
THE COMPLETE ISSUE
Año 1.1928=T. 1, Nr. 3, Repr. 1981
Start reading ☆ Save This issue on Ibero-Amerikanisches Institut Preußischer Kulturbesitz ↗In this issue
10 articlesBrowse the issue
137 pages
Original page text
Supplied by Ibero-Amerikanisches Institut Preußischer Kulturbesitz. Text may contain recognition errors; blocks remain in source order. Article boundaries have not been inferred.
Scan 1
Le A E. —B.J.Gastélum: UN HOM- BRE.—C. Diaz Dufóo: DIA. LOGO.—M. Azuela: LA LU. CIERNAGA.—O. Barreda: TROMPOS.—J. Cocteau: FRAGMENTOS SOBRE CHIRICO.—Chirico: TE- LAS.—Sor Juana: PRIME. RO SUEÑO. —- MOTIVOS: Magía Negra. (J. T. B.) - Dama de Corazo- nes. (E. G. R.) - Europa y la Pintura. (C. M.) = Cirugía Su- prarrealista, (J. T. B.) «Cha- bás: y el Pudor. (X. Y. US TU y de 1 Precio: Un Peso.
Scan 3
BANCO NACIONAL DE CREDITO AGRICOLA. S. A. Capital $ 21.000,000.00 O. N. Fundado para Fomentar la Agri- cultura y especialmente Avudar a los Pequeños Aericultores Para Informes Diríjase a la Avenida Isabel la Católica Núm. 54 MEXICO. D. E. BANCO DE MEXICO, S. A. UNICO BANCO DE EMISION EN LA REPUBLICA DIRECCION CABLEGRAFICA: BANXICO. APARTADO POSTAL NUM. 98 BIS MEXICO D. E CUENTA CON VENTISEIS SUCURSALES, MAS DE SEISCIENTOS CORRESPONSALES EN EL PAIS Y CORRESPONSALES EXTRANJEROS EN LAS PRINCIPALES POBLACIONES DEL MUNDO. EFECTUA TODA CLASE DE OPERACIONES BANCARIAS VENDE CHEQUES PARA VIAJEROS PAGADEROS EN PLATA. LOS CUALES EVITAN MOLESTIAS Y PERDIDAS, SIENDO ADMITIDOS TANTO EN EL COMERCIO COMO EN TODAS LAS OFICINAS FEDERA- LES: CORREO. TELEGRAFO. ADUANAS. ETC.. ETC EXPIDE CERTIFICADOS PARA EL PAGO DE DERECIIOS ADUANALES COBRANDO 1 % SOBRE CUALQUIER ADUANA OFRECE ESPECIALMENTE A SU CLIENTELA Y AL PUBLICO EN GENERAL SU DEPARTAMENTO DE CAJAS DE SEGURIDAD QUE CUENTA CON CAJAS DE TODOS TAMAÑOS SIENDO SU COSTO DE ALQUILER DESDE DIEZ PESOS ANUALES
Scan 4
1AS TRES OBRAS CUMBRES DE ACTUALIDAD: GEOGRAFIA UNIVERSAL HISTORIA NATURAL Y LAS RAZAS HUMANAS PUBLICADAS POR EL INSTITUTO GALLACH REPRESENTANTES EXCLUSI- VOS PARA LA VENTA EN MEXICO PORRUA HERMANOS INSTALACIONES ELECTRICAS EN LOS MEJORES EDIFICIOS DE LA CIUDAD, HEMOS HECHO LA INSTA- LACION ELEC- TRICA. Souza y Rincán Gallardo LOPEZ Y NUEVO MEXICO ESQUINA AV. ARGENTINA Y JUSTO SIERRA PIDA UD. PROSPECTOS 3 12-98 ERICSSON TELS. 10-20 NERI. SI NO USA USTED INSECTICIDAS PORQUE LE MOLESTA SU MAL OLOR, O PORQUE NO HA OBTENIDO RESULTADO SATISFACTORIO con ELLOS USE a FE M El único insecticida de positivos resultados y absolutamente inodoro. No mancha ni es venenoso. SI ES USTED ASEADO, USE —- SPIC El Talco ideal, delicadamente perfumado y el único en su género como desodorizante SPIC es necesario para el hombre e indispensable para la mujer. SPIC además de su exquisito aroma, destruye instantánea y permanentemente los malos olores. DIAZ GARAY HERMANOS La Casa de Prestigio en Desodorizantes, Insecticidas y Desinfectantes, MESONES 107 MEXICO ERICSSON 1-26-84
Scan 5
AMERICAN CHEMICAL COMPANY, S. A. PASEO DE LA REFORMA NUM. 5 MEXICO, D F. REPRESENTANTES Y AGENTES EXCLUSIVOS PARA: LA ROSA DE GUADALUPE - LOS ANGELES. ARTICULOS DE PERFUMERIA ANGLO-AMERICAN PHARM, CORP. NEW YORK, N.Y PRODUCTOS MEDICINALES THE AYER COMPANY - LOWELL, MASS. PRODUCTOS MEDICINALES CREOQMULSION COMPANY ATLANTA, GA. PRODUCTOS MEDICINALES CHESEBROUGH MANUFACTURING CO. NEW YORK. N. Y. VASELINAS MEDICINALES DEXMA LABORATORIES - CHICAGO, ILL. ESPECIFICO PARA LA PIEL f DR. J. H. DYE MEDICAL INSTITUTE - BUFFALO, N.* PRODUCTOS MEDICINALES La mujer cuidadosa de su aseo perfecto tiene siempre ala mano Talco. GETS-1T, INC. CHICAGO ILL. CALLICIDA NATIONAL LABORATORY CHICAGO, ILL. PRODUCTOS MEDICINALES NORWICH PHARMACAL COMPANY - NEW YORK, N. Y PRODUCTOS FARMACEUTICOS THE PALISADE MANUFACTURING CO. YONKERS, N. Y. PRODUCTOS FARMACEUTICOS PEPSIN SYRUP COMPANY MONTICELLO, ILL. PRODUCTOS MEDICINALES THE PEPSODENT COMPANY CHICAGO, ILL. PASTA DENTIFRICA SMITH. KLINE 6% FRENCH CO. PHILADELPHIA. PA. PRODUCTOS FARMACEUTICOS THE TANGLEFOOT COMPANY - GRAND RAPIDS. MICH, INSECTICIDAS México, D. E 5 THE TANLAC COMPANY DAYTON, OHIO. " PRODUCTOS MEDICINALES $ 2%, para conservar su piel fres ca, seca y sana, evitando los o efectos de la humedad después del baño y lavado. P ureza y fi insupera- bles, ol Talco Rosa de Guadalupe es el mejor para los bebés. Todo mundo lo usa después del baño, porque da al cuerpo una sensación de frescura, libertad y confort indescriptibles. Es delicioso después de nfeitaras, De venta en todas partes donde se vendan buenos artículos para el tocador. Y
Scan 6
Las Nuevas Oficinas del BANCO DE MEXICO. S. Ah así como varios Departamentos de la Secretaría de Hacienda y la Contraloría de la Federación, han sido totalmente equipados con Muebles de Acero Mar Steel Office Equinment, Safes and Files DISTRIBUIDORES EXCLUSIVOS Cía. de Construcciones y Equipos, S. A. Ardo. 2551 Balderas y Nuevo México México, D. F.
Scan 7
UN HOMBRE E L día 17 de julio próximo pasado, en las cer- canías de esta Capital y durante una comida que le ofrecía la Diputación por el Estado de Gua- najuato fué asesinado el Presidente Electo de la Re- pública, don Alvaro Obregón. Para nosotros, más que un factor esencialmente político, representaba un alto ideal de cultura; más que un guerrero, el criterio civilista dentro de la po- lítica de nuestra patria. No poseía grado militar por- que, a su solicitud, el Senado de 1920 había dejado sin ratificar su promoción a la más alta jerarquía dentro del ejército. Confesaba él mismo su ignoran. cia en la complicada técnica de la milicia y fué, sin embargo, el jefe revolucionario que mandó los más o
Scan 8
Un Hombre numerosos contingentes en las batallas que recuerda nuestra Historia y el que nunca tuvo una derrota. A nuestro Cid—Villa—que aprendió a luchar en las serranías de Chihuahua y que aplicaba su ar- te más a saquear poblados que a convertir al movi- miento socialista mexicano a los incrédulos, lo nuli- ficó en los campos de Celaya. En proyección verdaderamente civilizadora, Obregón resumía todos los aspectos del movimien- to revolucionario de México. Con él se inició la la- bor de educación popular que con mayor amplitud se haya emprendido en los países hispanos de Amé- rica y que perseguía—como finalidad última—aca- bar con esa forma de beneficencia en que, hasta aho- ra, se ha venido considerando el problema de las cla- ses indígenas y hacer de la educación industrial la base de la prosperidad de la familia restando, como un incidente secundario, la desanalfabetización po- pular. Así quedaría asegurada, con un fundamento económico, la tranquilidad pública y cada quien al- canzaría dentro de la comunidad el sitio a que su ca- pacidad lo llamara. Completaba este propósito su proyecto de Seguro Obrero y la manera en que con- cebía la destrucción del latifundio y la organización de la pequeña propiedad rural. El Estado iba a tomar con su gobierno una participación decidida en la protección de las clases laborantes, eliminando el li- derismo que—hasta ahora—ha desarrollado funda- mentalmente una labor verbalista, con grave riesgo ye. No
Scan 9
B. J. Gastélum para el acrecentamiento del trabajo. El laborismo debería entrar en una fase de acción constructiva con provecho inmediato para la Nación y para el traba- jador. El campesino se encontraría entonces dueño de su parcela, sabiendo el país en qué forma se iba a liquidar la deuda agraria y cómo deberían hacerse las nuevas dotaciones de tierras. Este propósito— dentro de sus múltiples aspectos—tendía a restable- cer el crédito de la República y a afirmar la con- fianza en el interior. Completaba tales designios una nueva visión sobre la liquidación de la deuda, ten- diendo a traducirse en un mayor impulso en el des- arrollo agrícola e industrial de la Nación y en un me- joramiento de sus ciudades, principiando por las del Distrito Federal. El temperamento del hombre era alegre, el ca- rácter del político firme, pero desprovisto de toda clase de proselitismo. Con su asesinato provocado por un fanático, pierde el catolicismo mexicano por algún tiempo la oportunidad de conciliarse con las aspiraciones de la revolución. Parte del sentimiento católico en nuestro país ha sufrido, desde hace largos años, una desviación interesada de lo espiritual— que es su única y trascendental misión—a lo terre- no; pretendiendo intervenir en lo político y admi- nistrativo. Singular religión la de aquellos en que la humildad y el amor vuelven, como en la Edad Media, a ser sustituidos por el asesinato y el afán de lucro. Este catolicismo belicoso, que vive como un O
Scan 10
Un Hombre pagano y calcula como un fenicio, no es el de Cris- to donde el gentil y el creyente se unen en la pasión por la felicidad y la libertad del universo. No es tam- poco el que conviene a los pueblos, sino aquel otro que los contempla con la aspiración de unirlos en el trabajo y en la paz. Cuando la gravedad del momento desconcierta a la revolución y entristece a los que lo rodean, es cuando este hombre revela mejor su energía heroica y la fantástica ironía de su espíritu. Teniendo un claro sentido de lo ridículo, encuentra siempre el incidente preciso para convertir una situación trági- ca en un suceso cómico fácilmente dominable. Es entonces cuando, con su inteligente sagacidad, re- tiene lo útil y descubre el camino que salva. Durante el movimiento rebelde encabezado por Adolfo de la Huerta, arribó a su retiro de El Fuerte, Jalisco, en donde se reponía de un viejo trastorno del aparato circulatorio, un conocido General que ocupaba un alto puesto en su Gabinete. Iba a rati- ficarle la rebelión de más de la mitad del ejército y de la totalidad de la Marina de Guerra y, exaltado por el peligro, daba esos datos con un tono y con un ademán comparables al que impone al alma la eje- cución de una gran tragedia. Obregón lo interrum- pió y con un gesto de suave ironía diverso, en todo, al estilo del General, lo invitó al lugar donde me en- contraba. Nuestro militar se descompuso, pero, ins- tantes después, viendo que el Presidente continuaba ”
Scan 11
B. J: Gastélum la conversación interrumpida, tomó su participación en ella, pareciendo olvidar los graves acontecimien- tos que lo habían llevado hasta allí. Fué entonces cuando el Presidente, rogándole que le siguiera, lo apartó hacia un ángulo del salón y recogió allí, sin formalidad, las trascendentales noticias que en se- guida me relató. Al preguntarle el por qué de su aparente falta de curiosidad para tan serios sucesos, me respondió: “Era indispensable modificar el as- pecto del General para conocer la verdad. Para ese fin no conozco mejor medio que cambiar la situa- ción de las personas. La verdad mala o buena hay que conocerla con alegría. Es preferible una sonrisa de incredulidad a una postura trágica, pues si a la certidumbre del riesgo se agrega nuestra propia an- gustia, los hechos se dilatan en tal forma que se es- tá perdido o en camino de extraviarse.” Obregón— que no había leído a Gourgaud en su Diario Inédito -——reprodujo en esta forma la escena de la entrevis- ta de Napoleón con la Reina de Prusia, después de la Batalla de Tena. El poder de atención en el hombre es lo que nos da siempre el signo de su capacidad. El trabajo no es más que el tiempo en que el fiel de la inteligen- cia acoge con provecho el devenir constante de los sucesos. La atención con saltos y actitudes diversas va formando de cada imagen la idea precisa y esfu- ma lo confuso la habilidad con que cada quien en- gaña su deseo y oculta su ambición. Así, las ideas, 22)
Scan 12
Un Hombre los proyectos, las situaciones, Van unos contra otros, a arrollar a los menos arrogantes o a los más hones- tos, o bien redondeándose a fuerza de chocar acaban convertidos, por su estado de pureza, en un alto an- helo. El espectador, con la preocupación de todos ellos, encuentra a cada paso extraño este rebote, co- menta los juicios que parecen encogerse o adquirir de pronto una magnitud orgullosa que los hace in- capaces de acomodarse en su rígida cabeza. Y espec- tadores somos una gran mayoría. Obregón, en cam- bio, con una perfecta flexibilidad intelectual, ahon- daba los detalles más extraños, acometía los traba- jos más diversos, pescaba, aun en los espíritus más maliciosos, la idea central que los devoraba. Un día de su diario trabajo enseña hasta qué punto era afi- nado aquel ingenio selecto. En el de su muerte, iba a tratar los siguientes puntos: por la mañana, a una hora temprana, una disputa electoral que, surgida en un lugar lejano de la República, enciende en su in- teligencia la luz que serena los ánimos y hace admi- tir su derrota a aquellos que, en esta ocasión, de- jaran de hacer el beneficio público con sus proyec- tos innovadores. Más tarde, otro grupo político— con un claro sentido de su superioridad sobre el res- to de los que componen el cuerpo vivo de la revo- lución—le borra su tendencia a lo trascendente cuan- do se atribuye a su próxima colaboración guberna- mental la obra civilizadora del país. En seguida se ocupa de la investigación de los nuevos métodos ad-
Scan 13
B. J. CGastélum ministrativos que van a implantarse en el Distrito Federal. Después, recibe a las personas que lo entre- vistan, alejándose cada una de ellas con la certidum - bre de una ventura próxima. Por la tarde iba a ocu- parse, en compañía de un Embajador extranjero, en encontrar una solución práctica al problema agrario y al pago de la deuda internacional. Y todavía le sobraban horas para otros importantes temas rela- cionados con el mejoramiento público y con sus ocupaciones personales, pues no hay que olvidar que fué él quien creó el negocio agrícola más importan- te de la República. Cuadros como el presente se repiten en toda la existencia de este varón ejemplar. Tal fué el hombre. Inteligencia despierta y en constante elaboración constructiva, participó—se- gundo por segundo—en las necesidades y gestos del organismo patrio. Influyó con su confianza en el en- tusiasmo de organización colectiva y supo saturar los odios que despierta el éxito honesto con la gene- rosidad de su corazón invariable. Agudo y genial, en- contró a todas horas el motivo que condensaba, en su aspecto irónico—es decir, cierto— la complicada situación del instante. En estos días de apasionado trabajo reconstruc- tivo, Contemporáneos deplora la ausencia de- finitiva de este gran espíritu que ajeno a toda ten- dencia dogmática, permanecía continuadamente abierto a las más ondulantes inquietudes. Fué una de las más amplias ventanas por donde la revolución
