- tivas: sus célebres “Prosas Líricas”, sus “Canciones de Bilitis”, sus maravillosos “Nocturnos” a las Nubes, las Fiestas y las Sirenas; “pintura—dice un crítico—no de los objetos ni los seres (nubes, fiestas y sirenas), sino de sus luces, de sus reflejos, de sus vibraciones que co- munican al aire, al espacio por ellas conmovido.” Por fin, el 30 de abril de 1902, en la Opera Cómica, “Pelléas et Mélisande” realizó su aparición triunfal, no obstante la actitud indecisa del dramaturgo belga y el estupor de los músicos de la orquesta. Claude Debussy asistía al acatamiento y sanción de su genio. “Obra nueva y de las más considerables—asegura Ca- mille Mauclair.—Tenía un mentís sistemático al wagneris- mo; un nuevo modo de declamación lírica. Estaba cons- truida sobre harmonías que daban la impresión de no haber sido oídas nunca. En fin, reunía la seducción de una obra legendaria, de un “primitivismo” refinado e ingenuo, a la de un modernismo intenso.” En efecto, lejos de internarse por la selva espesísima de la polifonía wagneriana y dar la forma torturada y estrepitosa de la música moderna como comentario al misterioso poe- ma de Maeterlinck, Debussy realizó la gran ley históri- ca de la innovación por el recuerdo, por el retorno a otras formas artísticas; al menos, por su libre selección del gusto musical de otros días más claros y ecuáni- mes. Lo que obraron en sus cuadros los prerrafaelistas, sonriendo místicamente a Giotto y Boticelli sobre la per- F .- E r 14

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fección marmórea de los superhombres del Renacimien- to, lo creó, en cierto modo, para la Música, el artista francés, merced a su concepción purísima de la declama- ción lírica. Logró que el “dramma per musica”, autóno- mo, si no independiente del verbo, siguiera, no obstante, los más sutiles movimientos dramáticos, y manifestara su libre sumisión, no a la poesía misma, sino al designio de la amistad de las Artes, amistad de ideas platónicas que, según dice Walter Pater en su comentario al Filó- sofo, “se tratan entre sí como personas”; amistad en la que nada se da al amigo para él mismo, sino para el triun- fo del Amor; amistad en la que nada ha de exigirse tampoco diverso de la inspiración bastante a llevar a cabo la obra ocmún. Así caminaron juntas, por la nueva vía descubierta, la Poesía y la Música. Juntas y libres, aliadas y diversas, sin compromisos estériles ajenos a su índole propia. Co- mo dos seres afines que hablaran irremediablemente le- guas distintas; como amantes que, sin abdicar de su in- dividualidad, fundiesen sus almas en el deseo de un nue- vo ser; como astros luminosos y distantes que, sin atraer- se entre sí, girasen dócilmente en torno de un mismo centró ideal. Debussy realizó la idea leibniciana de la harmonía pre-establecida. El cuerpo y el alma, la Poesía y la Mú- sica, como los relojes de la célebre hipótesis, marcarían la misma hora, pero no porque se identificasen sus me- canismos, sino porque el propio pensamiento les haría trazar su ciclo eterno y proveería al milagro de la cor- cordia de cada segundo. Posible era, pues—no sólo posible, sino real,—orien- tar el porvenir del arte lírico por senderos imprevistos, a pesar del genio de Wagner, supremo dictador musical del “momento histórico,” gran polarizador de las ener- gías artísticas del siglo. ¡“Pelléas et Mélisande” subra- yaba gloriosamente la perenne vitalidad del genio fran- mé! “Quiero escribir mi sueño musical completamente des- prendido de mí mismo; cantar mi paisaje interior con la cándida ingenuidad de un niño,” decía el Maestro expo- niendo su estética. Su concepción panteista y oriental de la vida era como moral budista o epicúrea de per- fecta y asidua contemplación. “El budista—dice un texto sagrado del Indostán,—ha de mirar todas las cosas co- , Parr

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mo si fueran de igual naturaleza que el espacio; como si fueran permanentemente lo mismo que el espacio: sin esencia, sin substancia”.... Debussy no analiza los mo- vimientos del alma, los funde con el tono del paisaje. No reivindica el ego humano frente al conjunto cósmico. Ja- más esculpe la individualidad. Déjala disolverse en su ambiente; matízala con los movimientos de las nubes y el rumor de las hojas; tórnala hermana de la existen- cia inanimada; cómplice, sobre todo, de la luz. Con los misterios del espíritu, indiscernibles del misterio del mun- do, forma el nácar de su creación. Mejor que nadie supo comentar la cambiante música del iris. Su arte es azul, “azul de los claros de cielo que aparecen después de la lluvia entre las desgarraduras de las mubes”, (1) como el verso hermético de Mallarmé: “Tmiter le Chinois au coeur limpide et fin De qui lextase pure est de peindre la fin Sur ses tasses de niege a la lune ravie D'une bizarre fleur qui parfume sa vie Transparente, la fleur qu'il a sentie, enfant, Au filigrane bleu de lame se greffant.” Jamás se contrae el artista a los estados sustantivos del espíritu. Interpreta los que James llamó “momentos transitivos” del alma; fugaces momentos que irremedia- blemente escapan al común de las conciencias. Sabe de- cir el desfallecimiento del deleite, la intranquilidad del deseo, el asombro del miedo, la insondable morbidez de la muerte. Toma sus datos del corazón humano, y luego los extiende sobre el mundo, sobre el agua, sobre la luz. La realidad única de la existencia, en que nada empieza ni termina jamás, forman su dominio embrujado. Es un bergsonismo musical que asiste al espectáculo del sér que se prepara en la sombra, en la penumbra.... No describe, siente; no piensa,. g0za; no esculpe, sue- ña. Abandónase el individuo a la vida universal; piér- dese la conciencia en la inconsciencia; fúndese la volun- tad en los móviles del albedrío. El gran todo es la sola realidad que se percibe temblorosa y profunda, al par que milagrosamente exacta, que se repite, a veces, con desola- dora insistencia y luego vuela sin obstáculos desligándose de toda realidad concreta y viviente, o se desmaya, al fin, (1) Lafcadio Hearn. 10 356

