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EL PACTO

—)o (— — Lo conocí en la Academia. Era entonces un mozalbete delgado y alto; de su fisonomía, lo que llamaba más la atención era la frente despejada y amplia, sobre la que se en-sortijaban rebeldes mechones rubios desprendidos de la melena, Siempre, desde que lo traté, ha sido un verdadero artista, melancólico, soñador, rayano en locura, histérico de lo bello. Quedó huérfano muy joven. Sus padres le dejaron una bonita fortuna con la cual pudo terminar su carrera. Por espacio de cuatro años viajamos por el extranjero. En la Ciudad Eterna fuimos alumnos de las mejores escuelas de pintura, y discípulos de profesores de gran re-nombre. Visitamos todos los museos e instituciones artísticas que existen en varios países. Pablo tuvo la honra de merecer primer premio en varias exposiciones de pintura. Su nombre adquirió gran fama, y se le tuvo desde entonces, por una celebridad. Al establecerse en México, abrimos en compañía un estudio; él se dedicaba a su arte con ardor, logrando. ven-der sus cuadros a muy buenos precios; yo, por mi parte, hacía dibujos para revistas, periódicos y libros. A poco de habernos radicado en la capital, recibió Pa-o ¡nombramiento de profesor en la Academia de San arlos.

Hablábase en los círculos artísticos de la llegada a México de una notabilísima actriz, y se comentaba con insistencia que el objeto de su estancia en la ciudad, obedecía AR Motivos de salud y a deseo de reposo. No faltaba quien asegurara que ella se había negado terminantemente a aceptar brillantes proposiciones de un empresario teatral. Entre los jóvenes elegantes y desocupados, se anali-zaban con minuciosidad las idas y venidas, los trajes, el automóvil, los lacayos y qué sé yo cuántos detalles de la artista. Aquella mujer era Olga Teruel, la sin par actriz y bai-larina; la “mujer misterio,” como la llamaban los públi-cos europeos. Y, en efecto, era un misterio su existencia; jamás se acompañaba, siempre con un lacayo o una señora de compañía. Nadie le había conocido un amante. No se sabía cuál era su procedencia. A. todas partes se presentaba atavia-da con extravagancia, siendo sus trajes, la librea de los lacayos, y todo su tren, negros. -

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Olga y Pablo fueron presentados. Cosa extraña- que quedara encantada de mi amigo, pues era glacial con los hombres; pero él, con su ingenuidad, hizo vibrar las fibras más íntimas de aquel ser misterioso, contando :su : vida, hechos, amores; sus impresiones. de Roma, las de los museos de Europa y de las bellezas artísticas que habíamos contemplado, . Ella conocía la brillante reputación. de -Pablo, adivinó su bellísimo carácter y contenta de oír la opinión de mi amigo, le pidió que la visitara con frecuencia. Pablo no se hizo sordo y para tener un pretexto por el cual pudiera verla frecuentemente; le ofreció hacer su retrato, lo que fue aceptado desde luego. El cuadro ha sido su obra maestra, el que le ha dado reputación de genio. Representa. una vasta biblioteca, al-rededor de la cual se ven. estantes repletos de volúmenes; ornado el salón por cuadros, estatuas, colgaduras, diva-nes.... en el centro, sobre una piel de león y apoyada su cabeza en la de la fiera, se destaca la belleza soberana de Olga: un exquisito cuerpo se adivina a través de la fina bata. En el óvalo perfecto de su rostro, sobresalen los ojos negros, , profundos, infinitos, rodeados por ojeras violáceas, sembrados por cejas que semejan pinceladas; la frente pura, amplia, sobre la que caen armoniosamente las guedejas enroscadas de cabellos negrísimos; nariz grie-ga; boca juguetona, que dibuja la sonrisa de Gioconda, una sonrisa que quiere ser enigmática, fría, de burla, amor, duda o despecho. ... ¡Qué hermoso cuadro! ¡Qué éxito obtuvo Pablo. con él! Quedó concluído a los tres meses de sesión. diaria, lo que hizo nacer en ambos, un amor inmenso. E. 7 sucedió lo que era natural. El amor de Pablo, ali-mentado con el roce diario, con el trato y tan larga espera, estalló como volcán: su confesión tuvo caracteres de tormenta, por lo vehemente, cierta y sincera. Qué fluidez la suya, qué pensamientos, qué expresión. Olga escuchó temblando, cerró los ojos para no ver aquella faz iluminada por el amor, transfigurada, enloque-cida. Calló algún tiempo, exclamando al fin: —Esperad a mañana, sí, mañana os contestará. .

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- —+Sentáos Pablo y escuchadme con calma: — Mi contestación será el relato de la historia de mi vida: Soy mexicana. Muy joven quedé en manos del destino; mis padres huyeron del dolor, que es la vida. El arte es mi segundo padre. Entré de comparsa a los diez y ocho años, y he: ascendido paulatinamente. De eso hará diez años. En mi-vida de corista aprendí. a odiar al hombre, vorque comprendí lo único que es, y con él empecé a odiar al mundo. Sin embargo, la mala suerte me hizo caer en los brazos del más despreciable de ellos, del canalla completo. Viví en su compañía cuatro meses soñando en el amor, pero la.dura realidad del. abandono me despertó. Aquel golpe trastornó. mi vida; el odio latente tomó forma; desprecié a la humanidad desde ese momento, no sé el pecado que ella tenga. Dos meses estuve gravísima y quizá hubiera muerto, .a .no ser por Dios, Al sanar juré por lo más sagrado, no ser de nadie, morir antes que entregarme, odiar al hombre y hacerle mal; y lo juré por todo, con tal fervor y con tanta resolución, que ha sido mi norma de conducta. Y los he odiado como ninguno, los he maltratado, es: carnecido y deshonrado. Han muerto varios por mí, muchos se-han arruinado y quien se ha atrevido a «ms-me se ha perdido. : — A la-vida sólo el Arte me ligaba, y mi carrera en él, vos:la conocéis Pablo, es una serie de triunfos; represen-tando he: enloquecido a mis auditorios. Cuando “aparecía en la escena dispuesta a bailar, el teatro me daba idea de estar lleno de ebrios. Muchos poetas he inspirado; artistas obscuros han brillado por mí, y lo que me debe el arte, sólo yo lo sé. ” Sin afectos, hastiada, enferma y cansada de tanto tra-bajar, vine a mi patria a recuperar un poco de calma y salud, encontrándome sólo dolores, teniéndolos que espar-cir más y hallando únicamente lo que no buscaba... Porque lo amo, Pablo, febrilmente; y no puedo ser suya, antes está mi pacto, el. juramento de odiar al hombre, y yo'no puedo mas que amar a usted porque es bueno. He oído decir “te amo” a sabios y poetas políticos y príncipes, y jamás lo he escuchado con tanta: alma, con tanta expresión y sin-ceridad, como salió de sus labios. Desde que me dejó anoche, he librado una espantosa ba-talla, terrible, sí, en la cual eran adversarios el amor y el dio; la idea de un alejamiento en usted alrún día. del has.

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