Scan 14
Un Hombre inquiría las curiosidades filosóficas y sociales que la ampliación de todo método inteligente de gobierno supone. La nueva generación intelectual queda, con su muerte, desconcertada, pero, con el mantenimien- to del alto aspecto de la revolución que él había dig- nificado, continuará su tradición. Para nosotros, era un viejo amigo, un camarada, un hombre de este siglo que buscaba sustituir con un exacto sentimien- Lo de cultura un régimen de azar—como es el nues- tro—por un gobierno de tradición y de experiencia, alianza natural entre la inteligencia de los menos y la consistencia de los más. El resultado práctico de todos sus propósitos bien pronto iba a apreciarlo la República. Para cegar esta noble vida fué necesa- ria la alevosía de una mano inexplicable. Bernardo J. GASTELUM a
Scan 15
DIALOGO Para Alfonso Reyes E NSEÑA el tiempo actual, en apariencia torna- dizo, una grave lección. Después de hábitos milenarios de sutileza sentimental y escolástica de los sentidos, nuestro espíritu torturado vuelve a la sencillez primitiva, ansioso de emociones directas y de pasiones universales, atento a sus santos lugares comunes como el griego que escuchaba en el Mega- rón, en símbolos armoniosos, la gesta de su raza. La espontaneidad resuena en las cátedras de una filosofía nueva, en el ritmo entrecortado de los poe- tas nuevos, en la complicada sencillez de los músi- cos videntes y en la frase apostólica fatigada de teo- logía y de mundanismo. —La sencillez moderna es una nueva pose, o más peor,
Scan 16
Diálogo bien, el renacimiento de la vieja pose de Antístenes de Atenas yde su desagradable discípulo Rousseau. Es una pose efímera, por estar dedicada a todos, y una pose enemiga, por tender a la desaparición de la pose, a la destrucción de este imprescindible elemen- to de clase que ha renovado continuamente la esté- tica y que ha regalado tantas formas nuevas a la vi- da. Porque la pose es un gusto seleccionado, una preferencia vivida, el alma superior que se transfor- ma, para realizarse, en ademán teatral, en acción pa- radójica y libre, en ciencia extravagante y fecunda, en idea imposible y real. ——El hombre no es ya un hombre sino los hom- bres, y la acción—único absoluto moderno—lo asume todo, menos la inmovilidad. Bien está la vio- lencia porque la violencia es movimiento, bien la con- tradicción, que rompe un mundo eleático. Pero la acción no puede tolerar una actitud indefinidamente prolongada, un infinito instantáneo, la sustitución de la vida por muecas y análisis, por voluntades de momento y sistemas de ocasión. Y eso es la pose. ¿Qué fermento esencial, qué reacción adecuada pue- de haber en la expresión sin trascendencia o en la fórmula cerradamente personal? Para encontrar el fracaso de la pose basta ir a la obra de los posseurs más -poseídos. “El Retrato de Dorian Gray” es la apología de la virtud.—No amamos ya sino las fuer- ”
Scan 17
C. Díaz Dufoo (hijo) zas vitales. El gusto debe seguir el hilo de la vida. Ese es el curso natural del ser. Encontrar la propia expresión es cosa larga y es obra de todos. Hay quie- nes no la encuentran. Más vale así que improvisar- la. Lo espontáneo es la suprema razón porque “lo que sucede en lo espontáneo es más bien la obra de Dios que la obra del hombre.” —Lo espontáneo, de haber existido, es ya inac- cesible, lo dice también Renan. ¿Qué es la natura- lidad? La sumisión de todos los instintos a una re- gla, artificial y forzada, como la moral espontánea que traza la costumbre; la sustitución de una idea, de una tendencia, de un gusto, aún de un capricho por una norma vacía valiosa e inexplicable para to- dos. Pose es esa cien veces peor que las elegidas, que al cabo representan términos lejanos de una per- fecta humanidad. —No hay que hablar de naturalidad. Sólo son naturales las bestias, incapaces de descontento. Lo natural es ser feo. Lo natural es ser mediocre. Lo natural es no sacrificarse. Lo natural es obedecer, obstinadamente, la voz de la especie. Lo natural es la materia. Lo natural es no ser nada que sea. —Donde hay triunfo hay artificialidad, que es naturalidad individual. Donde hay espíritu lo espon- táneo deja de existir. —La pose es la clave del espíritu—la necesidad E A
Scan 18
Diálogo de ser fuerte, grande, hermoso, elegante, personal— y su propósito está hecho de superación y descon- tento. —lLa inferioridad de la pose es la inferioridad del arte inferior. Pero cuenta más Pompeio Uccilio dejándose quemar por una frase aguda que el que vive según ininteligibles frases de oráculo, sin adver- tir que las encinas de Dodona ya no hablan para los hombres. SCHUMANN - HUMORESQUE Voz interior, voz que no acierta, clara voz de juventud decisiva— Dios griego siempre niño: imperfección perfecta. Voz que los navegantes prestan a las sirenas. El alma, animal doméstico, mitad dios y mitad perro. —¡Qué viajar milagroso el de quien no ha viajado! —Por eso son los sueños. cd2
Scan 19
C. Díaz Dufoo (hijo) La verdad, la verdad, la verdad en un tiempo. La verdad que fué monstruo, la verdad que fué viento. En medio del infierno, el ingenio. Y, en medio del ingenio, una lágrima cae sin estrépito. En la lágrima apunta la sonrisa sin gesto, La tormenta es el alma que no sale del cuerpo.— El rayo nunca hiere a los muertos. —Dios es una invocación; el que clama descansa. —Dios es un término; él, yo mismo, un concep- to con existencia conceptual; llegar de todos modos; afirmar. —El negar es el modo absoluto, es el modo de Dios. Quien suma dos no dice nada. 2.
Scan 20
Diálogo ——El que niega es el Diablo. —Pero ¿el Diablo no es Dios? Lloraba dulcemente. lloraba como un siervo que no tiene hambre, ni paz, ni medro Carlos DIAZ DUFOO (Hijo) "E
Scan 21
LA LUCIERNAGA ES posible, señor Cura, que sea como usted dice: ¡es tan frágil la naturaleza humana! ¡Yo allá so- lo en el rancho, con mi reumatismo y sin alma vivien- te a quien clamar! ¿Quién va a recordar lo que dijo o lo que no dijo en momentos de angustia, cuando se siente el frío de una reata en el pescuezo? Ladino, el Cura atrapó un no sé qué de inconsis- tente en las palabras y el gesto de José María, que lo obligó a desnudarlo. Hay sospechas temerarias. Todo hombre de recto criterio abomina el chisme puebleri- no. Porque esos de los ojos cándidos, angelicales, 1n- genuos y bonachones, esos que blasonan a todas ho- ras y a los cuatro vientos su buena fe y su lealtad, gustan de colgarle un sambenito a cada sabandija del Señor. Y si José María se ha defendido en parte, la que debe a su asiduidad a las prácticas piadosas, ME
Scan 22
La Luciérnaga a su frecuentación a los sacramentos y, sobre todo, a su ciega sumisión al parecer de los hombres de m u - cha conciencia. —¡Quisieron llevarse mi caballo tordillo, señor Cura, que era lo mismo que quitarme la vida! —Su caballo tordillo . .. —Sí; mis pies, mis manos, mi todo. Lo único que yo recuerdo de aquella noche horrible son las maldicio- nes de aquellos condenados pidiéndome el dinero, y el crugir de los gatillos. “¡Madre mía de San Juan, socórreme! Te prometo una manda de entrar de rodillas a tu Santuario con una vela de cera de a pe- so y un milagrito de plata.” Más significativo que sus palabras era su acento. El cura se acordó de las confesiones de muchos cri- minales honrados. —Líbreme Dios de ofender a nadie, ni mucho me- nos a los señores eclesiásticos; pero cuando se dijo que las avanzadas revolucionarias venían sobre esta plaza, los primeros en salir de estampido fueron sus paternidades. Bueno. Muy bien hecho. Hicimos nove- narios, triduos y rogativas, porque el Señor los lle- vara por buen camino y los pusiera sanos y salvos en su destino. A ustedes los siguieron las personas de más representación y mayores comodidades. ¡Pacien- cia! Nos quedamos con el corazón en un puño. Y nos defendimos como Dios nos dió a entender. ¿Qué más podíamos hacer? E
Scan 23
Mariano Azuela —Su dialéctica es admirable, don José María. ¡Basta! Que Dios le ilumine así el entendimiento a la hora de su muerte. Vaya en paz, hijo. Irreprochable ¿verdad? ¿Por qué entonces José María sintió esa extraña inquietud, ese sobresalto y esa angustia inexplicables que suceden a nuestros ac- tos equívocos, cuando precisamente nuestra razón se obstina en demostrarnos lo intachable de nuestra con- ducta? - Quizás porque la tranquilidad de muchos hom- bres honrados y la digestión de los burgueses enri- quecidos son del mismo género. No hay que tocarlas. Y el hombre honrado ha de controlar a cada instante su bella imagen. “Yo pude incurrir, en efecto, en la debilidad de de- nunciar el sitio en donde escondimos la custodia y los vasos sagrados, entre el señor Cura y yo. Pero de ese oro ¿qué se me pegó en las manos? Salvé mi vida, sal- vé mi caballo tordillo y me salvé de morir en pecado mortal. Otros de veras supieron sacar otras ventajas y nadie les afea su conducta. El señor Cura hace mal en buscarme con esas preguntas. Si hubo robo sacrí- lego, eso ya es cuenta de otro rosario. Pero tengo pa- ra mí que no es el sacrilegio lo que más apura al se- ñor Cura, sino el oro que se perdió. ¡El oro! ¡Maldito sea el dinero, perdición de nuestras almas y causa de las desgracias que nos afligen!” Automáticamente su esternón de avestruz choca 7
Scan 24
La Luciérnaga amorosamente contra unas taleguitas repletas de hi- dalgos y centenarios que penden de su cuello enclen- que y tendinoso. La noche fué muy agitada; pero si el concierto matutino de gallos, vacas y borricos, alabando a Dios, no logró desamodorrarlo, sí la sombra del que se de- tuvo bruscamente ante su puerta. ¡Una sotanal... Nada; la imaginación febril que convierte en ave negra y fatídica hasta al inocente mensajero del te- légrafo. “Hermano, hoy estuve a punto de suicidar- me.” Urgente y respuesta pagada. No es bueno ser supersticioso; pero hay días en que no debía uno ni despertar. Consternado, abre las arcas de su corazón. Sobre la tilma ruedan chismosas monedas de oro. Las cuen- ta con ansiedad, sin quitar los ojos de la puerta, do- blemente atrancada. Ni falta, ni sobra. Hay, por tanto, que separar dos centenarios para Dionisio. ¡Dos cen- tenarios! ¿Qué no es capaz uno de hacer por un her- mano? Y Dionisio es la oveja descarriada que hay que rescatar de las manos del Demonio. En consecuen- cia, urge un giro postal por cien pesos. ¿Urgencia? No tanto. Además, los trenes no pasan para México cada vez que uno lo necesita, ni el correo siguiera tie- ne su despacho abierto a todas horas. En tercer lugar es necesario reponerse de las sorpresas que tanto da- ño le hacen al cuerpo. “Dionisio ha estado a punto de suicidarse. ¡Pobre A
Scan 25
Mariano Azuela Dionisio y pobre familia, perdidos en esa Babilonia! ...iHum!... Pero ¿quién dijo, pobre José María? ¿José María agobiado por las enfermedades, por las penas de estos tiempos calamitosos y hasta por apu- raciones que no son suyas? No, él bien puede mo- rirse como un perro: que no faltará vecino compasi- vo que, tapándose las narices, vaya a dar parte de su pestilencia a las autoridades. No, decidi- damente estoy muy débil ahora para llegar hasta el correo. ¿Quién aguantó la prueba de un año que no se pueda esperar unas horas o unos días? Las deter- minaciones más serias, además, las toma uno consul- tándolo con la almohada.” La sabiduría de la almoha- da fué infalible e inefable: “Vas a fomentar vicios y holganzas. Lo vas a engreír. Hoy son dos centenarios y mañana no le ajustará con cuatro.” José María durmió satisfecho no sólo de hacer el bien, sino de hacerlo bien. Despertó al son de las cam- panas a vuelo, camarazos y cohetes. Alegría tricolor. regocijo municipal, viva México y viva el Curidalgo. Con eso y el sol matutino se imponen las rectificacio- nes. “¿Por qué sufre el desventurado de mi hermano? Por su desobediencia, por su soberbia, por su capri- cho. Es decir, por sus pecados. ¿Y tú, José María, hombre de estudio y de conciencia, vas a levantar de los hombros de tu hermano la Cruz que Nuestro Se- ñor ha puesto sobre ellos, para darle los beneficios de E
Scan 26
La Luciérnaga la vida verdadera?... ¿Y el suicidio?... ganzúa, ganzúa, ganzúa...” José María declina. Al salir de la parroquia al- guien lo detiene: —e¿Eres tú, José María, o eres la sombra de mi condiscípulo José María? El mostró sus dientes de perro viejo, echando lla- ve y candado a todo conato de confidencias. “¿Qué le importa? Se asusta de verme, porque no sabe que nuestro mejor espejo es la cara del que volvemos a ver después de una larga ausencia. ¿Enfermo? Sí. Y cosa que no más a mí me importa.” Maldito el que fué a removerle sus grandes tor- turas con la clarinada de una pronta rendición de cuentas. Porque José María va a nacer. Se explica que Cieneguilla delire después de tal conmoción. La puerta mustia del cuarto de José María va a comer y vomitar, durante cuatro interminables horas, enlutados por temperamento, simulación o duelo. El púeblo ba- jo se percata, y como los señores decentes que entran y salen sólo cambian frases insignificantes para afir- marse en la línea correspondiente de la escala zooló- gica, se forja su propia versión: “Pepe Miserias está loco. Bueno. Pepe Miserias se ha ahorcado y amane- ció con la lengua de fuera y el cuello pendiente de una estaca y sus ojos de las monedas de oro regadas por su cuarto. ¡Mejor! El mancebo de la botica que, entre un bote de ce- E.