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para anonadarse en su propia infinita aspiración. Parece decirnos: ¡“Ya no es dios Pan; lo divino es la harmonía de su flauta! Esta música flotante, sutil y sensual—“animula va- gula blandula,'—ejerce sobre el ánimo un poder ener- vante como los perfumes capitosos de Oriente. Su acción es beleño de la acción, narcótico de la voluntad, negación del vivir. Nada es verdad para ella sino la transición, el reflejo pasajero y frustráneo, el movimiento. La per- sonalidad parece una máscara, una limitación irreal. Só- lo la sensación es verdad, bondad la abdicación y belleza la disolución de las unidades diversas en la nebulosidad de la suma inefable. Esta música no levanta al hombre sobre su destino; no lo robustece para el heroísmo. De- prime al fin, dicen sus críticos; consume, aniquila. Y lo peor es que consume con encanto y aniquila con fruición. Lo grave es que incita con el hechizo de su magnetismo corruptor: El debusismo es un peligro para la virtud. Es verdad. Todo arte es peligroso para la virtud; pero no hay que declararlo por ello inmoral, Sería in- moral si pudiera ser falso; es decir, si se propusiera como tesis de moral. Más se propone como intuición del mun- do, y el mundo ha sido siempre peligroso para la virtud.... ¿Quién no ha tenido alguna vez la revelación subitánea de que forma parte transitoria de un sér más vasto; de que es no más movimiento de un movimiento, reflejo de un reflejo, fugaz episodio de un drama misterioso y pro- fundo como los dramas de Maeterlinck? ¿Quién, en los vaivenes de su fortuna, no deseó fundirse musicalmente en el concierto cósmico, como se pierde una palabra en la noche o se ahoga un lamento en el corazón?..... Dejemos a los grandes maestros la responsabilidad de sus obras originales. Beethoven grita a la humanidad su magnánimo: ¡Excelsior! Pongámoslo sobre muestro corazón. Este melodioso pájaro francés que sabe de ritos shintoístas, lirios negros y rosas fosforescentes, nos invi- ta al desmayo dichoso de lo espiritual en lo cósmico. Si- gámoslo también. Si por el acto heroico del genio se nos revela el Reino de los Cielos que predicó N. S. Jesucristo, por la abdicación musical de la persona obtendremos el nirvana tentador. La acción y la contemplación, como las hermanas de Lázaro, son igualmente hermosas, santas y verdaderas. y y [357 |

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A los cincuenta y seis años de edad, Claude Debussy, en alas de sus símbolos líricos, llegó a reunirse con los grandes músicos de los siglos. En los Campos Elíseos tapizados de asfodelos, esperábalo el silencio divino, la obscuridad luminosa a que tendía fatalmente su canto. No fué su feudo en la tierra un imperio sublime; más al- go nuevo ha vuelto al misterio, y una nota más tiene la Música exhalada de su garganta de ruiseñor. ¡Francia, como la Melisande del poeta; peinará eternamente sus cabellos en el Torreón del Castillo esperando el retorno de Pelléas, yen la noche aciaga, la Fuente y el Parque cantarán en la lengua que les prestó el Mago el caer de las estrellas sobre los amantes que sorprendió la Muerte en un deliquio de pasión. A veces la Gloria, como la Muerte misma, besa con suavidad a sus adeptos, les opri- me largamente los labios y las sienes, y los deja ungi- dos en silencio para la inmortalidad! México a 23 de julio de 1918. ANTONIO CASO. 12 1 358 |

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E Nocturno de la Inmovilidad y del Olvido -)o(— La noche me trae por las avenidas de las arboledas fugaces sonrisas, rápidos recuerdos, dichas pasajeras. Las notas suaves de música extraña, que de lejos llegan, no hablan de dolores, ni dicen las penas antes revividas por las hojas secas, las hojas que caen pensativamente, que revolotean, se paran a veces como en un descanso, y luego se alejan... Nada dice al alma: Qué, ¿ya no te acuerdas?, al alma que calla como si la esfinge ante sus miradas fantásticas viera con ojos de noche, con miembros de fiera, misterioso arcano con senos de hembra que fija en la sombra livida silueta. Errante fantasma por las avenidas de las arboledas... Nara

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En las noches mudas ya nadie la espera los ojos absortos, la mirada llena de las inquietudes y los desconsuelos que dan a las almas una lumbre nueva, pues llega de lejos como una esperanza y entre desencantos pálida regresa. Y nada le dice lo que las tinieblas ocultan hurañas a todos los ruegos, todas las tristezas, todas las angustias que sienten los hombres, el clamor inmenso que llena la tierra, la noche profunda que riegan con llanto todos los poetas... Nocturno del Destino Adverso ——o0(-—— En la tiniebla sin rumores, como un espíritu maligno, por todas partes una sombra como un enigma va conmigo. Entre la noche, en el misterio. va el enemigo. Siento sus pasos en mis pasos y oigo sus gritos en mis gritos: entre las sombras y el espanto eternamente va conmigo. Tremenda imagen, te pareces a mi destino. Yo lo presiento y él lo sabe y no se oculta a mi camino; él me acompaña por la senda perennemente. Así ha sabido de mis sudores, de mi sangre y de mi vino. LA , 360 |

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Mieles endulza a cada instante que yo bebo como en un rito, y cada gota es un veneno que se infiltra y produce frío. Y siempre bebo, y siempre sufro, y siempre pido. Bajo lo móvil de las sombras juntó mi carne con mi espíritu y son incestos mis ideas que nacen de un escalofrío. Llevo el presagio de la muerte entre los vivos. Y no me deja, y siempre solo va tras mis pasos con sigilo; bebe mi sangre y mis sudores en el misterio, Sin ruido eternamente, como sombra irá conmigo. ENRIQUE GONZALEZ ROJO. o (- LA CASA DEL ALFENIQUE EN PUEBLA (Por Manuel Toussaint.) A despecho de los años y de la incuria sobrevive en todo el ambiente de Puebla el prestigio de su colonial abo- lengo. La ignorancia se empeña en destruir los tesoros del pasado para instalar a sus anchas la fealdad de toda nues- - [ 961]

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tra moderna arquitectura, piedra artificial, cemento y es- tuco. Cuando el viajero contempla edificios antiguos, agré- gales a su belleza peculiar, este otro encanto fúnebre que opone al persistir de la piedra la fragilidad espiritual de los seres mortales: están condenados de antemano; los matará su propio dueño, ignorante de lo que pierde. Y, co- mo si adquirieran conciencia de su muerte, los toca un des- tello de tristeza. Puebla presenta sugestivos encantos al que busca las huellas del arte de otros tiempos. Es la ciudad criolla de la Nueva España; carece de tradición indígena y acógese a su rancia tradición española y cristiana intensamente, casi con furia. Las condiciones especiales del sitio influyen no poco en singularizar su aspecto: es plana, tranquila, sin grandes alturas en su cercanía; es en extensión como otras ciudades —Guanajuato, Zacatecas—son en profundidad, Las calles, uniformes, pintorescas en el conjunto abigarra- do de sus casas, concluyen de pronto; no hay arrabales. LG [ 362 |

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Apenas la parroquia del Santo Angel de Analco, yergue su vetustez en un páramo de polvo: es un barrio lejano, casi un pueblo, y lo propio ocurre con Santiago. Pero lo más distintivo es el clima. Es un ambiente seco, de incomparable transparencia. No hay transiciones entre la luz y la sombra: veis un muro soleado, deslumbrante, y en él, negro, insondable, el vano de una puerta. Este clima excita y agobia; es propicio al gozo y a la melancolía; a la pereza y a la voluptuosidad, como esas elles características que en labios de sus mujeres, son caricia y dejadez; inci- tantes al par que desagradables. > o. T+ E Dr >o ea Las casas están admirablemente hechas a este clima. Por todas partes encontráis amplios zaguanes rebosantes de sombra. Refugiad en uno de ellos vuestra fatiga; hay en él una delicia de frescura; tras un arco se extiende el patio que es como irrupción de claridades deslumbradoras; al centro, la verde claridad de un árbol—un naranjo, una hi- guera, un laurel—es oasis en aquel pequeño desierto: la escalera no se halla en sitio uniforme como ocurre en las casas de ciertas épocas en México, sino en lugar más con- veniente del patio, cómodamente acogedora con su macizo pretil de mampostería, igual que el de los corredores : -la 17 [ 969