Scan 27
Mariano Azuela bo de coyote y un quinto de polvos juanes, instaló su observatorio, dice: “Yo vi salir al padre Paredes, al señor Cura y al doctor Salsipuedes; venían callados y compungidos; pero entre las arrugas de su desola- ción les retozaba una sonrisilla demostrativa de que si don José María no está ya muerto, cuando menos ago- niza a estas horas.” O precisamente lo contrario; al gusto de nuestros anteojos. Después de haber sido descaparazonado con sádica piedad por sus enlutados colegas, los de mu- cha conciencia, ahora se hace su propia autopsia. Y no más de sentirse su hielo y su gelatina se retuerce de angustia. Hubiera dicho: “Dios mío, yo te ofrez- co este sacrificio en descargo de mis culpas”; pero aun es un catecúmeno: -——Señores, favor de que esto no se sepa, que no pase de entre nosotros... Cuatro horas de ruda disciplina son compatibles con la vida, pero no cuatro horas por la mañana y cuatro por la tarde, durante cuatro días. La mecha se encendió minúscula; pero con un cerillo se hace una conflagración. A la luz de un cerillo reparó en la man- cha de tinta roja de “El Universal" del primero de sus visitantes; a la luz de una vela de cebo encontró la misma mancha y en el mismo sitio de los demás Universales que sus condolientes le siguieron mos- trando. Ni es verosímil, tampoco, que en Cieneguilla se lea tanto. La sospecha salta sus diques y camina
Scan 28
La Luciérnaga en progresión geométrica hasta coger el machote de rostros compungidos, manos abaciales, espaldas ere- mitas: todo lo incompatible con el más elemental espí- ritu cristiano. “¡Que esto no se sepa!” y el mismo pe- riódico va de mano en mano, propalando la infaman- te nueva. “¿Estos son mis amigos, mis correligionarios, los hombres de mucha conciencia, los que mis padres me dejaron como norma y ejemplo? ¿Quién seré yo pues entonces? La tremenda interrogación se esboza así, en la sombra difusa y tan fugazmente que no da tiempo ni para el terror. Porque es de lo más tosco, de lo que nuestros sentidos hacen presa luego. “Han sido como unos asesinos que vinieran con el crucifijo en una mano y el puñal en la otra. Prime- ro me muestran el encabezado, que es como si me cogieran por el cuello y me lo enterraran en el cieno. Cuando en mis ansias de asfixia pido aire y luz, ellos, con voz unciosa, me siguen clavando los cuchillos de cada párrafo, acentuando las frases más filosas. ¡Dios se los pague! Como salen de mi casa, alegres y con- fiados, salgan de sus tumbas el día del Juicio Final.” Dos balas, supongamos, se encuentran en un chis- pazo de luz. En él se le queman las alas a José Ma- ría. Muy bien: peor es no haberlas tenido nunca. Por un lado la gracia de Dios o la tuberculosis en, último período, responsables de la nitidez de un espíritu na- cido miope, por el otro el tremendo notición: “María 747*
Scan 29
Mariano Azuela Cristina asesinada en una casa de mala nota, en una orgía de altos personajes...” etc. María Cristina. Su nombre, su apellido, su origen, su nacimiento. “Mi sobrina.” Un baño de chapopote ¿eh? Y bien, José María salió del choque como antor- cha que se retuerce en su propia ignición. Fuerte, in- menso. Salta el encabezado infame, salta el mamposte de falacia e hipocresía de los cofrades y, por último, da el salto mortal al que pocos se aventuraron: “¿Quién soy yo entonces?” Dentro de la lógica más severa, caben sus lágri- mas casi femeninas. Llora; pero sin calcular ni vaga- mente el alcance de su acuidad visual. Es un sentido nuevo, y los niños caminan primero a tropezones. Llora y descansa como si se le hubiese desprendido una tenaza de en medio del corazón. Una verdad lo ofusca: “¡soy ladrón!” Y su máquina, yo con jadeos de agonizante, aun puede darle gracias a Dios. Desde luego, la contabilidad está turbia desde la partición hereditaria. Es tan fácil dar oídos a las si- renas togadas, proveerse de papeles con sellos y es- tampillas y echarse al bolsillo a cualquier magistrado microfilólogo. Lo que verdaderamente resulta impo- sible es tapar el sol con un agujero. “Porque Dios sigue allá arriba, y mi conciencia es una criba.” Un mensaje urgente (comienza el Calvario) ; me- E
Scan 30
La Luciérnaga jor pensado, una carta. Es menos dispendioso y se di- ce todo lo que se quiere decir... y hasta lo que no se quiere decir. Porque esto va a ser prólogo, preám- bulo, introducción de la obra magna: ¡la restitución! ¿Restitución? Sus púdicos tímpanos rebotan la palabreja y se tapan de bochorno en una escala de platillos ascendente hasta el vértigo. Pero como no hay otra, se toma el camino de la resignación y del más humilde confiteor Deo. “Hermano Dionisio, si el Justo con ser Justo peca siete veces al día... El es- píritu de las tinieblas vela por la perdición de nues- tras almas... ¿Te viste ya en un espejo? ¿Te pusis- te la mano sobre el corazón y no te ardió la cara? Por- que a la audacia le llamas virtud y la meta de tus am- biciones es el dinero. Y tú sabes cual es el camino, hoy por hoy, para adquirirlo pronto. El apetito desordena- do de hacienda es el mal del siglo. ...Perdóname lo crudo de mis palabras; sería criminal que te escondiera el fondo de mi alma, ahora que siento temblar el frío de la muerte hasta en el aire que respiro, hasta en la luz que me alumbra. Pronto a com- parecer ante la presencia de Dios, tengo que arre- glar mis cuentas y -pedir perdón a todos aque- llos a quienes de cualquier manera haya ofendido. Sí, hermano Dionisio, soy un pecador y de rodillas im- ploro tu perdón, dispuesto a reparar mis faltas...” —¡Admirable—exclama José María secándose la
Scan 31
Mariano Azuela frente húmeda de caliente; —he tocado la llaga y no me hice daño! “No quiera Dios, hermano de mi alma, que en es- tas palabras sientas mala intención ni mucho menos; pero bueno es que sepas que el castigo del Señor para todos los que pusieron sus ojos exclusivamente en el dinero, es cerrárselos para todo lo que no sea una moneda miserable. ¡ Alerta, Dionisio, en el reloj de los tiempos ha sonado nuestra hora: tú para el mundo y tus engañifas, yo para la eternidad!... Ven por fin a saciar tu sed de oro y de riquezas; ven por dos mil quinientos sesenta y ocho pesos, trece centavos que, en estricta justicia, son tuyos y que aquí te tengo guardados.” Así, de un tirón, sin contener los alientos. Hay actos heroicos, grandiosos, en la vida diaria, que ig- norará siempre este mundo de vanidad de vanidades. Sus músculos sollozan; sólo sus pupilas dilatadas se mantienen quietas, inmóviles, en control y cabalgan- do sobre la joroba de pesos de su colchón. José María, antes de cerrar el sobre, relee la car- ta y acaba persignándose: “¡Ave María Purísima del Refugio!” Porque ha reconocido en ella su propia imagen: su soberbia, su gazmoñería. “¡El Demonio ha guiado mi mano!... ¡Pero yo te venceré, maldi- to!” Su demonio, en efecto, le posee bien escondido en el laberinto de sus circunvoluciones cerebrales.
Scan 32
La Luciérnaga Si los días son tolerables, las noches se prolongan como eternidad. Se desdobla a menudo su personali- dad en tremendas luchas. Al hervor de sus cuarenta grados, suben y bajan cadáveres galvanizados de su panteón. Por ejemplo, el robo de la custodia y de los vasos sagrados de la parroquia. “Porque es mentira eso de que alguien me hubiese obligado a denunciarlos. Lo hace por flaqueza, por cobardía, por adulación ser- vil. Porque siempre me humillé a los pies del podero- so, por necesidad o sin ella. Soy villano y soy felón. Y no tengo ni el valor de mis propios actos.” “Pero, si no lo hubieses hecho así, se llevan tu caballo tordillo.” “Cierto. Y no sólo eso. ¿Mi reumatismo? ¿El aban- dono en que me dejaban?" “Lo único vituperable es que con los vasos sa- grados y la custodia estaban cuatro mil pesos en mo- nedas de oro.” —¡Ave María Purísima del Refugio! Sin pecado original concebida. ¡El enemigo malo otra vez!... “Sí, ese dinero me lo llevé a mi casa, muy cierto, para que estuviera más seguro.” “< Y por qué no más el dinero?” “. 7. . . ¡Imbécil! Porque es un sacrilegio tocar las cosas saeradas. ” “¡Admirable! Sólo que esos cuatro mil pesos aun no pueden volver al curató.” José María da un salto de tigre herido de muerte. -
Scan 33
Mariano Azuela Aterrado, no sabe ya que responderse. Pero sale del paso con la ilusión de que sufre un ataque de delirio febril; y siente cierto de que al día siguiente ni lo recordará siquiera. Y, en efecto, ni al día siguiente, ni en ninguno, volverá a acordarse de los cuatro mil pe- sos del Cura. Pero de una pesadilla salta a otra peor. María Cristina ardiendo en los más profundos infier- nos. “Y todo por culpa tuya, tío tacaño, despiadado, criminal. Una condenada de catorce años por el deli- to de sostener a su familia, a una familia a quien tú cerrastes tus puertas. Una pobre muchacha que si se entregó a los placeres del mundo, no dejó una cláu- sula en blanco—giro contra Dios y al portador—para gozar de la otra vida también. De morirse de risa, tío Miserias, si los garabatos de mi padre Dionisio no se te hubieran enterrado en el alma como garfios de hie- rro candente y por tus días: “José María, nuestras al- mas corren peligro... ¡María Cristina, por piedad, José María!” “Suponiendo que yo fuera un criminal como cual- quier otra gente, un monstruo de egoismo como todos lo somos, María Cristina, mi sobrina, sigue teniendo razón. ¿Por qué no le pagué a Dionisio lo que de su herencia sustraje?" “Tampoco de eso eres culpable, porque cuando Dionisio te pidió el dinero, ni vagamente existía en tu memoria la conciencia de tal deuda.” :Pretextos pueriles? No, porque sólo los ladrones de profesión saben de cierto que son ladrones.
Scan 34
La Luciérnaga “Estoy perdiendo el tiempo en disquisiciones ociosas y el día se acaba y no tengo qué poner en mi haber, en la balanza del Supremo Juez.” “Con un acto de contrición te basta.” ¿Por qué sus cabellos lacios se han encrespado y su cadáver se ha puesto de pie con horror? “¡Póngote la cruz!... ¡Ave María Purísima...! Y cuando acribillado de dolores, en el paroxismo de su delirio mira las puertas del infierno abiertas, llega batiendo sus alas una idea: “Si hay un fuego que purifica los cuerpos, hay otro fuego que purifica las almas.” “¡Aleluya... aleluya. ..! ¡Sí, señor, dame todos los dolores más grandes y seré tuyo!” —Que venga pronto el Notario. —Don José María, ¿no le parece que venga prime- ro un sacerdote. ..? —También... —Dígame... ¿a quién quiere? No hay duda. José María avanza prodigiosamen- te: dice que uno es igual a dos y que A es igual a B. Confesión general. Vida-mentira. Las llamas del infierno parecen arder en las miradas y en los labios del penitente. —«Cuidado, hijo! El demonio se ha apoderado de su inteligencia para perderlo. Sus pecados son gran- des, pero el más grande de todos es desconfiar de la Misericordia de Dios. +8
Scan 35
Mariano Azuela —¡Padre mío!... —Pero antes de abandonar las miserias de este mundo, es preciso que deje sus negocios terminados. Su hermano por una parte... el Gobierno por la otra... José María aterriza tan bruscamente que pierde el sentido. En su negro y violento despertar tuvo la vaga sen- sación de que el cerebro se le vaciaba y de que su pecho se estaba llenando a reventar. Apenas el tiem- po preciso para pensarlo, porque una bocanada de sangre lo medio ahogó y luego le zumbaron los oídos a punto de catástrofe universal. Pero algo debió seguir trabajando en el silencio de su cuerpo exangile, porque cuando abrió otra vez los ojos, sintió la densa desolación en el aire y en la luz. “Sin padres, sin hermanos, sin amigos, sin un sa- cerdote que me venga a decir: ¡Jesús! Un rayo de luna cortó de repente las tinieblas, y la puerta se entreabrió. Extraña visita. Sus ojos de es- meralda arden en una luz de marfil; sus bigotes de porcelana en una mueca casi humana, José María sigue subiendo. En vez de aterrorizar- se, su corazón desborda de gratitud: —iMiche... michito!... Abierta la cola en palmera, el animal bufa y da un salto a la calle. —¡Bah, ahora es él quien se asusta de mí! ¡Ave María Purísima del Refugio! J
Scan 36
La Luciérnaga La macabra ironía se quiebra en un pitido largo, agudo y furiosamente melancólico. “El Sereno. Vendrán a sacarme al hedor de mi cuerpo descompuesto.” Pero todavía el sol le vuelve a ver la cara, entran- do con dos sombras que casi se atropellan. —No, señor, usted primero... —pPrimero usted... —A usted le corresponde... Los dos entran y, por un momento, se miran y se miden. El Cura ve muy por encima de su hombro al Médico, desde las cumbres de la sabiduría infusa, privilegio de los elegidos. El Médico mira al Cura co- mo algo muy incierto en el campo de su microscopio: la Ciencia inaccesible a los ignorantes. Y la sotana y el sobretodo se hinchan, se hinchan, hasta reventar en una burbuja a flor de labio. —Comience usted... —9$Si usted me lo permite. La Ciencia se asoma por las pupilas deslustradas, se detiene en unos párpados incoloros y acartonados, toma un pulso que no existe y, con la infinita sufi- ciencia del cómico bien engreído, traza un gran gesto en el espacio: “¡ya es tarde!” Tarde se le hace al Cura que el sabio salga a se- guir prodigando los dones de su saber. —Don José María ¿quiere usted reconciliarse con Dios? IA:
Scan 37
Mariano Azuela Un Cura sale desolado y otro entra enfurecido, imprecando y amenazando. Entonces el esqueleto forrado de una piel enjuta como bota de vino vacía, puede enderezarse. Y se arroja a los pies del sacerdote, crugiendo como los carrizos de un canasto viejo. ¿Qué quiere? Besar la orla de la sotana, las manos burdas del exfrutero, ba- ñarlas de lágrimas. No protesta; lejos de ello, presa de una inmensa compasión, besa los pies del hombre en quien acaba de verse como en un espejo. Ahora no se ha horrorizado, porque ya sabe que el horror es in- humano. ¿Quién leyó en los abismos del avaro, del codicioso, del ladrón, del ebrio, del asesino? El sacerdote sale frenético de impotencia y de hu- millación y José María se queda solo otra vez con el tiempo inmedible. Rememora aún sus recaídas y le quedan lágrimas. Y como a medida que su vida se ex- tingue, aminoran sus penas, pide a Dios, como una suprema gracia, dolor, más dolor. Y Dios lo escucha. “Lo malo es que no hay quien me dé mi ropa. ¡Con lo que me urge tanto!” No obstante que su laringe de cartón se obstina en negarle paso al aire, que sus labios se niegan a mo- verse y que un frío extraño agarrota sus manos y piernas, comienza a sentirse pasmosamente sano. Sus oídos adquieren extraordinaria agudeza. Por eso la voz del que se ha detenido a su puerta le hace presen-
Scan 38