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blancura del patio parece desterrar la vida, pero en esos renegridos oscuros que forman puertas y ventanas, si atra- vesáis el irregular enlozado, hallaréis vida riente, alegre, caprichosa; conversación danzarina y picante. Pero también puedo enseñaros casa de más suntuoso atavío. Mirad este amplio edificio que forma esquina a la calle de Rabaso. ¿Os llama la atención ese revestimiento de los muros, esa combinación de azulejo y ladrillo? Es típico de Puebla; la mitad de las casas lo tiene; y observad la sabiduría que encierra: el muro no reverbera con la luz solar; absorve el calor y la irradiación; protege nuestros ojos y proteje al habitante de la casa, desempeña el mismo oficio que el tezontle de México; pero, ay! que también, co- mo éste, ha sido bárbaramente pintado con cal en gran nú- mero de casas! La composición de la fachada es admirable. Esas líneas horizontales la dividen armoniosamente y evitan que la casa parezca demasiado alta o demasiado baja. Y en la esquina, rómpese el ángulo de dichas líneas, dando al edifi- cio gracia incomparable. Los llenos y los claros se combi- nan con gran arte: ¿Qué arquitecto moderno puede re- partir veintiséis claros en una fachada sin romper el equi- librio, sin que la casa parezca un enorme palomar? Pero el principal mérito de esta mansión radica en el ornato. El ornato que se halla sobriamente concentrado, que es nulo en la parte inferior y va ascendiendo lenta- mente, va aligerando cada piso, hasta llegar a la voluptuo- sidad de la cornisa, esa línea ondulada que parece mecerse en las nubes. Si queréis subir conmigo a uno de los balcones del piso alto, os encantará la gracia de los adornos, que en su fra- gilidad dan nombre a casa. A lo' largo de las pilastras, como fantástico y proteiforme monstruo marino, rampa el re- lieve. Es bajo y sencillo al principio; es una simple guir- nalda que va transformándose como si cediera a un íntimo anhelo de voluptuosidad. Pasado el dintel de la puerta, piérdese casi toda disposición arquitectónica; sólo vive un hacinamiento de adornos, de volutas, de conchas, de -roca- llas que parecen sostener, por milagro, la vastedad de los doseles que cubren los anchos balcones. La consistencia de los adornos, todos hechos de mezcla y afinados por la altu- ra, dan al conjunto el aspecto más delicado: semeja segu- ramente un alfeñique: un dulce hecho únicamente de azú- car, frágil y translúcido como una porcelana. Le [ 36. |

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No se crea que la fachada está exenta de defectos: ved, por ejemplo, las anchas lozas que forman el piso de los balcones, el sardinel; están sólidamente empotradas en el muro y no presentan el menor riesgo; pero la ley más ele- mental de arquitectura exigía que tuviera algo a modo de ménsula, siquiera uno de esos hierros artísticamente for- jados, que tanto abundan en Puebla. Yo imagino que el arquitecto, llevado de la plasticidad que ofrecían los mate- riales, del deseo de llenar de lujo su obra para hacerla digna de la próspera Colonia; incitado aquí por la voluptuosidad del clima, olvidaba toda mesura y toda regla para desarro- llar los caprichos de su fantasía. Hallaréis cornisas en al- gunas casas de Puebla, que han perdido su papel arquitec- tónico para ser algo incalificable: suntuoso y sin líneas, de- licado y absurdo: una embriaguez. En el interior de la Casa del Alfeñique hay todavía mucho que admirar. Pasada la bóveda que cubre el zaguán extiéndese el amplio patio; la escalera es notabilísima ; corónala una cúpula que por el interior presenta magní- fico aspecto; el corredor, anchísimo, lleno de sombra, tiene a un costado una puerta soberbiamente adornada; quizás sea la de la capilla, pues presenta el mismo aspecto que las similares de México. Los corredores opuestos son más an- gostos; a semejanza de casi todos los corredores de Puebla, descansan en una serie de bóvedas bajas, apoyadas en ménsulas de elegante dibujo; la sombra acumúlase suave bajo la cóncava superficie vigorizando la construcción. Las anchurosas estan- cias, ahora vacías, piden muebles tallados, retratos en marcos, cuyo oro ha si- do retocado por el tiempo, gruesas aulfombras chi- nas... en vez de su deso- ladora miseria. Salgamos nuevamente al balcón, al más grande, al más sun- tuoso. ¿No es verdad que su amplitud .y su comodi- dad son simbólicas? Está hecho como para ver la vi- da deslizarse a sus pies, conservando la inmortali- dad aprisionada entre el desvaído musgo de sus piedras. [q [ 367 |

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EL MERCADER DE ASSINARIA -Jo(- “Asinos vendidit Pelaeo mercatori Mercatu............” Plauto.—As. v. 380. PRIMUS SECUNDUS Asnos que fueron vendidos a; mercader de Peleas. Vid. As. Ac. II Se. III S.—-Desde que salimos de la ciudad, Primus, nuestra vida es intolerable. El mercader que nos compró no cesa de fatigarnos y mal nos alimenta. Creo que para siempre hemos perdido el descanso y buen trato de la casa de De- meneto. P.—Si nuestro nuevo amo no tuviera por amigo a ese otro mercader que ahora volvió de la ciudad de pagar el importe de nuestra venta, gustaría, tanto como Demeneto, de vernos gordos y alegres, en vez de consumirnos en el trabajo que .a él también le quita el sueño y todo sosiego. Pero su amigo siempre anda tras él incitándole a nuevos negocios y aconsejándole la mayor economía y la más ab- soluta desconfianza. Observa que mientras ese mercader estuvo ausente, nuestras penas disminuyeron y nuestro ario abandonó los negocios. S.—Es verdad cuanto dices. ¡Y que los Dioses confun- dan a ese impío amigo de nuestro amo, que es la misma malicia para engañar y todas las avaricias juntas metidas en el cuerpo más feo de hombre que puede darse! Porque no me negarás que es feo un hombre que tiene las tres cuartas partes de vientre sobre dos pequeñas piernas do- bladas hacia afuera; unos brazos pequeños con dos manos hinchadas, que siempre andan ahuyentando las moscas de la casa o bien arrancando los pelos que salen de las orejas o de la nariz; que huele a macho cabrío y remata su figura en una cabeza puntiaguda y calva. P.—Mejor le fuera, con esa traza, dedicarse a la Retó- rica a seguir la enseñanza de algún filósofo Cínico. S.—Pues bien, a este mal hombre, mientras tú medi- tabas con el hocico sobre la tabla seca del pesebre, le oí contar las aventuras que tuvo en su último viaje; y si no ..- ] [ 366 1

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hubiera temido distraerte me hubiera reído de buena gana. Decía que lo primero que hizo fue echarse a buscar, en compañía de su esclavo, la casa de Demeneto. Nadie le ha- cía el menor caso. En los lugares más concurridos, muchos le respondían hablándole de sus litigios y proponiéndole ser testigo falso; otros le atropellaban como a un importuno, y algunos, mejor enterados, le decían que Demeneto estaría a esa hora espiando la puerta para escapar de su mujer. Desalentado dejó esos sitios dispuesto a interrogar a los transeuntes. De allí a poco encontró a un individuo que parecía un pedagogo, que dijo ser el mismo Demeneto, acompañado de un joven que se le dió a conocer como su intendente. Nuestro mercader desconfió desde luego de tan fácil encuentro, hizo ciertas: preguntas capciosas, expuso su misión e invocando en su interior a la Buena Fe, acabó por entregar las veinte minas en que nos vendieron. Nadie le conocía en la ciudad ni él conocía a nadie, pero el rostro agradable y el cuerpo ondulante de una muchacha, que venía por la calle con una vieja, le atrajeron, y mientras se entretenían en un puesto de frutas se puso a mirarla. Ella se llamaba Philenia y era cortesana. Hablando con la vieja le decía: “El esclavillo de mi adorado amante vino a decirme que hoy mismo tendría las veinte minas que pides por dejarme un año en sus brazos. Con ayuda de su buen padre engañó a un tonto mercader extranjero y se hizo pagar ese dinero como precio de una venta de asnos.” El mercader se iba a echar sobre ella, pero el cálculo ejercitado en el comercio le detuvo y fue siguiéndolas has- ta que entraron en una casa donde pudo notar preparativos de fiesta. Estuvo acechando y ¡oh malicia de los humanos! vió llegar, danzando de alegría, a los mismos que le habían despojado, que entraron abrazando y besando una bolsa de dinero. El banquete empezó con mayor alegría de la que tuvo al final, pues llegó a poco una noble dama que por la fuerza sacó de aquel antro a un viejo ebrio que lloraba de arrepentimiento. Ese viejo tan duramente tratado por aquella fiera, que se decía su esposa, era nuestro inolvi- dable Demeneto, que a los ojos atentos del mercader, re- cibía el castigo de su engaño, en tanto que a corta distancia, con dignidad, lo contemplaba todo Saureas, el verdadero intendente, persona seria que administraba los bienes con- yugales. MARIANO SILVA. 21 [ 367

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¿Conoces la Vereda? —— )0(— ¿Conoces la vereda? Fiel noticia del rumbo no prestara el campesino; pero de un libro largo la avaricia descubre en su papel letras de lino y cada paso imprime una caricia en el folio de plata del camino. Eres sencilla y frágil para ver la. mansedumbre del polvo y no comprende una mirada azul cómo se vende la amargura redonda de la perla. Entre las manos ágiles colores de rosas y pendiendo en la cintura, esconden el desgaste del vestido y engañan al dolor con su frescura. ¿Conoces la vereda? Levemente se arrastran sobre el polvo y desadornan los adornos de seda. Así escriben el alma de la fuente y en la benigna soledad se tornan lápices de marfil y cuento de alameda. ¿Conoces la vereda? El rumbo no indicara un campesino por no verte llorar: La letra mata y en idioma de pasos mortecino a trémula angustia se relata e el folio de plata del camino. JOSE GOROSTIZA ALCALA. 7 r 3681

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Cuando la tarde--.... -o(—— Cuando la tarde arranca un aroma feliz al limonero y desvanece la vivienda blanca, una melancolía se reintegra en mi espíritu dócil y el sendero, cuyo eterno descanso es caminar, enseña mi ilusión y nos alegra con un ansia benigna de llorar. Y viene esa alegría . mediada con un lloro más ameno y dulce como un agua de cisterna. Mi lívido cansancio se confía y sacia su avidez en el centeno, mientras luce la eterna -” y frágil mansedumbre de su ovillo. un crepúsculo débil y amarillo. Así la buena curva del sendero obliga a sollozar, porque me anima un próxima descanso y tiendo mi ilusión de limosnero como un oasis circular y manso entre la fresca sombra del pinar. Cuando la tarde arranca un aroma feliz al limonero y desvanece la vivienda blanca. JOSE GOROSTIZA ALCALA. 3609