La Luciérnaga tir algo suyo, algo indisputablemente suyo. ¿Quién? ¿Qué se le ofrece? ... “¡Ah, sí, eres tú. ..! Lo sien- to mucho, llegaste tarde. Bien, favor de mi ropa. ¿Sa- bes que estoy de viaje?... Muy lejos, lejos. ..sí...” Podrí vacilar entre su ropero ambulante y Dio- nisio. Pero es su misma voz, son sus mismas maneras. No cabe duda. ¡Pobre Dionisio, tan burdo como toda la vida! Así nació, así se educó. ¿Qué culpa tiene, después de todo? Nunca le cupieron en la cabeza las reglas más elementales de Blanchard ni del Carreño. Por eso casi se le ha echado encima... “¡Espera, hombre, espera! ¡Ay, hermano! .. ¡Sea por el amor de Dios, te saliste con la tuya!...” —Lo demás, miserable ladrón. ¿En dónde tienes lo demás? ... Como fogonazo de magnesio para dejarle a uno la negativa indeleble por la vida. ¡A la buena hora! “¡Gracias, Señor, gracias!” José María no puede discernir ahora si el borbo- tón de injurias viene de la boca de su hermano o es un desbordamiento de su propia conciencia. Pero da lo mismo. Sus párpados de plomo son lámpara de Crookes para una luz tan intensa que sólo con los ojos cerra- dos se puede mirar. Como una pradera inmensa olo- rosa a tomillo, como una paloma que batiera sus alas de armiño, como un lecho muelle para unas carnes magulladas y unos huesos rotos. Mariano AZUELA 252
Scan 39
TROMPOS " ] oPAVIA se me iza al recordar sus dos labios carnudos, paraditos, prendidos a los míos, el día de la despedida en el incuboso cubo negro de un zaguán, el de su casa. No siete días se contaban de nuestro encuentro en el lugar exacto en donde nunca nos habíamos encontrado pero en donde sin conocernos nos cita- mos, y en donde conociéndonos nunca nos volvimos a encontrar porque citándonos no nos encntrába- mos en ese lugar sino en el que no nos encontrába- mos. En el abrazo aquel se nos cayeron, descuidados, nuestros ángeles, a los dos, los cuatro, los ojos, y "hy
Scan 40
Canícula quedamos como los trompos, dormidos, sobre nos- otros mismos, en rotación de miles de vueltas por segundo. CANICULA A QUELLAS tardes de calor—de primera a se- “gunda dimensión con brincos bruscos a la cuar- ta—en que arrastraba mi yo mismo a los barrios de la pierna de algodón, en plena judería. Piernas pequeñas, macizas de algodón, cuando mucho de artisela. ¡Judías, si aún percibo vuestra esencia de falda, inodora para rubias! Mediterráneo, anuncia el bacalao que es o debiera ser tu esencia. Aquellas tardes en que me sentía cristiano—por no decir Cristo—recargado bajo el toldo de una dro- guería viendo pasar mujeres. Toda la Biblia, y ese goce agrio que agarrota la nuca al ver vibrar adoles- cencias a ras de pecho, y por las piernas presumir el calibre. El sol. Hacer la caridad (sin escolástica ni literatura, de verdad); sentirse salvacionarmista e ir a prestar tus servicios donde han menester. Si obráramos así, hom- bres, o. mujeres, morirían ellas más felices. Quitarse el distintivo del ojal, bajarse el ala del sombrero y
Scan 41
Octavio Barreda de plano contra aquella chiquilla flaca. Que te vean —mno—importa. La dialéctica de siempre: Te invito a Coney Is- land—al Parque Luna——comeremos golosinas—rue- da de la fortuna—y temprano de regreso a tu casa. (Salvo lo imprevisto, comentario muy muy adentro nuestro). Triunfo infalible del sofisma. Luego en los descuidos, sentirse o hacerse sen- tir paternal, y descastar los corchos de los senos a puras cosquillas y pellizcos. Ensayar una nueva ex- plicación epistemológica neoplatónica. Esta voz ras- posa, esta alma rasposa, estas piernas rasposas, exis- ten fuera-dentro de mí? Teoría de las reminiscen- cias—yo he tocado ya este seno, ¿dónde? Te piden como siempre un dólar, la cena con los chinos y la cita para el lunes. Tratas por las dudas de cobrarte y desquitar lo gastado, pero no puedes. En la chaise-longue, el aserrín coagulado. En realidad, sabías muy bien que era sábado y lo único que querías era romper la semana. Está bien. Pero el lunes, ya pegada, no te volverán a ver, judía; ni nunca porque las semanas comienzan en sábado. No tanto por mal vestida, sino porque o vi- vías muy lejos o eras muy flaca o muy estafadora, o porque el pajarito de tu aliento revoloteaba ama- rrado de una pata entre tus dientes, y casi se pica- ba. 255
Scan 42
Jim y Jack JIM Y JACK (Box) H ILOS de multitud en hilos negros llevaban el negro saroso de la ciudad al estadio, de noche sigilosamente, como a un aquelarre. Llegaron todos los hombres en todos los automóviles y en todos los trenes, y los trenes y los automóviles llegaban y se iban y volvían a llevar nuevos hilos negros. Las gen- tes fueron enredando poco a poco los carretes de las gradas hasta herir de muerte los últimos espacios blancos. En silencio escurrido, en arrastre de pies, voces apagadas, la noche en pedacitos de incienso en polvo empolvaba las luces de arco. Estos eran todos los hombres negros pero el res- to de los otros hombres esperaba escalonado en onda, parados de punta, sobre el filo de las ondas de todos los radios. Ondas concéntricas y excéntricas— hasta el infinito—de mangas de camisa, de hipno- tizados pegados de narices a todos los magnavoces del mundo. La ciudad y las ciudades—los campos se habían ido al sur—habían quedado blancas quietas sin cuerda esperando el regreso asarosado de sus hombres. Entonces cogí mi sombrero y paso a paso crucé la ciudad. Jimijack y Jackijim. Jack y Jim. Jimjím. Jimjím. Letreros luminosos con capitas de ángeles 7 Y
Scan 43
Octavio Barreda toreaban las estrellas. Jack, jack. Todas las puer- tas ventanas los escaparates abiertos, habían sacado sus luces a secar al sereno de la noche. Nadie aden- tro, como sirvientas los domingos, las luces de todas las casas cuchicheaban en las azoteas y en las puer- tas, y los niños saltaban hechos bolitas de vidrio en- cendido a lo largo de los muros, de ventana a venta- na, de puertas a ventanas, Vueltas y vueltas, algua- ciles y ladrones, éntrale torito, matariliriliriliriliró. Comprendí el peligro del nikel de mi pelo y no qui- se ni fumar, Bajé la vista y apresuré el paso a pesar de los rojosiverdes de los policías fijos, clavados, de palo. Clavados en cada esquina, deteniendo a las ca- lles—espejos en cuadros para la luna (no había lu- na, pero la luna puede salir en cualquier momento). Llegué a la gran puerta. Los automóviles acurru- cados roían los postes al calor de las vendimias. Mis- teriosamente deslicé en los dedos del guardián mi contraseña. Me dieron la clave: escalera X-587, N' 10,229 (73-32)/25. Ya adentro, respiré alegre y me puse inmediatamente mi risita izquierda. Como un niño subí las escaleras y de un salto—un formi- dable salto—salté hasta mi lugar. Beg your pardon. Peanuts. Cigarrets. Dios, vestida de negrogala, se había invitado y sentado junto a cada uno de nosotros haciéndonos chiquitos, muy chiquitititos, e interceptándonos con sus humos elásticos. Un ojo de ella—no sé cómo— alumbraba el ring, de arriba a abajo, como pantalla DÍ
Scan 44
Jim y Jack sobre mesa de billar. Pero no presidía: no caparaba las luces. Dejaba nuestros cigarrillos lentejuelear a través de sus faldas —de puro georgette. La campanada, como por seña, reventó de pron- to un aullido que traíamos preparado. El aullido se elevó a tiempo, pesadamente, dió la vuelta al coso dió la vuelta al mundo—afuera del mundo se es- pantó—y regresó a esconderse a nuetras gargantas. Quedamos entonados; bien. En estas cosas popula- res no sabe uno cuándo ni cómo es, si fué antes o después, o entre los dos; habían subido al ring (no puesto en, puesto que el ring es cubo), cuidado- samente envueltos en algodones y listones dos arlequi- nes de Picasso o cirqueros de Seurat. Será aquel el suyo, el mío es aquel, señor. El nuestro era aquel. El mío. Hurrah! Se me rodó este hurrah y del susto los fotógrafos hicieron explosión. Los vimos volar hechos pedazos, como lluvia de estrellas, y luego caer hechos carbón. ¡Hijos de la guayaba (en in- glés), se acabó el Cuarto Poder! Profesores de Harvard, con cariño de momias, los desenvolvieron y dejaron al descubierto: tiernas tibias, pulpas del más delicado fruto en flor. Dos se- vres flotando en el aguazul de nuestros gritos; blan cos, delicadísimos. Calzones rojos contra calzones púrpuras. Oh, tú no sabes de estas calidades. No tienes idea. Dios habló con sus mil doscientos megáfonos. Quedé extasiado con su voz de mujer ronca, rayada 238
Scan 45
Octavio Barreda por el tiempo, las agujas del diablo. Nos aseguró que Jack pesaba 190 y que Jim 195. Jack púrpura y Jim rojo. Por galantería hicimos como que le creíamos, y sólo nos guiñamos un ojo. Los dejaron solos. La mitad del mundo había alambrado de miradas a uno, y la otra al otro. Cualquier movimiento brusco, nos saltaría los ojos, y con los ojos el corazón, y con el corazón el reloj, y con el reloj probablemente todo. ¿Todo? Me agarré por las dudas fuertemente a mis gemelos. Otra campanada, y un coro inmenso de serafi- nes bajó invisible del cielo. Cada uno traía y tocaba un violincito y cada uno traía un aplauso efusivo, vi- vo, vivito. En el tumulto alguien sin querer le que- mó las faldas a la Señora Dios. Qué escándalo. Ya ni vió, pues, el bailoteo ni la golpiza—por fortuna que les habían puesto guantes más grandes que las manos rellenos de.—Grité con todas mis fuerzas, No le quiebres la cabeza, salvaje. Me rectificaron al oído. No es la cabeza, señor, es la quijada. Beg your pardon. ¿Fué campana o campanazo? Intermedio para discusión. Ellos se sentaron mientras, mientras unos brutos trataron de aflojarles los brazos, las piernas, la cabeza y de repente, con una esponja, quitarles el barniz. ¡A los dos! (Los serafines risa y risa). No soporté más. Con un su permiso, con un su permiso, con un su permiso, con un su permiso me 204
Scan 46
Jim y Jack fuí escurriendo entre el georgette, hasta llegar a la puerta (no a las ligas). Los tres puentes encorvados de ansiedad, los le- treros luminosos desde arriba, las tiendas, los dos ríos, los veinte mil rascacielos, todas las sombras desveladas de la ciudad, a mi regreso me acosaron a preguntas, me estrujaban. Tuve que decirles la verdad, casi en filo: —Fuéen la quijada, Octavio BARREDA 0
Scan 47
FRAGMENTOS SOBRE CHIRICO De Le Mwstére Laic. U N hombre que cae de lo alto es un hombre que empequeñece y cesa brutalmente de empeque- ñecer, en una brusca postura de pelele. Un hombre que se aleja es un hombre que cae con dulzura y, en vez de aplastarse, se dispersa, como una nube. To- das las perspectivas de Chirico son caídas. La familia paterna de Chirico: tía y tío locos. El tío empujaba siempre una silla ante él, para no caer
Scan 48
Fragmentos Sobre Chirico en algún precipicio. La tía Olimpia desataba su es- pléndida cabellera, se arrodillaba ante un canapé y arrastraba sobre él su cráneo hasta dejarlo comple- tamente calvo. Tales antecedentes contribuyen a su- primir en la obra de Chirico todo carácter pintoresco. La poesía es exactitud y cifra. Pero la gente halla poético lo inexacto. La muchedumbre adora lo in- exacto y que le parezca verdadero. He llegado a pre- guntarme si los periódicos de chantage relatan hechos inexactos porque los recogen de tercera mano o si falsifican lo real por el profundo conocimiento del gusto público que tienen. El público adivina una realidad tras la irrealidad aparente de Chirico. O CURRE que Picasso pinte una joven.—' Toma”, le dicen; una guitarra, una manzana, un busto.” Los descubre. Había hecho, sin saberlo, una naturaleza muerta. EN una tela de Chirico, los objetos no se.han da- do cita.
Scan 49
Juan Cocteau P ARA operarla, Chirico duerme a Venus con clo- roformo. VivIMos en un mundo en que todo debe poder ser explicado. El tribunal interroga y la policía, mal organizada, observa desde afuera, nuestros enig- mas interiores. En Giorgio de Chirico los accesorios, los muros, las arcadas, las sombras, las estatuas ecuestres, las legumbres, todo es sospechoso. Ima- gino una pesquisa policiaca dentro de una tela suya como si fuera en la recámara de un poeta. Sería pre- ferible callar o dejarse guillotinar. En mi recámara, el menor objeto es un testigo que declara en mi con- tra. Una cosa permitida no puede ser pura. M UCHAS telas de Chirico son ciegas, pero ningu- na es sorda. Se afirma que los sordos son más tris- tes que los ciegos. Sin embargo, el sordo es un per- sonaje de comedia y el ciego es un personaje de tra- gedia. Kx-
Scan 50
Fragmentos sobre Chirico En cuanto deja uno de mirar una ciudad de Chi- rico, el señor X... dobla la esquina de una calle, la atraviesa, saca una llave del bolsillo y entra en una casa. SOBRE el tablero de Chirico, la única pieza de aje- drez que circula libremente y en todos sentidos es la muerte. (CHIRICO o el lugar del crimen. (CHIRICO o la hora del tren. Juan COCTEAU de
Scan 51
TELAS DE GIORGIO DE CHIRICO
Scan 58
PRIMERO SUEÑO 0 puma funesta, de la tierra nacida sombra, al cielo encaminaba de vanos obeliscos punta altiva, escalar pretendiendo las estrellas; si bien sus luces bellas —exentas siempre, siempre rutilantes— la tenebrosa guerra que con negros vapores le intimaba la pavorosa sombra fugitiva, burlaban, tan distantes, que su atezado ceño al superior convexo aun no llegaba Soledad Primera: “escalar pretendiendo” (692, pavorosa; 1693, pavorosa; 1715, vaporosa; 1725, vaporosa, Soledad Primera: “al cóncavo alustado de los cielos.”
Scan 59
Sor Juana 15 20 25 30 del orbe de la diosa que tres veces hermosa con tres hermosos rostros ser ostenta: —quedando sólo dueño del aire que empañaba con el aliento denso que exhalaba—: y en la quietud contenta de imperio silencioso, sumisas sólo voces consentía de las nocturnas aves tan oscuras, tan graves, que aun el silencio no se interrumpía. Con tardo vuelo y canto, del oído mal, y aun peor del ánimo admitido, la avergonzada Nictimene acecha de las sagradas puertas los resquicios o de las claraboyas eminentes los huecos más propicios —que capaz a su intento le abren brecha— y sacrilega llega a los lucientes 13 Diana, que es también reina de la noche y que se le suele re- presentar con tres cabezas. 19 1725. No trae la línea: “y en la quietud contenta” 25 1692, de el; 1693, de él; 1725, de el. 27 1692, Nictimene; 1693, Victimene; 1725, Nitimene, Hija del rey Epogeo, de Lesbos. Atenea la transformó en mochuelo en castigo de ha- herse enamorado de su propio padre. Las ediciones traen: “azecha.” Traduzco acecha, en vez de asecha noraue el sentido es de atisbar. 73
Scan 60
Primero Sueño 35 10 45 >0 faroles sacros de perenne llama —que extingue, si no infama en licor claro la materia crasa consumiendo, que el árbol de Minerva de su fruto, de prensas agravado, congojoso sudó y rindió forzado. Y aquellas que su casa campo vieron volver, sus telas yerba —a la deidad de Baco inobedientes ya no historias contando diferentes— en forma si afrentosa transformadas segunda forman niebla, ser vistas, aun temiendo en la tiniebla, aves sin pluma aladas: aquellas tres oficiosas, digo, atrevidas hermanas, que el tremendo castigo de desnudas les dió pardas membranas —alas tan mal dispuestas que escarnio son aun de las más funestas— estas, con el parlero ministro de Plutón un tiempo, ahora 46 1692, aladas; 1698, aladas; 1725, asadas. 48 Refiérese a las tres hijas de Minias, —Isis, Climene y Alsitoé—, lomadas las Meneidas, que por no concurrir a las fiestas de Baco fueron sonvertidas en murciélagos.
Scan 61
Sor Juana 35 60 65 70 75 supersticioso indicio el agorero, solos la no canora componían capilla pavorosa, máximas negras, longos entonando y pausas, más que voces, esperando a la torpe mensura perezosa de mayor proporción tal vez que el viento con flemático echaba movimiento de tan tardo compás, tan detenido, que en medio se quedó tal vez dormido. Este, pues, triste son intercadente de la asombrada turba temerosa, menos a la atención solicitaba que al sueño persuadía; antes sí, lentamente, su obtusa consonancia espaciosa al sosiego inducía y al reposo los miembros convidaba, el silencio intimando a los vivientes, uno y otro sellando labio oscuro con indicante dedo, Harpócrates la noche silencioso; —a cuyo, aunque no duro, 55 1692, al agorero; 1693, el agorero; 1725, al agorero. 56 1692, solos la no; 1693, solos la no; 1715, solos la; 1725, solos la no, 76 Divinidad de origen egipcio que pare los griegos era simbólica del silencio. 275
Scan 62
Primero Sueño 80 85 20 95 si bien imperioso precepto, todos fueron obedientes—: el viento sosegado, el can dormido: éste yace, aquél, quedo, los átomos no mueve con el susurro hacer temiendo leve, aunque poco, sacrílego ruido, violador del silencio sosegado. El mar, no ya alterado, ni aun la instable mecía cerúlea cuna donde el sol dormía; y los dormidos siempre mudos peces, en los lechos lamosos de sus oscuros senos cavernosos, mudos eran dos veces. - entre ellos la engañosa encantadora Almone, a los que antes en peces transformó simples amantes, transformada también vengaba ahora. En los del monte senos escondidos cóncavos de peñascos mal formados 94 De Almón, padre de la minfa Lara de los amores de Júpiter con Juturna. que reveló a Juno el secreto
Scan 63
Sor Juana 100 105 110 —de su aspereza menos defendidos que de su oscuridad asegurados—, cuya mansión sombría ser puede noche en la mitad del día, incógnita aun al cierto montaraz pie del cazador experto —depuesta la fiereza de unos, y de otros el temor depuesto, yacía el vulgo bruto, a la naturaleza el de su potestad pagando impuesto, universal tributo. Y el rey—que vigilancias afectaba— aun con abiertos ojos no velaba. 115 El de sus mismos perros acosado monarca en otro tiempo esclarecido, tímido ya venado, con vigilante oído, del sosegado ambiente, al menor perceptible movimiento que los átomos muda, 107 1692, yacía el vulgo bruto; 1693, yacía el vulgo bruto; 1715, yacía el bruto; 1725, yacía el vulgo bruto. 118 Soledad Primera: “que en los blancos estanques del Eurota.” En este estanque se bañaba la diosa Diana cuando fué sorprendida por el rey Acteón. Por este atrevimiento se vió transformado en ciervo y luego devorado vor 8us nrovios verros.
Scan 64
Primero Sueño 120 la oreja alterna aguda y el leve rumor siente que aun le altera dormido. 125 130 135 Y en la quietud del nido —que de brozas y lodo instable hamaca formó en la más opaca — parte del árbol—, duerme recogida la leve turba, descansando el viento del que le corta alado movimiento. De Júpiter el ave generosa —como al fin reina—, por no darse entera al descanso—que vicio considera si de preciso pasa—,cuidadosa de no incurrir de omisa en el exceso, a un solo pie librada fía el peso y en otro guarda el cálculo pequeño, despertador reloj del leve sueño: —porque si necesario fué admitido no pueda dilatarse continuado, antes interrumpido 127 Polifemo y Galatea: “infame turba de nocturnas aves.” Por antítesis, Sor Juana llama a los pájaros del día: “leve turba.” 129 Polifemo y Galatea: “el generoso pájaro” Soledad Primera “de Júpiter el ave.” 1834 Polifemo y Galatea: “librada en un pie, toda sobre él pende, urbana al sueño,” 135 1692, cálculo; 1693, el cálculo; 1725, el cálculo, a
Scan 65
Sor Juana 140 del regio sea pastoral cuidado. ¡Oh de la Majestad pensión gravosa, que aun al menor descuido no perdona! 145 Causa quizá que ha hecho misteriosa, circular denotando la corona en círculo dorado, que el afán es no menos continuado. El sueño todo, en fin, lo poseía; todo, en fin, el silencio lo ocupaba. 150 155 160 Aun el ladrón dormía; aun el amante no se desvelaba; el conticinio casi ya pasando iba y la sombra dimidiaba, cuando de las diurnas tareas fatigados y no sólo oprimidos del afán ponderoso del corporal trabajo, mas cansados del deleite también—que también cansa objeto continuado a los sentidos aun siendo deleitoso—, que la naturaleza siempre alterna ya una ya otra balanza, distribuyendo varios ejercicios
Scan 66
Primero Sueño 165 170 175 180 185 168 al ocio. ya al ocio, ya al trabajo destinados, en el fiel infiel con que gobierna la aparatosa máquina del mundo. Así, pues, de profundo sueño dulce los miembros ocupados, quedaron los sentidos del que ejercicio tienen ordinario —trabajo, en fin, pero trabajo amado, si hay amable trabajo—, si privados no, al menos suspendidos. Y cediendo al retrato del contrario de la vida que lentamente armado cobarde embiste y vence perezoso con armas soñolientas, desde el cayado humilde al cetro altivo sin que haya distintivo que el sayal de la púrpura discierna; pues su nivel, en todo poderoso, gradúa por exentas a ningunas personas, desde la de a quien tres forman coronas soberana tiara hasta la que pajiza vive choza: 1692, ya a el ocio: 1693, yx al ocio: 1715; al oficio; 1725, ya DU
Scan 67
Sor Juana 190 195 200 205 210 desde la que el Danubio undoso dora, a la que junco humilde, humilde mora: y con siempre igual vara (como, en efecto, imagen poderosa de la muerte) Morfeo el sayal mide igual con el brocado. El alma, pues, suspensa del exterior gobierno en que ocupada en material empleo, o bien o mal da el día por gastado, solamente dispensa, remota, si del todo separada no, a los de muerte temporal opresos, lánguidos miembros, sosegados huesos, los gajes del calor vegetativo: el cuerpo siendo, en sosegada calma, un cadáver con alma, muerto a la vida y a la muerte vivo, —de lo segundo dando tardas señas el de reloj humano vital volante que, si no con mano, con arterial concierto, unas pequeñas muestras, pulsando, manifiesta lento de su bien regulado movimiento. Este, pues, miembro rey y centro vivo de espíritus vitales, con su asociado respirante fuelle y
Scan 68
Primero Sueño pulmón—que imán del viento es atractivo, — que en movimientos nunca desiguales, 215 220 2725 230 235 o comprimiendo ya, o ya dilatando el musculoso, claro, arcaduz blando, hace que en él resuelle el que le circunscribe fresco ambiente, que impele, ya caliente, y él venga su expulsión haciendo activo pequeños robos al calor nativo, —algún tiempo llorados, nunca recuperados, si ahora no sentidos de su dueño: que, repetido, no hay robo pequeño—. Estos, pues, de mayor, como ya digo, excepción, uno y otro fiel testigo, la vida aseguraban, — mientras con mudas voces impugnaban la información, callados. los sentidos -—con no replicar sólo defendidos—; y la lengua que, torpe, enmudecía, con no poder hablar los desmentía; y aquella del calor más competente centrífica oficina próvida de los miembros despensera, que avara nunca y siempre diligente, 215 1692, componiendo; 1693, comprimiendo; 1715, componiendo; 1725, componiendo. 235 1692, centrifica; 1693, cientifica; 1715, centrifica; 1725, cen- trifica. 2T*
Scan 69
Sor Juana 240 7245 7250 255 260 ni a la parte prefiere más vecina, ni olvida a la remota, y, en ajustado natural cuadrante, las cantidades nota que a cada cual tocarle considera, del que alambicó quilo el incesante calor en el manjar, que medianero piadoso entre él y el húmedo interpuso su inocente substancia, pagando por entero la que ya piedad sea, o ya arrogancia, al contrario voraz necio la expuso -——merecido castigo, aunque se excuse, al que en pendencia ajena se introduce— Esta, pues, si no fragua de Vulcano, templada hoguera del calor humano, al cerebro enviaba húmedos, mas tan claros los vapores, de los atemperados cuatro humores, que con ellos, no sólo no empañaba los simulacros que la Estimativa dió a la Imaginativa, y aquésta, por custodia más segura, en forma ya más pura, entregó a la Memoria, que oficiosa 258. Refiérese a la antigua clasificación de las facultades del hom- bre. En el Libro del Ascenso y Descenso del Entendimiento, de Rai- mundo Lulio, en el capítulo De la Sustancia y Accidente del Hombre, se lee: “hay en el hombre cinco sustancias, que son la elementativa. ve- retativa, sensitiva. imaginativa Yy raciocinativa” ZOJd
Scan 70
Primero Sueño 265 270 7275 280 285 grabó tenaz y guarda cuidadosa, sino que daban a la Fantasía lugar de que formase imágenes diversas, y del modo que en tersa superficie, que de Faro cristalino portento, asilo raro fué, en distancia longísima se vían, (sin que ésta le estorbase), del reino casi de Neptuno todo, las que distantes le surcaban naves. Viéndose, claramente, en su azogada luna, el número, el tamaño y la fortuna que en la instable campaña transparente arriesgadas tenían, mientras aguas y vientos dividían sus velas leves y sus quillas graves: —así ella, sosegada, iba copiando las imágenes todas de las cosas, y el pincel invisible iba formando de mentales, sin luz, siempre vistosas, colores las figuras, no sólo ya de todas las criaturas —. sublunares, mas aun también de aquellas 269 169%, vian; 1698, vian; 1715, veian; 1725, vian. La variante de 1715 no es de aceptarse porque descompone el ritmo del verso.
Scan 71
Sor Juana 290 795 300 305 310 que intelectuales claras son estrellas, y en el modo posible que concebirse puede lo invisible, en sí, mañosa, las representaba y al alma las mostraba. La cual, en tanto, toda convertida a su inmaterial ser y esencia bella, aquella contemplaba, participada de alto ser centella, que con similitud en sí gozaba: Y juzgándose casi dividida de aquella que impedida siempre la tiene, corporal cadena, que grosera embaraza y torpe impide el vuelo intelectual con que ya mide la cantidad inmensa de la esfera—, ya el curso considera regular con que giran desiguales los cuerpos celestiales: culpa si grave, merecida pena, torcedor del sosiego rigoroso de estudio vanamente judicioso: puesta, a su parecer, en la eminente cumbre de un monte a quien el mismo Atlante que preside gigante a los demás, enano obedecía; u
Scan 72
Primero Sueño 315 3720 3725 3230 335 336 y Olimpo, cuya sosegada frente, nunca de aura agitada consintió ser violada, aun falda suya ser no merecía; pues las nubes que opaca son corona de la más elevada corpulencia, del volcán más soberbio que en la tierra gigante erguido intima al cielo guerra, apenas densa zona de su altiva eminencia, 0 asu vasta cintura cíngulo tosco son, que mal ceñido, o el viento lo desata sacudido, o vecino el calor del sol lo apura a la región primera de su altura, ínfima parte, digo, dividiendo en tres su continuado cuerpo horrendo, el rápido no pudo, el veloz vuelo del águila (que puntas hace al cielo y al sol bebe los rayos pretendiendo entre sus luces colocar su nido), llegar; bien que esforzando más que nunca el impulso, ya batiendo las dos plumadas velas, ya peinando con las garras el aire, ha pretendido, tejiendo de los átomos escalas, que su inmunidad rompan sus dos alas. Polifemo y Galatea: “peinar el viento.