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EL PACTO —)o (— — Lo conocí en la Academia. Era entonces un mozalbete delgado y alto; de su fisonomía, lo que llamaba más la aten- ción era la frente despejada y amplia, sobre la que se en- sortijaban rebeldes mechones rubios desprendidos de la melena, Siempre, desde que lo traté, ha sido un verdadero ar- tista, melancólico, soñador, rayano en locura, histérico de lo bello. Quedó huérfano muy joven. Sus padres le dejaron una bonita fortuna con la cual pudo terminar su carrera. Por espacio de cuatro años viajamos por el extranjero. En la Ciudad Eterna fuimos alumnos de las mejores es- cuelas de pintura, y discípulos de profesores de gran re- nombre. Visitamos todos los museos e instituciones artís- ticas que existen en varios países. Pablo tuvo la honra de merecer primer premio en varias exposiciones de pintura. Su nombre adquirió gran fama, y se le tuvo desde enton- ces, por una celebridad. Al establecerse en México, abrimos en compañía un estudio; él se dedicaba a su arte con ardor, logrando. ven- der sus cuadros a muy buenos precios; yo, por mi parte, hacía dibujos para revistas, periódicos y libros. A poco de habernos radicado en la capital, recibió Pa- o ¡nombramiento de profesor en la Academia de San arlos. Hablábase en los círculos artísticos de la llegada a Mé- xico de una notabilísima actriz, y se comentaba con insis- tencia que el objeto de su estancia en la ciudad, obedecía AR Motivos de salud y a deseo de reposo. No faltaba quien asegurara que ella se había negado terminantemente a aceptar brillantes proposiciones de un empresario teatral. Entre los jóvenes elegantes y desocupados, se anali- zaban con minuciosidad las idas y venidas, los trajes, el automóvil, los lacayos y qué sé yo cuántos detalles de la artista. Aquella mujer era Olga Teruel, la sin par actriz y bai- larina; la “mujer misterio,” como la llamaban los públi- cos europeos. Y, en efecto, era un misterio su existencia; jamás se acompañaba, siempre con un lacayo o una señora de com- £ 370 |

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pañía. Nadie le había conocido un amante. No se sabía cuál era su procedencia. A. todas partes se presentaba atavia- da con extravagancia, siendo sus trajes, la librea de los lacayos, y todo su tren, negros. - Olga y Pablo fueron presentados. Cosa extraña- que quedara encantada de mi amigo, pues era glacial con los hombres; pero él, con su ingenuidad, hizo vibrar las fibras más íntimas de aquel ser misterioso, contando :su : vida, hechos, amores; sus impresiones. de Roma, las de los mu- seos de Europa y de las bellezas artísticas que habíamos contemplado, . Ella conocía la brillante reputación. de -Pa- blo, adivinó su bellísimo carácter y contenta de oír la opi- nión de mi amigo, le pidió que la visitara con frecuencia. Pablo no se hizo sordo y para tener un pretexto por el cual pudiera verla frecuentemente; le ofreció hacer su retrato, lo que fue aceptado desde luego. El cuadro ha sido su obra maestra, el que le ha dado reputación de genio. Representa. una vasta biblioteca, al- rededor de la cual se ven. estantes repletos de volúmenes; ornado el salón por cuadros, estatuas, colgaduras, diva- nes.... en el centro, sobre una piel de león y apoyada su cabeza en la de la fiera, se destaca la belleza soberana de Olga: un exquisito cuerpo se adivina a través de la fina bata. En el óvalo perfecto de su rostro, sobresalen los ojos negros, , profundos, infinitos, rodeados por ojeras violáceas, sembrados por cejas que semejan pinceladas; la frente pura, amplia, sobre la que caen armoniosamente las guedejas enroscadas de cabellos negrísimos; nariz grie- ga; boca juguetona, que dibuja la sonrisa de Gioconda, una sonrisa que quiere ser enigmática, fría, de burla, amor, duda o despecho. ... ¡Qué hermoso cuadro! ¡Qué éxito obtuvo Pablo. con él! Quedó concluído a los tres meses de sesión. diaria, lo que hizo nacer en ambos, un amor inmenso. E. 7 sucedió lo que era natural. El amor de Pablo, ali- mentado con el roce diario, con el trato y tan larga espe- ra, estalló como volcán: su confesión tuvo caracteres de tormenta, por lo vehemente, cierta y sincera. Qué fluidez la suya, qué pensamientos, qué expresión. Olga escuchó temblando, cerró los ojos para no ver aquella faz iluminada por el amor, transfigurada, enloque- cida. Calló algún tiempo, exclamando al fin: —Esperad a mañana, sí, mañana os contestará. . 25 [371]

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- —+Sentáos Pablo y escuchadme con calma: — Mi contestación será el relato de la historia de mi vi- da: Soy mexicana. Muy joven quedé en manos del desti- no; mis padres huyeron del dolor, que es la vida. El arte es mi segundo padre. Entré de comparsa a los diez y ocho años, y he: ascendido paulatinamente. De eso hará diez años. En mi-vida de corista aprendí. a odiar al hombre, vorque comprendí lo único que es, y con él empecé a odiar al mundo. Sin embargo, la mala suerte me hizo caer en los brazos del más despreciable de ellos, del canalla completo. Viví en su compañía cuatro meses soñando en el amor, pe- ro la.dura realidad del. abandono me despertó. Aquel golpe trastornó. mi vida; el odio latente tomó forma; desprecié a la humanidad desde ese momento, no sé el pecado que ella tenga. Dos meses estuve gravísima y quizá hubiera muerto, .a .no ser por Dios, Al sanar juré por lo más sagrado, no ser de nadie, mo- rir antes que entregarme, odiar al hombre y hacerle mal; y lo juré por todo, con tal fervor y con tanta resolución, que ha sido mi norma de conducta. Y los he odiado como ninguno, los he maltratado, es: carnecido y deshonrado. Han muerto varios por mí, mu- chos se-han arruinado y quien se ha atrevido a «ms-me se ha perdido. : — A la-vida sólo el Arte me ligaba, y mi carrera en él, vos:la conocéis Pablo, es una serie de triunfos; represen- tando he: enloquecido a mis auditorios. Cuando “aparecía en la escena dispuesta a bailar, el teatro me daba idea de estar lleno de ebrios. Muchos poetas he inspirado; artistas obscuros han brillado por mí, y lo que me debe el arte, sólo yo lo sé. ” Sin afectos, hastiada, enferma y cansada de tanto tra- bajar, vine a mi patria a recuperar un poco de calma y salud, encontrándome sólo dolores, teniéndolos que espar- cir más y hallando únicamente lo que no buscaba... Por- que lo amo, Pablo, febrilmente; y no puedo ser suya, antes está mi pacto, el. juramento de odiar al hombre, y yo'no puedo mas que amar a usted porque es bueno. He oído decir “te amo” a sabios y poetas políticos y príncipes, y jamás lo he escuchado con tanta: alma, con tanta expresión y sin- ceridad, como salió de sus labios. Desde que me dejó anoche, he librado una espantosa ba- talla, terrible, sí, en la cual eran adversarios el amor y el dio; la idea de un alejamiento en usted alrún día. del has. 26 i-

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tío, es para mí horrible; el .pensamiento: de. vivir sin su amor me mataría; dudé mucho, pero no pude más: el mejor camino era mi juramento; pero como :lo amo, ah !, entonces la muerte era la solución, y ya viene, ya comienza el tóxico a hacer su efectos; ven Pablo mío, déjame llevarme tu. im- presión, ven.... Como loco la estrechó entre sus brazos, la vió muy pá- lida ya, muy pálida, bellísima. ....-se. besaron mucho, tiem- po, fue languideciendo en los brazos de mi pobre amigo, y a su peso lo.hizo doblarse, caer, y unidos estrechamente rodaron... : :>* Cuando llegué, aún estaba junto. a ella, contemplándola absorto, mudo; su rostro era-una mueca .de dolor, .contras- tando con la: harmonía y belleza del. rostro de Olga. Lo levanté y tuve que: sostenerlo para que no cayera; por su mirada comprendí que la razón se le iba; le hablé, y. extre- meciéndose me contempló, y separándose: bruscamente; fi: jando su extraviada vista en la pálida cara. de la muerta; señalándomela-=con el índice, exclamó: entre carcajadas y sollozos: ::.. . —- . —Mira, ¡qué bonita! ¡Eh! ¡qué bonita ! E, FE ANTONIO R. GIL: Y VELEZ. -. e. Los Cisnes mueren....! “Hacia el misterio caen poetas y montañas”-—dijo el mago Rubén Darío, con voz profética, en un verso solemne y profundo como una sentencia del Eclesiastés: os Y hoy, ha caído hacia el misterio, para desdicha de la Patria y de las letras, un poeta, grande como una montaña y dulce y sabio como el padre San Francisco de Asís: ¡ Ama- do Nervo! . _ En plenitud de vida y de estro, cuando la Gloria le sa: ludaba con sus trompetas de oro, el Destino, inexorable, nos arrebata á uno de sus más amados elegidos, a este gran sincero, que cruzó por la vida como un sembrador de amor y-de verdad, — Z 1 [ 97931

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Porque ante: todo, Amado Nervo fue un gran sincero. Las notas más intensas y. más íntimas de su vida espiri- tual, de esa su vida espiritual, apacible: y diáfana como un cauce cristalino; sus melancolías, sus esperanzas, sus goces esplendorosos y 'sus inquietudes hondas, todo supo coriden- sarlo admirablemente en su verso y en su prosa, con esa difícil naturalidad, según la peregrina expresión del escri- tor clásico, que sólo caracteriza al genio. Sus. libros son urnas preciosas que guardan el tesoro de sus convicciones a través de los diferentes aspectos de su existencia. Y siem- pre, aún en medio del dolor, tuvo como panacea infalible la inmensidad de su fe. ¡ Todo él era un acto de fe! - No conoció este panida: el tormento de la forma, tan común a los escritores, y sobre todo a los poetas, de la épo- ca moderna; sino que sintetizó y externó su doctrina esté- tica en la superioridad del fondo, siempre rico en sus mo- tivos, como su obra lo revela. Y esa misma obra muestra la calidad de un intensión plena y la fisonomía de un “stilo exquisito y único, los dos, hijos de la verdad interior, de la lealtad de su espíritu, como el poeta lo expresó en una ocasión. ¡He ahí el secreto de su triunto! Las generaciones literarias de nuestra América seguramente.seguirán sus huellas en lo futuro como ya lo indica la admiración que se tiene por sus libros y el conocimiento tan difundido de los mismos. El Parnaso mexicano, “el más homogéneo de Hispano- américa, según la opinión del maestro Antonio Caso, queda desintegrado con la muerte de Nervo. La lírica - Hispano- americana pierde a uno de sus representativos. Aún nos quedan Lugones, Blanco, Valencia, González Martínez y ese coloso mudo de Díaz Mirón. Pero ya todos ellos han llegado a la plenitud de su obra. ¿Qué nos reserva la suerte para mañana ? Inquietante y supremo es el momento. ¡Los cisnes mue- ren...! Apenas ayer se ha ido el más grande de todos, el cisne nicaragiiense que supo de las dulzuras de Leda, cuan- do hoy le sigue uno de sus más legítimos hermanos... Imagino la agonía del poeta mansa, serena, como la de esos lotos sagrados de las orillas del Nilo a la hora mis- teriosa del tramonto. ¡Cómo debió conmoverse la Natura- leza al expirar aquel que interpretó en sus voces recónditas la misma voz de Dios! ' Ya está cumplido tu más caro anhelo, vidente excelso, escrutador del arcano. Ya ha llegado ese “algo solemne” - No/+l