Scan 73
Sor Juana 340 345 350 355 360 Las pirámides dos—ostentaciones de Menfis vano y de la Arquitectura último esmero—-, si ya no pendones fijos, no tremolantes, cuya altura coronada de bárbaros trofeos, tumba y bandera fué a los Ptolomeos que al viento, que a las nubes publicaba, si ya también al cielo no decía de su grande su siempre vencedora ciudad —ya Cairo ahora—, las que, porque a su copia enmudecía la fama, no cantaba gitanas glorias, ménficas proezas, aun en el viento, aun en el cielo impresas. Estas que en nivelada simetría su estatura crecía con tal diminución, con arte tanto, que cuanto más al cielo caminaba a la vista que lince la miraba, entre los vientos se desparecía sin permitir mirar la sutil punta que al primer orbe finge que se junta, hasta que, fatigada del espanto. no descendida, sino despeñada. se hallaba al pie de la espaciosa basa, 860 1692, mirar; 1693, mudar; 1725, mirar. 40
Scan 74
Primero Sueño 365 370 375 380 385 tarde o mal recobrada del desvanecimiento: que pena fué no escasa del visual alado atrevimiento, cuyos cuerpos opacos no al sol opuestos, antes avenidos con sus luces, sino confederados con él —como, en efecto, confinantes— tan del todo bañados de su resplandor eran. que lucidos nunca, de calorosos caminantes al fatigado aliento, a los pies flacos ofrecieron alfombra, aun de pequeña, aun de señal de sombra. Estas, que glorias ya sean gitanas o elaciones profanas, —bárbaros jeroglíficos de ciego error, según el Griego Ciego, también dulcísimo poeta— si ya por las que escribe aquileyas proezas o marciales, de Ulises, sutilezas, la unión no le recibe de los historiadores o le acenta cuando entre su catáloco le cuente. 390 —que gloria más que número le aumente—., de cuya dulce serie numerosa
Scan 75
Sor Juana 395 400 405 410 415 fuera más fácil cosa al temido Tonante el rayo fulminante quitar, o la pesada a Alcides clava herrada, que un hemistiquio sólo (de los que le dictó propicio Apolo) según de Homero, digo, la sentencia. Las pirámides fueron materiales tipos sólo, señales exteriores de las que dimensiones interiores especies son del alma intencionales: —que como sube en piramidal punta al cielo la ambiciosa llama ardiente así la humana mente su figura trasunta, y a la causa primera siempre aspira, céntrico punto donde recta tira la línea, si ya no circunferencia que contiene infinita toda esencia. Estos, pues, montes dos artificiales, (bien maravillas, bien milagros sean); y aun aquella blasfema altiva Torre, —de quien hoy dolorosas son señales, no en piedras, sino en lenguas desiguales porque voraz el tiempo no las borre, 9
Scan 76
Primero Sueño 470 475 430 435 440 los idiomas diversos que escasean el sociable trato de las gentes haciendo que parezcan diferentes los que unos hizo la naturaleza, de la lengua, por sólo la extrañeza— si fueran comparados a la mental pirámide elevada. (donde sin saber cómo colocada el alma se miró), tan atrasados se hallaran que cualquiera eraduara su cima por esfera: -—pues su ambicioso anhelo, haciendo cumbre de su propio vuelo, en la más eminente la encumbró parte de su propia mente, de sí tan remontada que creía que a otra nueva región de sí salía. En cuya casi elevación inmensa —gozosa, mas suspensa; suspensa, pero ufana, y atónita, aunque ufana, la suprema de lo sublunar reina soberana.— la vista perspicaz, libre de antojos, de sus intelectuales bellos ojos, sin que distancia tema, ni de obstáculo opaco se recele, ón N.. US
Scan 77
Sor Juana de que interpuesto algún objeto cele, 445 — libre tendió por todo lo criado: 450 455 460 465 cuyo inmenso agregado cúmulo incomprensible, aunque a la vista quiso manifiesto dar señas de posible, a la comprensión no, que entorpecida con la sobra de objetos, —y excedida de la grandeza de ellos su potencia— retrocedió cobarde: tanto no del osado presupuesto revocó la intención arrepentida, la vista que intentó descomedida en vano hacer alarde contra objeto que excede en excelencia las líneas visuales, contra el sol, digo, cuerpo luminoso, cuyos rayos castigo son fogoso, —que fuerzas desiguales despreciando, castigan rayo a rayo el confiado antes atrevido y ya llorado ensayo, necia experiencia que costosa tanto 451 1692, sobra; 1693, sombra; 1715, sobra; 1725, sobra, +
Scan 78
Primero Sueño fué, que Icaro ya su propio llanto lo anegó enternecido como el entendimiento aquí vencido, no menos de la inmensa muchedumbre de tanta maquinosa pesadumbre de diversas especies conglobado esférico compuesto, que de las cualidades de cada cual cedió tan asombrado que, entre la copia puesto, pobre con ella en las neutralidades de un mar de asombros, la elección confusa equívoco las ondas zozobraba: 470 475 430 Y por mirarlo todo nada vía, ni discernir podía, _ bota la facultad intelectiva en tanta, tan difusa incomprensible especie que miraba desde el un eje en que librada estriba la máquina voluble de la esfera, al contrapuesto polo, las partes ya no sólo que al Universo todo considera serle perfeccionantes a su ornato no más pertenecientes: 485 490 491 1692, no mas no mas pertenecientes, pertenecientes; 16898, mas pertenecientes; 1725 a Y
Scan 79
Sor Juana mas ni aun las que ignorantes, miembros son de su cuerpo dilatado, proporcionadamente competentes. 495 500 505 510 515 Mas como al que ha usurpado diuturna oscuridad de los objetos visibles los colores, si súbitos le asaltan resplandores, con la sobra de luz queda más ciego: —que el exceso contrarios hace efectos en la torpe potencia que la lumbre del sol admitir luego no puede por la falta de costumbre; y a la tiniebla misma que antes era tenebroso a la vista impedimento. de los agravios de la luz apela, y una vez y otra con la mano cela de los débiles ojos deslumbrados los rayos vacilantes, sirviendo ya piadosa medianera la sombra de instrumento para que recobrados por grados se habiliten, porque después constantes su operación más firmes ejerciten: (recurso natural, innata ciencia 495 1692, al que ha; 1693, al que usurpado: 1725, al que ha, = JO
Scan 80
Primero Sueño 520 525 330 535 540 que confirmaba ya de la experiencia, maestro quizá mudo, retórico ejemplar inducir pudo a uno y otro galeno para que del mortífero veneno, en bien proporcionadas cantidades, escrupulosamente regulando las ocultas nocivas cualidades, ya por sobrado exceso de cálidas o frías, o ya por ignoradas simpatías o antipatías con que van obrando las causas naturales su progreso, a la admiración dando, suspendida, efecto cierto en causa no sabida, con prolijo desvelo y remirada, empírica atención examinada en la bruta experiencia, por menos peligrosa, la confección hicieron provechosa, último afán de la apolínea ciencia de admirable triaca: ¡que así del mal el bien tal vez se saca!) : no de otra suerte el alma, que asombrada de la vista quedó de objeto tanto, la atención recogió, que derramada en diversidad tanta, aun no sabía recobrarse a sí misma del espanto A y
Scan 81
Sor Juana 345 550 555 360 565 que portentoso había su discurso calmado, permitiéndole apenas de un concepto confuso el informe embrión que mal formado inordinado caos retrataba de confusas especies que abrazaba, sin orden avenidas, sin orden separadas, —que cuanto más se implican combinadas tanto más se disuelven desunidas de diversidad llenas, ciñendo con violencia lo difuso de objeto tanto a tan pequeño vaso, aun al más bajo, aun al menor, escaso. Las velas, en efecto, recogidas que fió inadvertidas traidor al mar, al viento ventilante, buscando desatento al mar fidelidad, constancia al viento, mal le hizo de su grado en la mental orilla dar fondo destrozado al timón roto, a la quebrada entena, 546 1692, calmado; 1693, clamado; 1715, calmado. 1725, calmado. 554 1692, convinadas; 1698, convenidas; 1725, convinadas, ar 27d
Scan 82
Primero Sueño 570 575 580 585 590 295 besando arena a arena de la playa, el bajel astilla a astilla, donde ya recobrado el lugar usurpó de la carena: —cuerda refleja, reportado aviso de dictamen remiso, que en su operación misma reportado más juzgó conveniente a singular asunto reducirse, o separadamente una por una discurrir las cosas, que vienen a ceñirse en las que artificiosas dos veces cinco son catecorías: —reducción metafísica que enseña los entes concibiendo generales en sólo unas mentales fantasías donde de la materia se desdeña el discurso abstraído, ciencia a formar de los universales, reparando advertido, con el arte el defecto de no poder con un intuitivo conocer acto todo lo criado, sino que haciendo escala de un concepto en otro va ascendiendo grado a grado, y el de comprender orden relativo
Scan 83
Sor Juana sigue necesitado de él—del entendimiento limitado vigor—, que a sucesivo discurso fía su aprovechamiento: 600 605 610 615 cuyas débiles fuerzas la doctrina con doctos alimentos va esforzando, y el prolijo, si blando continuo curso de la disciplina, robustos le va alientos infundiendo: con que más animoso al palio glorioso del empeño más arduo altivo aspira los altos escalones ascendiendo en una ya, ya en otra cultivado, facultad; hasta que insensiblemente la honrosa cumbre mira, —término dulce de su afán pesado—, (de amarga siembra fruto al gusto grato, que aun a largas fatigas fué barato) y con planta valiente la cima huella de su altiva frente. De esta serie seguir mi entendimiento 597 1692, del, de el; 1698, de él, del: 1725, del, de el. Wárd
Scan 84
Primero Sueño 520 56725 630 635 el Método quería o del ínfimo grado del ser inanimado menos favorecido, sino más desvalirdo, de la segunda causa productiva pasar a la más noble jerarquía, —que en vegetable aliento primogénito es, aunque grosero, de Temis el primero, que a sus fértiles pechos maternales con virtud atractiva, los dulces apoyó manantiales de humor terrestre, que a su nutrimiento natural es dulcísimo alimento; y de cuatro adornada operaciones de contrarias acciones ya trae, ya segrega diligente lo que no serle juzga conveniente; ya lo superfluo expele y de la copia la substancia más útil hace propia. Y esta va investigada 618.—Es muy posible que se refiera al Discurso sobre el Método de Descartes. Obsérvese la íntima relación que existe entre la tercera re- yla de Descartes y el contenido de los versos números 593 - 595 y 618-625. “Le troisiéme, de conduire par ordre mes pensées, en commengant par les objete les plus simples et les plus aisés € connaitre, pour monter peu 3 peu comme par degrés jusques á la connaissance des plus composés, et supposant méme de Vordre entre ceux qui ne se précedent point na- :urellement las uns les autres; Discours de la Méthode, deuxieme npartie, váginas El y 52, 1928. editions du Centaure. París. 298
Scan 85
Sor Juana 640 645 650 655 660 665 forma inculcar más bella, de sentido adornada: y aun más que de sentido de aprensiva fuerza imaginativa, que justa puede ocasionar querella cuando afrenta no sea, de la que más lucida centellea inanimada estrella, bien que soberbios brille resplandores: que hasta a los astros puede superiores aun la menor criatura, aun la más baja, ocasionar envidia, hacer ventaja. Y de este corporal conocimiento haciendo (bien que escaso) fundamento al supremo pasar maravilloso compuesto triplicado de tres acordes líneas ordenado; y de las formas todas inferiores compendio misterioso; visagra engazadora de la que más se eleva entronizada, naturaleza pura; y de la que criatura menos noble se ve más abatida, —no de las cinco solas adornada sensibles facultades—. mas de las interiores, 2
Scan 86
Primero Sueño que tres rectrices son ennoblecida que para ser señora de las demás, no en vano la adornó sabia poderosa mano, fin de sus obras, círculo que cierra la esfera con la tierra; última perfección de lo criado y último de su eterno autor agrado; en quien, con satisfecha complacencia, su inmensa descansó magnificencia: fábrica portentosa que cuanto más altiva al cielo toca sella el polvo la boca, de quien ser pudo imagen misteriosa la que Aguila Evangélica, sagrada visión en Patmos vió, que las estrellas midió y el suelo con iguales huellas: o la estatua eminente que del metal mostraba más preciado la rica altiva frente; y en el más desechado material flaco fundamento hacía con que a leve vaivén se deshacía: 690 el hombre, digo, en fin, mayor portento 675 . 667. Las tres potencias del alma: memoria, entendimiento y volun- tad. También es posible que se refiera a las tres escalas—acto, pasión y acción—que rigen el intelecto humano y lo colocan sobre la digni- dad de sus cinco sentidos. (Intellectus conjuctus. Actus, passio. uctio. De la Escala Intelectual de Raimundo Lutio). 1692. rectrices: 16983. retrices: 1725, rectrices. in
Scan 87
Sor Juana 695 700 705 710 que discurre el humano entendimiento, compendio que absoluto parece al ángel, a la planta, al bruto, cuya altiva bajeza toda participó naturaleza. ¿Por qué? Quizá porque más venturosa que todas, encumbrada, a merced de amorosa unión sería. ¡Oh, aunque repetida, nunca bastantemente bien sabida merced! Pues, ignorada, en lo poco apreciada parece, o en lo mal correspondida. Estos, pues, grados discurrir quería unas veces, pero otras disentía, excesivo juzgando atrevimiento el discurrirlo todo. Quien aun la más pequeña, aun la más fácil parte no entendía de los más manuales efectos naturales; quien de la fuente no alcanzó risueña el ignorado modo con que el curso dirige cristalino, >
Scan 88
Primero Sueño 715 7720 725 730 735 740 deteniendo en ambages su camino los horrorosos senos de Plutón, las cavernas pavorosas del abismo tremendo, las campañas hermosas, los elíseos amenos, tálamos ya de su triforme esposa, clara pesquisidora registrando, útil curiosidad aunque prolija, que de su no cobrada bella hija noticia cierta dió a la rubia diosa, cuando montes y selvas trastornando, cuando prados y bosques inquiriendo, su vida iba buscando, y del dolor su vida iba perdiendo; quien de la breve flor aun no sabía por qué ebúrnea figura circunscribe su frágil hermosura; mixtos por qué colores confundiendo la grana en los albores, fragante le son gala; ámbares por qué exhala, y el leve, si más bello ropaje al viento explica que en una y otra fresca multiplica hija, formando pompa escarolada de dorados perfiles cairelada, 721 Así es llamada con frecuencia la diosa Diana.
Scan 89
Sor Juana 745 750 755 760 765 770 que roto del capillo el blanco sello de dulce herida de la cipria diosa los despojos ostenta jactanciosa; si ya el que la colora, candor al alba, púrpura al aurora, no le usurpó y, mezclado, purpúreo es ampo, rosicler nevado, tornasol que concita los que del prado aplausos solicita, preceptor quizá vano, si no ejemplo profano de industria femenil que el más activo veneno hace dos veces ser nocivo en el velo aparente de la que finge tez resplandeciente: pues si a un objeto sólo—repetía tímido el pensamiento— huye el conocimiento y cobarde el discurso se desvía, si a especie segregada como de las demás independiente, como sin relación considerada, da las espaldas el entendimiento, y asombrado el discurso se espeluza del difícil certamen que rehusa acometer -valiente porque teme cobarde comprenderlo, o mal, o nunca, o tarde: ¿cómo en tan espantosa UA
Scan 90
Primero Sueño máquina inmensa discurrir pudiera, —cuyo terrible incomparable peso 775 780 785 790 si ya en su centro mismo no estribara, de Atlante a las espaldas agobiara, de Alcides a las fuerzas excediera: y el que fué de la esfera bastante contrapeso, pesada menos, menos ponderosa su máquina juzgara que la empresa de investigar a la naturaleza? Otras, más esforzado, demasiada acusaba cobardía. el lauro antes ceder que en la lid dura haber siquiera entrado, y al ejemplar osado del claro joven la atención volvía, —auriga altivo del ardiente Carro—: y el (si infeliz) bizarro alto impulso el espíritu encendía donde el ánimo halla, más que el temor ejemplos de escarmiento, abiertas sendas al atrevimiento que una ya vez trilladas no hay castigo que intento baste a renovar segundo; ; 1692, incomportable; 1693, incomparable; 1725, 783 1692, en la lid: 1693. en lid: 1715, en la ld; incomportable. 1725. en la lid
Scan 91
Sor Juana 795 200 805 RIO 815 R 70 segunda ambición, digo, ni el panteón profundo cerúlea tumba a su infeliz ceniza, ni el vengativo rayo fulminante mueve por más que avisa al ánimo arrogante que el vivir despreciando determina su nombre eternizar en su ruína; tipo es antes modelo ejemplar pernicioso que alas engendra a repetido vuelo del ánimo ambicioso que del mismo terror haciendo halago que al valor lisonjea, las glorias deletrea entre los caracteres del estrago. O el castigo jamás se publicara, porque nunca el delito se intentara, político silencio antes rompiera los autos del proceso, circunspecto estadista, o en fingida ignorancia simulara, o con secreta pena castigara el insolente exceso, sin que a popular vista el ejemplar nocivo propusiera: que del mayor delito la malicia peligra en la noticia
Scan 92
Primero Sueño 825 830 835 840 845 contagio dilatado trascendiendo; que singular culpa sólo siendo, dejara más remota a lo ignorado su ejecución, que no a lo escarmentado. Mas mientras entre escollos zozobraba, confusa la elección, sirtes tocando de imposibles en cuantos intentaba rumbos seguir, no hallando materia en que cebarse el calor ya: pues su templada llama (llama al fin, aunque más templada sea) que si su activa emplea operación, consume, sino inflama sin poder excusarse había lentamente el manjar transformado propia substancia de la ajena haciendo; y el que hervor resultaba bullicioso de la unión entre el húmedo y ardiente en el maravilloso natural vaso había ya cesado (faltando el medio) y consiguientemente los que de él ascendiendo soporíferos, hámedos vapores. 824 1692, que singular; 1693, porque singular; 1715, que singlar: 1725, que singular. 839 1692, haciendo; 1698, haciendo; 1715, haciendo: 1725, hacienda. _U=
Scan 93
Sor Juana 850 855 860 865 870: el trono racional embarazaban desde donde a los miembros derramaban dulce entorpecimiento, a los suaves ardores del calor consumidos, las cadenas del sueño desataban. Y la falta sintiendo de alimento los miembros extenuados del descanso cansados, ni del todo despiertos, ni dormidos, muestras de apetecer el movimiento con tardos esperezos ya daban, extendiendo los nervios, poco a poco, entumecidos; y los cansados huesos, aun sin entero arbitrio de su dueño volviendo al otro lado, a cobrar empezaron los sentidos dulcemente impedidos del natural beleño su operación los ojos entreabriendo. Y del cerebro ya desocupado los fantasmas huyeron, y como de vapor leve formada en fácil humo, en viento convertida, su forma resolvieron: al
Scan 94
Primero Sueño 875 880 05 890 895 —así Linterna Mágica pintadas representa fingidas en la blanca pared varias figuras, de la sombra no menos ayudada que de la luz que en trémulos reflejos los competentes lejos guardando de la docta perspectiva en sus ciertas mensuras, de varias experiencias aprobadas la sombra fugitiva, que en el mismo esplendor se desvanece, cuerpo finge formado de todas dimensiones adornado cuando aún ser superficie no merece. En tanto el padre de la luz ardiente de acercarse al oriente ya el término prefijo conocía y al antípoda opuesto despedía con transmontantes rayos que de su luz en trémulos desmayos en el punto hace mismo su occidente, que nuestro oriente ilustra luminoso. Pero de Venus antes el hermoso apacible lucero 892 1692, que de su luz; 1698, que de luz; 1725, que de su luz,
Scan 95
Sor Juana 200 205 910 9215 9220 rompió el albor primero, y del viejo Titán la bella esposa, -—amazona de luces mil vestida, — contra la noche, armada, hermosa si atrevida, valiente aunque llorosa su frente mostró hermosa de matutinas luces coronada. aunque tierno preludio, ya animoso del planeta fogoso, que venía las tropas reclutando de bisoñas vislumbres, las más robustas veteranas lumbres para la retaguardia reservando contra la que tirana usurpadora del imperio del día, negro laurel de sombras mil ceñía y con nocturno cetro pavoroso las sombras gobernaba, de quien aun ella misma se espantaba. Pero apenas la bella precursora signífera del sol, el luminoso. en el oriente tremoló estandarte, tocando al arma todos los suaves si bélicos clarines de las aves, diestros (aunque sin arte) trompetas sonorosos, ¡Uy
Scan 96
Primero Sueño 9925 930 935 940 945 950 cuando, (como tirana al fin), cobarde de recelos medrosos embarazada —bien que hacer alarde intentó de sus fuerzas, oponiendo de su funesta capa los reparos, breves en ella, de los trajes claros heridas recibiendo; bien que mal satisfecho su denuedo, pretexto mal formado fué del miedo, su débil resistencia conociendo, a la fuga ya casi cometiendo más que a la fuerza, el medio de salvarse— ronca tocó vocina a recoger los negros escuadrones para poder en orden retirarse, cuando de más vecina plenitud de reflejos fué asaltada. que la punta rayó más encumbrada de los del mundo erguidos torreones. Llegó, en efecto, el sol cerrando el giro. que esculpió de oro sobre azul zafiro de mil multiplicados mil veces puntos, flujos mil dorados: líneas, digo, de luz clara salían de su circunferencia luminosa, pautando al cielo la cerúlea plana y a la que antes funesta fué tirana
Scan 97
Sor Juana 955 I60 965 970 de su imperio, atropadas embestían que sin concierto huyendo presurosa en sus mismos horrores tropezando su sombra iba pisando y llegar al ocaso pretendía con el (sin orden ya) desbaratado ejército de sombras, acosado de la luz que el alcance le seguía. Consiguió, al fin, la vista del ocaso el fugitivo paso y en su mismo despeño recobrada esforzando el aliento en la ruina, en la mitad del globo que ha dejado el sol desamparado, segunda vez rebelde determina mirarse coronada, mientras nuestro hemisferio la dorada ¡lustraba del sol madeja hermosa, que con luz judiciosa de orden distributivo, repartiendo a las cosas visibles sus colores iba restituyendo entera a los sentidos exteriores 970 1692, repartiendo; 1693, repitiendo; 1725, repartiendo.
Scan 98
Primero Sueño su operación, quedando a luz más cierta 975 el mundo iluminado y yo despierta. Sor Juana Inés de la CRUZ EDICIONES pr fijar, en lo posible, el texto de Primero Sueño de Sor Juana, me he valido de las ediciones de 1692 (Sevilla, se- gundo volumen páginas 247-276), 1593 (Barcelona, segundo to- mo, páginas 171-200. La página 173, por error tipográfico dice 169), 1715 (Madrid, segundo tomo, páginas 171-200) y 1725 (Ma- drid, segundo tomo, páginas 158-183). (1). Todos los textos—aun el de la primera edición de 1692— están estragados. Además de las naturales variantes ortográficas, tan comunes en la época, observo cambios y supresiones de pa- labras que alteran o dificultan el sentido de algunos pasajes. Estos defectos, si molestos en cualquier texto noble, suben de punto en una obra de suyo difícil y delicada como es El Sue- ño, pues embarazan, no tan sólo su comprensión, sino aun su simple lectura. Por esto no he vacilado en anotar, con minucio- (1) Don Antonio Palau y Dulcet en su INVENTARIO BIBLIOGRAFI- CO (Barcelona, tomo 29, páginas 336 a 387), cita, además, las edi- ciones siguientes de “SEGUNDOS TOMOS” de las obras de Sor Jua- na: Sevilla, 1691, y Valencia 1709. La de 1709 no la he podido con- sultar, Pedro Henríquez Ureña opina que la de 1691 mo existió. (Revue Hispanique XL páginas 185-186). Puede, pues, considerarse somo edición primera la de 1692, Sevilla, por Tomás López de Haro. Miss Dorothy Schons supone otra edición del tomo 29 de 1693, (nota número 16, de la página 34, de la Biblografía de Sor Juana Inés de la Cruz, Secretaría de Relaciones, 1927, México). Los tomos que cito pertenecen: el de 1692, a don Artemio de Valle Arizpe; el de 1698, a la Bibloteca de la Secretaría de Educación Pública; el de 1715, a don Luis González Obregón: y el de 1725 a don Salvador Novo. TE,
Scan 99
Sor Juana sidad, todas las variantes que me han parecido no hijas de me- ros descuidos de impresión o de capricho tipográfico, sino conse- suencia de la propia oscuridad o incertidumbre del texto. No alcanzo ninguna razón para conservar la ortografía del siglo de Sor Juana. Si se tratara, por ejemplo, de los siglos XIII o XIV en los cuales la formación o transformación interna del idioma se refleja hasta en las minucias de una vocal, de un acento o de una letra traspuesta, entendería yo que fuera preciso mantener sin alteración alguna —para dar pie a los subsecuentes estudios filológicos—, la redacción genuina del poema, Pero se trata de una composición de fines del siglo XVII,—casi del re- glamentario siglo XVIII—cuando el problema de la química del idioma puede decirse que está resuelto. La irregularidad orto- gráfica se debe, pues, mejor que a causas interiores, a la falta de un cédigo literario que precisara los usos y costumbres de las letras. Recuérdese que la Academia tuvo principio en 1713, y que su primer diccionario no apareció sino en 1726. Es claro que cuando tropiezo con alguna palabra cuya forma moderna lastima el ritmo del verso la dejo intacta. La dificultad más grande que he tenido que vencer es la que se refiere a la puntuación. Bien dice Manuel Toussaint que Sor Juana abusaba un poco de ciertos signos de puntuación como, por ejemplo, de la coma lo que hace fatigosa la lectura. Siem- pre que he podido descubrir, sin un ápice de duda, el sentido de un pasaje he acomodado la puntuación a esta dnteligencia. En los casos—muy pocos—en que el concepto del poema es confuso, o la intención de Sor Juana no claramente definida, me atengo a la puntuación más autorizada: a la que trae, v. g., la edición de 169929. Anoto también por vía de información algunas relaciones en- ire la obra de Sor Juana y los poemas de Góngora. (CONTINUARÁ) E. ABREU GOMEZ ¿Fi A
Scan 100
Motivos MAGIA NEGRA Y MAGIA BLANCA(C*) 70 a todas las naturalezas aprovechan igualmente los viajes. Algunas, ricas de su propia inquietud, dibujadas más bien según el modo de una elegancia demasiado auténtica, se pier- den en cuanto no cuidan de conservarse. Otras buscan tanto en el vaso de cada aventura, beben en él con avidez tan codiciosa, que, al hacer en la hora del regreso el balance de lo adquirido, una bruma les aleja la felicidad y un invierno prematuro se las marchi- ta. Al de la curiosidad, el temperamento discreto debe añadir así —para no romper el equilibrio de su postura—el don del arrebato. Un poco de esta virtud de extraviarse en las cosas—para encon- trarse después en ellas con voluptuosidad mayor—parece haber faltado precisamente a Paul Morand ante el problema del negro en las aventuras y relatos de negros que ahora reune. Fuera de su medio (hoteles de Europa y Norteamérica, tea- (*) Paul Morand, Magie Noire. Grasset, París. 1928.
Scan 101
Magia Negra tros, cabarets, fonógrafos y bibliotecas eróticas, estaciones senti- mentales de ferrocarril) el escritor cosmopolita corre el peligro de no sentirse nunca verdaderamente universal. Allí donde otro nove- lista acierta, profundamente centrado en alguna tradición racial, él, que pasó sobre todas las tradiciones, desdeñándolas, queda de pronto sin términos de relación, ausente de sí mismo—y del mundo. Así, la realización dentro de un tipo tan limitado y tan local como el Quijote pudo convertirse, con los años, en un símbolo de hu- manidad genérica. El mismo tiempo que lo universalizaba iba li- mitando más cada vez, en cambio, a los abstractos héroes de la tra- gedia francesa que, en manos de Racine o de Corneille, nacían—o pretendían nacer—con vocación de caracteres genera les. de resúmenes psicológicos, de términos. Se ha repetido que el francés no tiene cabeza épica. Con mayor justicia—no con menor dureza—podría decirse que tampoco la tiene itinerante. Fuera de París, se pierde pronto y, como es hombre de imaginación—no en vano Tartarín fué de su raza—donde se pierde, inventa. Así, frente a la España escrupulosa de Mérimée, real en su dramatismo sombrío, Gautier inventa una España irreal, de pande- reta, y Hugo, frente al tonel de Heildelberg sueña con un río de vino que, si no estuvieran ya completamente borrachos de la ima- ginación de su autor, sería capaz de embriagar a todos los héroes de La Leyenda de los Siglos. La actitud ahora del via- jero Morand, a través de las páginas de Mag ia Negra, nose distingue mucho de esta ausencia romántica del sentido de la res- ponsabilidad. Mientras el autor de la Europa Galante no se alejó demasiado del mapa erótico que en el siglo XVIII le dibujó la avidez insaciable del Abate Casanova, mientras vivió, con un libro del Aretino o de Freud en la cabecera, las noches de Charlottenburgo 9 de Barcelona, su obra—tocada de una sensualidad cruel y verda- deramente legendaria, como las Moralida des de Laforgue— pudo parecer el principio de una realización admirable. El princi- <i”
Scan 102
Motivos pio, sí, y, más a menudo, el término. El Espejo de Tres Lunas, La Noche Nórdica, Lorenzaccio, eran ya páginas perfectas de sensualidad, de sensibilidad y de fantasía con- temporáneas, No contento con haber incorporado al idioma de las letras francesas el léxico y las inflexiones expresivas de post- guerra, Morand—que posee en alto grado el sentido de la literatura clásica—quería enriquecer, al mismo tiempo que el estilo de sus novelas, el carácter de su contenido histórico. De las simples aven- turas sentimentales de Tendres Stocks , galantes ya de Ouvertla Nuit, pasó, en Fermé la Nuit, auna actitud más ambiciosa: la de obtener, con los datos de un problema sexual resuelto o irresoluto, el tono y la temperatura de una ciudad y de una época. Por eso, en tanto que en Clarisse, de Tendres Stocks, Londres no es sino un fondo impreciso, escenario llu- vioso de teatro, en la Nuit.de Babylone, de Fermé la Nuit, París, la ciudad, está constantemente en escena con sus ca- lles de esmerilada atmósfera, sus mujeres “de caderas desnudas, tan dulces bajo la falda leve”, sus ministerios de un día y sus amores, tallados, como camafeos, en la piedra de una noche blan- da... (*). Sin embargo, esta ambición social—nutrida del conocimiento de las cosas y de los ambientes—no podía, sin grave riesgo, ex- tenderse al mundo. Lejos de Europa, lo que ha faltado a Morand no ha sido por cierto ni buena intención de comprender, ni inquie- tud verdadera de variar: lo que le ha faltado ha sido paciencia y pasión. Por eso Bouddha Vivant , Una de las concepciones más inteligentes de la novela contemporánea, no fué, una vez escri- “* Refiriéndose a ese aspecto de la obra de Morand dice Benjamín Crémieux en el estudio que le dedica: “Fermé la Nuit des- arrolla y acentúa el problema social que, en Ouvert la Nuit, estaba en germen. Cada vez son menos los individuos y más los tipos sociales que Morand nos describe... Lo que seduce en él no es la exactitud de sue pinturas, sino la creación poética, mística cast de una atmósfera de leyenda ultramoderna.”
Scan 103
Magia Negra ta, sino una realización mediocre, inferior aún a Lewis et [rene. Por eso también Le Voyage au Mexique, apa- recido en Les Annales de 1927, es la obra de un turista in- teligente que no vió de México sino un trozo de superficie cosmo- polita-—el Paseo de la Reforma, las Pirámides de Teotihuacán, los domingos del Bosque, en Chapultepec—y el interior mexicano del Museo de Arqueología, demasiado rico para asimilado en una apresurada sesión. Magia Negra, al marcar la primera caída visible del es- critor que oficiaba tan admirablemente en los ritos de la magia blanca—europea—en que se especializó, nos sitúan frente a un nuevo caso de impreparación, de fluidez sin profundidad. El cro- nista de la sensibilidad del siglo XX que apreciábamos en Paul Morand se ha ido convirtendo, al través de estas obras suyas, ac- tuales, en un. repórter de talento. Si seis días de amistades via- jeras le parecieron bastante documentación para un relato de am- biente mexicano, ¿cómo no desconfiar de la preparación a que se haya sometido para llevar a término este libro difícil? Los negros de las Antillas que, como fantasmas vanos de cinematógrafo, se agitan sobre la pantalla casi incolora de Le Tzar Noir, notie- nen ni la consistencia psicológica ni el dibujo legendario ni, por ejemplo, el vago perfil humorístico de los portugueses que conoci- mos en las páginas más atrevidas de Lorenzacec io. En cuanto a los negros de Nortemérica, la mistificación es evidente. Una visita por los barrios de Harlem en Nueva York, en camino hacia el Bronx, una o dos representaciones de negros en la compañía de revistas negras del “New Ansterdam”, el sabor de un coktail de nombre poético, preparado en un cabaret en que la concurrencia blanca y los cantineros negros juegan, para deleite de los ojos, un animado dominó cubista y, más que todo, el recuer- do ágil de Josefina Baker—indudablemente el modelo de que se aprovechó Morand. para el delicioso desnu do de Congo, ano de los buenos relatos del volumen—he aquí la información que lá
Scan 104
Motivos un escritor cosmopolita necesitaba para escribir una obra super- ficial. Y esta fué la que el autor de Magie Noire eligió. Por desgracia la sensibilidad de una raza—y de una raza tan compleja en su falsa, decrépita ingenuidad—no se inventa tan de prisa. Para recrearla después, es preciso, primero, descubrirla. Y no hay descubrimiento sin lentitud. - En cuanto al estilo de la prosa en que estos relatos se expre- san, la simplificación que deseamos alguna vez frente a la riqueza excesiva y un poco espasmódica de Ouvert la Nuit, la ade- cuación lógica sobre todo que Marcel Proust aconsejaba a Morand en el prólogo de Tendres Stocks, no eran seguramente es- tas a que, en ciertas páginas periodísticas de Magie Noire, ha llegado. Hay una desnudez desdeñosa del adorno de que supo despo- jarse. Otras—a mitad y mitad hechas de prisa y de descuido—no demuestran sino la nerviosidad que les arrebató el tiempo o el gusto de vestirse. La desnudez de la prosa de Morand en algunos relatos de su último libro no es todavía de esta clase, pero ¡cuánto hemos tenido que releerlo, en sus horas felices, para no decidirnos ahora a asegurarlo! El abuso de imágenes técnicas, de violentas trasposiciones ideológicas, era ciertamente, en las Noches, el principio, el delicioso principio de un defecto, pero el tono directo, telegráfico, de Magie Noire no implica un paso hacia la depuración sino un punto de espera y, a veces, un regreso. Algunas frases quedan, testigos todavía de las victorias antiguas, como ésta que recuerda la vibración de un versículo disuelto en un párrafo de la prosa de Maldoror: “Era tan terriblemente negro que, en su fiel, se apaga- ban las luces.” A
Scan 105
Dama de Corazones O ésta, igualmente aplicable a la Congo de sus relatos. que a Josefina Baker, real: "Cada uno de sus reflejos es imprevisto y perfecto como la imagen de un verdadero foeta” Esta última, sobre todo, perdida modestamente en el texto como la joya de un finísimo, imperceptible kai kai: “La carne. esa melodía del cuerdo... A pesar de estos hallazgos, la impresión general que perdura en el lector frente al espectáculo del libro inconcluído es, en su lamentable impaciencia, la de las obras hechas de prisa. ¿Y no es ya la peor consecuencia del viaje esta prisa por regresar al puerto frio, seguro, de la tradición, cuando el regreso anula precisamente las despiertas curiosidades de la partida y confiesa, en su término, el desencanto de la aventura principiada? —- Jarme TORRES BODET. DAMA DE CORAZONES () Y” sé que Xavier Villaurrutia preferiría, en lugar de esta nota, una carta. Una carta escrita desde lejos: Europa, Oriente, América del Sur. Una carta. A la primera evocación del pai- (*) Xavier Villeurrutia, Dama de Corazones, con cuatro dibujos del autor.—México, Ediciones de Ulises, 1928.