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que tú esperabas con ansiedad en tu vida. ¡Y no ha sido el amor, sino la Parca fría! “México no tendrá bastantes lágrimas para llorar a su gran poeta desaparecido”—lleno de emoción ha exclamado el autor de “Los Senderos Ocultos.” Es cierto. Mas afor- tunadamente no sólo en la Patria se derraman lágrimas. El alma de la raza se manifiesta, una vez más, inequívoca y gloriosa. La América Hispana se estremece del uno al otro confín. Y allá, en las nobles tierras de: España, la madre común, ¡se incorpora el fantasma lírico y doliente de Nues- tro Señor Don Quijote. ..! RAIMUNDO ALVAREZ. 1 el ———=——_—Ú—[]—Ú¿— — Mensaje a Traves del Oceano t -——Jo(—— Y bien, Rafael, ya estás allá. Te aseguro que hemos sido fieles a toda tradición clásica. a 4 Si vieras, cuando a la hora del té hablamos sobre todas las cosas, el campadre Benoit asoma una lágrima entre sonrisa y sonrisa. Otro enarca maliciosamente otra sonri- sa, bajo el bigote recortado; otro nos quiere comunicar de una vez todo lo que piensa y atropelladamente discurre entre el comentario de una carta y el de una comedia des- conocida en México. A todos haces falta para darles esa decisión imprescindible de medir la calle de Bolívar, cuan- do el crepúsculo ensaya sonatas liliales y suena el Angelus en la vieja torre de San Miguel. Nadie ha perdido la costumbre de rezar el Ave María. Nos conforta como si el mismo ángel apareciera de nuevo en el mundo. ¿No rezas tú ahora en la Basílica de San Juan de Letrán o frente a la pétrea creación de. Bramante? A pesar de todo, aquellas excelencias no las: cambiamos por nuestra excelencia. Y sin embargo, no nos consolamos viendo tu cubierto sin huésped. La más bella rosa, Una rosa morena como un anacardo, adorna la mesa, y a veces. la prende en su ojal nuestro amigo diminuto y delicado como una miniatura in- -— fa-r

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glesa. (¿Por qué habrá olvidado su cálido perfume por el. de los hidrocarburos de Tampico”). ro o — ¿No sientes a tu lado nuestras sombras, a las seis de la tarde, cuando las siete colimas envueltas en la sombra recuerdan siluetas de México? GENARO ESTRADA. OPINIONES La desaparición de un gran poeta será siempre un mo- tivo de melancolía para los corazones que saben compren- der el verso. Nunca se abre la interrogación de lo descono- cido con más violencia que cuando se siente la pérdida de algo muy propio. Y como propias se consideran las cancio- nes favoritas, las que, como en la “Interpretación,” de Pe- ter Altemberg, nos hacen identificarnos con el cantor. La muerte de Amado Nervo nos resulta dolorosísima, no por inesperada sino por este natural empeño de prolon- gar nuestras satisfacciones. Que muchas e incomparables esperábamos del gran poeta. -— Oiremos a sus nobles amigos don. Antonio Caso y don Enrique González Martínez: — “Siento un gran dolor cuando veo que se desintegra el grupo literario de México, único en la América Latina: mu- rió- Othón, ahora Nervo. Sólo nos quedan Díaz Mirón, Gon- zález Martínez, Urbina... El grupo literario de México es el más grande, no porque tengamos a todos los más excel- sos poetas, ya que existen Lugones, Valencia, Chocano; pero es el más. homogéneo, el más compacto. Y ya se va desintegrando.... "Nervo vino a despedirse de su patria y ha ido a morir muy lejos. Yo siempre recordaré amablemente a uno de los hombres más buenos que he conocido.” Esto nos dijo el maestro Caso, y el poeta de “Parábo- las” escribió: “La muerte de Nervo me ha sumido en un gran duelo y en un profundo estupor. Mi admiración por el poeta era inmensa y mi cariño, el más cordial de los cariños. México A Peel CA

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no tendrá bastantes lágrimas para llorar a su gran poeta desaparecido. Nuestro Parnaso queda desintegrado por la muerte que ha arrebatado al artista excelso en plena pro- ducción y en plena gloria.” Que se atenúe nuestro dolor con la obra de Amado Ner- vo, magnifica y conmovedora, mientras él goza la paz que anheló tanto. y [ 39]

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Revista Nueva Precio: JS 0.25 | 350

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