Scan 106
Motivos saje,.—hay que ser claro, con esa claridad ordenada de una gama de color—sucedería una visión substancial de la mesa de trabajo, de la ventana abierta, del último libro al alcance de las manos. Yo sé que Xavier Villaurrutia leería esa carta y la comentaría con al- gún amigo cercano y escribiría, a su vez, otra carta para hablar de ella al amigo ausente. Colocado en un punto de referencia, sería vigía y estación de radio, las antenas prestas a recibir el mensaje y la inteligencia desperta para repartirla entre los demás. Lo sé, porque la DAMA DE CORAZONES ha descubierto un secreto que ya no lo era para sus amigos. Por sus confesiones— ligeras confesiones, a trechos, separadas—sabemos que nos quie- re; pero a lo lejos. No en esa lejanía abstracta del sueño, sino en esa más real de la distancia. Una lejanía que se convierte en inte- ligencia, hay que advertirlo; en una pasión intelectual, que busca en las cartas de sus amigos a esos mismos amigos. La amistad, para él, es una idea y, a veces, una letra. Se ha decidido a publicar—por fin—uno de los relatos que guardaba celosamente desde 1925. En una edición elegante y co- rrecta, ilustrada por el autor, la obra limpia aparece sola, en va- liosa concisión, sin soportes, desnuda. Se penetra en ella sin vaci- laciones, como por un ancho portal de proporciones regulares y de estructura ambiciosa. El interior—la novela—contiene en sí un afán geométrico, una intención matemática, que lo depura. A, veces, el relato se insensibiliza. Vista desapasionadamente, la Dama de Co- razones atrae por la simétrica disposición de sus dos cabezas. El autor, que ha huido hasta donde le ha sido posible de los enigmas y de los símbolos, nos la presenta tal como es, en una verdad de la apariencia: dos formas unidas, dos manchas de color que se acer- can, se confunden, en un conjunto realmente indestructible. Ante todo, pretende crear una visión plástica del objeto. Pero más que la impresión total, Villaurrutia parece recibir una impre- sión de contorno, semejante a la de un dibujo de líneas que des- tierra y deja en blanco los valores de la materia. Respecto a esta 32 ara
Scan 107
Dama de Corazones actitud, nos ilustran suficientemente los dibujos del autor inter- calados en el texto. Raras veces los comentarios plásticos han es- tado tan de acuerdo con la obra escrita. Los miembros se desarti- culan, las formas totales se fragmentan y hay una intención de volverlas a unir al conjunto en una forma sabia, es verdad; pero que carece de un cálido aliento vital. Villaurrutia, que repetidas veces ha sido un preconizador de la emoción humana en la poesía, en esta novela se nos presenta fríamente deshumanizado. Parece que de la vida solamente le interesa la técnica, es decir, aquello que más se aleja de la vida como ritmo esencial, pasión sin forma. El relato se desarrolla a saltos, con rapidez. ¿Como en un sueño? Así sería si no fuera por la descripción minuciosa, cuida- dosa, atenta, caricia satisfecha en sí misma. Le falta, para un sue- ño, ese abandono de la voluntad en que las cosas nacen, unas de otras, sin intención de quien las sueña. En la novela de Xavier Vi- llaurrutia, todo nace de la voluntad y lo accesorio se apodera de la anécdota y la tortura; la trama renace después de una complicada evocación en la que el pensamiento del autor, más que relata, in- quiere y juzga. Ausente el juicio, podríamos pensar en el milagro de la poesía; pero todo estímulo poético se ahoga cuando se ahoga la sensibilidad, se desvanece cuando privan la inteligencia y el deporte. “De las poesías—dice el protagonista—sólo me quedan, enredadas en la memoria, las metáforas”. ¿No es mejor la otra actitud, expresada en otro lugar, tímidamente expresada como un deseo?: “Yo sería como Adán y como Linneo, y al mismo tiempo el mejor poeta dadaísta”, Termina el libro cuando comenzábamos a leerlo. Cuando sa- bíamos con certeza que algo iba a suceder. Así pasa a menudo en los sueños. Pero las manos luminosas del día, al entreabrirnos los ojos, nos hace dueños, otra vez, de la visión del mundo. La Dama de Corazones continúa delante de nosotros, con sus dos cabezas simétricas desnudas de sentido, ricas de belleza y de color.— En- rique GONZALEZ ROJO A
Scan 108
Motivos EUROPA Y LA PINTURA EN 1928 [pyremocaDo e pintor Georges Braque sobre lo que pen- saba con respecto a la joven pintura respondió: “Es muy posible que hoy—1928—- atravesemos por una época confusa en la cual elementos literarios se mezclan a una cierta pintura. Lo que yo busco siempre en pintura es el elemento poético, ese ele- mento que viene de la pintura misma y que es en suma la con- Junción de dos hechos plásticos. Me acuerdo haber escrito algu- na vez: yo amo la regla que corrige la emoción.” ¿Anuncia el gran artista el sometimiento a la disciplina de la razón y de la inteligencia para dominar la inspiración, para ponerle un fre- no, para canalizarla, para orientarla? ¿Se traduce en sus pala- bras una violenta y fuerte reacción contra la teoría de “dejar hacer” de los suprarrealistas?; posiblemente la joven pintura europea, la del año actual, la que están haciendo los jóvenes ha comprendido que toda obra estable y duradera es hija de mu- chos factores, étnicos, mentales, intuitivos y se ha dado a la ta- rea de encauzar la fantasía y la imaginación, Se vuelve con es- to a una forma normal de arte que siempre ha privado en las grandes épocas de la pintura. Hablando de esta joven pintura, Tériade, dice: “Es preciso considerar el arte de nuestra época—la actual—como un arte de movimiento. Su inmenso interés reside en sus invenciones, en sus conquistas técnicas, en sus experiencias en el dominio de la sen- sibilidad, en esta poesía, en fin, que está camino de independi- zarse con los elementos más puros, más individuales. Si propo- nemos una renovación fauve es que no hay nada más saluda- ble para el arte que cuando se- detiene para enumerar las vic- torias que dan nervio e impulsión vital a la juventud. Las deten- ciones provisionales, en toda cosa, son, en ocasiones, nuevos pun- tos de partida. Todo debe recomenzarse según la necesidad; el 3
Scan 109
Europa y la Pintura arte es el precio de este coraje; hay una necesidad natural, y esta es una de ellas, entre los predestinados a crear porque ellos aportan el elemento nuevo de toda creación, intentando sus propias experiencias para adquirir maestría y disciplina y reve- lándose y presintiendo una dirección personal. A través de la in- diferencia de nuestra época—en que priva el negocio—la voluntad de los jóvenes no decaerá hasta afirmarse, el elemento nuevo que ellos aportan se independiza lentamente y se hace más visi- E
Scan 110
Motivos ble. Primero: la recherche de un compromiso entre el rigor matemático de los pintores cubistas—aquí dibújase la génesis del nuevo movimiento que llamaré neo-cubista—y el naturalismo exasperado; ellos esperan así rehuir de un realismo subjetivo, más humano, dando una concesión importante a la imaginación -—por las vías de los superrealistas—. Segundo: el encaminamien- to de los jóvenes hacia una pintura más pura, que Tériade ex- plica asf: “Ya la generación precedente—la de Picasso y Bra- que—ha pretendido libertar a la pintura de la tutela de la re- presentación que la tenía prisionera de una realidad inimitable. Ella, la generación precedente, ha querido emancipar la pintura y elevarla al rango espiritual de las artes que se bastan a sí mismas y que, desviadas del lado exterior, emplean todas sus re- sonancias en profundidad. La pintura, en la cual el papel exte- rior consistía en copiar e imitar fielmente y por los medios re- glamentarios la apariencia meramente óptica (no la equivalen- cia de la sensación sino la copia convencionalmente exacta) iba, por el esfuerzo de algunos pintores a buscar sus propias posi- bilidades de belleza, de riqueza y de poesía. La acción plástica, los acordes de las líneas plenas de la esencia de las cosas, de los volúmenes y de los planos constructivos de arquitecturas hu- manas, de la materia, en fin, sensualmente acercada a nosotros, lebía reemplazar la acción externa de la anécdota, actividad apa- rente de la figuración. Tomemos como ejemplo a Picasso. Par- tiendo siempre de la realidad como de una idea base, ha buscado despojarla de todo aspecto inútil y por una abstracción legítima la ha conducido a sus elementos plásticos esenciales. Lo logró y ello diversamente, según los períodos, hasta sus últimos tra- bajos donde toca los límites extremos de su arte, es decir, con- servando el interés pictórico con elementos que, aun formando parte de una lejana realidad, llegan a resultados sintéticos de una sencillez tal que no son ya más que signos y resúmenes ines- perados. La pintura, arte secundario, sometido a la idea fieurati- Ue
Scan 111
Europa y la Pintura va, no posee la potencia de la música de obrar directamente so- bre nosotros. La restitución poética de lo real contribuye a me- nudo a la penetración de la misma pintura, a su comprensión y 2 la sensación de su riqueza. Tal es el momento en que los jó- venes aparecen. Picasso en su evolución perfectamente clási- ca alcanza la síntesis; despojando la realidad de sus elementos 'ndiferentes, saca de ella la idea-plástica, única verdadera; en- sanchando así el dominio de la pintura, elabora un rico reperto- rio de datos y de argumentos plásticos, memorables hasta el in- únito. Por consiguiente, los jóvenes que vienen tras él se dan auenta de esos resultados. Impregnados de ese romanticismo ac- yal favorecedor de la imaginación—el del suprarrealismo—y ri- cos, sobre todo, de una ciencia pictórica pacientemente acumu- lada, los jóvenes han tomado un camino inverso: sirviéndose de la idea plástica como base, como punto de partida para la con- xepción del cuadro. Los neo-cubistas parten, pues, de la idea plástica para encontrar, desarrollándose al azar de una libre imaginación, una realidad lírica exaltada por la memoria, multi- eE
Scan 112
Motivos plicada por la magia misteriosa de un arte en su pureza. “El pintor, dice nuestro crítico, no parte ya de una realidad direc- ta—a la manera de los neo-clásicos, de los neo-románticos, de los cubistas—Di de una realidad objetiva; parte de una inspiración que busca su forma y su expresión pictórica que tienda a una realidad pero subjetiva; así puede decirse que va a la busca de su propia realidad, Esta relidad subjetiva—y esto es muy impor- tante—justifica el retorno del pintor hacia una medida más se- rena y más consciente del fin figurativo de la pintura. Los jóve- nes se encargan hoy de colocar en su sitio el don poético del hombre, descuidado por los antecesores, llamando a la imagina- ción en su forma más ligera que es la fantasía o bien—por el camino suprarrealista—a través de las profundidades subconcien- tes del sueño.” “Período poético, Poesta,” dice Cash, he aquí el nombre que resume maravillosamente el esfuerzo de los mejores artistas ac- tuales,”. y efectivamente la poesía en su forma más pura vive en la obra de los noveles pintores; los neo-cubistas, partiendo a la inversa de la base cubista, se han alejado de las estrictas y frías disciplinas que caracterizaron la primera época picassiana y han tomado de las tendencias posteriores, todas más o menos derivadas de aquella, todo aquello que pudiera vivificar un arte y darle posibilidades infiritas; las fuerzas intuitivas neo-román- ticas, los prodigios de la imaginación y la fantasía suprarrealis- ta tienen en el nuevo movimiento amplía cabida; la intuición jue- ga un papel importante sin descuidar ciertas caracttrísticas tan necesarias a la obra plástica, El motivo, el tema pictórico, está supeditado a una emoción subjetiva, a una idea plástica pura; el cuadro carece, por consiguiente, de una representación gráfica formal a la manera neo-romántica o en cierta forma a la supra- rrealista. La pintura actual tiende, en cierto modo, a humanizar en su hondo sentido, a la pintura, en su sentido pictural y no re- presentativo, a quitarle la fría abstracción cubista, a desintelec-
Scan 113
Europa y la Pintura tualizarla y hacerla emotiva no sólo cerebralmente sino sen- sualmente. La reacción neo-cubista o la pintura de los Jóvenes comu se les llama, es un movimiento que a la hora actual alcanza gran- des proporciones; artistas por demás ilustres vivifican esta ten- dencia y con ello inyectan de sabia nueva 'el agotado tronco eu- ropeo. A este noble esfuerzo se une en el momento el vigorosi- simo movimitnto de pintura americana que tiene su sede, muy legítima, en México y que está abriendo infinitas rutas a la ex- presión plástica. Para hacer más comprensiva la nueva tendencia pictural eu- ropca, citemos algunos nombres representativos. En primer lu- gar Georges Braque, compañero que fué de Picasso en los albo- res del cubismo y uno de los fundadores de la nueva estética pictural, “Una de las figuras más inteligentes, más profundas y Cr -.
Scan 114
Motivos más sensibles a la poesía de la pintura contemporánea” ha di- cho Raynal. En arte—ha escrito el gran artista— el progreso no consiste en la extensión sino en el conocimiento de los Wmites; los medios limitados hacen a menudo el encanto y la fuerza de las pinturas primarias. Por el contrario la extensión lleva a las artes a la decadencia. “AI pintar yo no pretendo reconstruir un hecho exterior, sino construir un hecho pictórico.” Sus últimas naturalezas muertas, exhibidas a princípios de este año, han abierto infinitos caminos a los nuevos, han sido un guía espiritual de más de un pintor de la actualidad. Jean Lurcat, otro gran francés, posee una técnica acabadz y un concepto pictural sumamente libre. El ha vuelto a la pintura, a una pintura más simple y a una plástica más pura que le han permitido realizaciones tan acabadas como “El Antfora” y “Es- mirna.” A propósito de Jean Francis Laeglenne, otro abandera- do del meo-cubismo, ha dicho André Salmon lo siguiente: “Los cuadros de Laeglenne, por un sentido refinado de la medida, un sentido análogo al sentido musical de un Rameau, son verdade- ramente cuadros completos; valen por la relación del tono y de la forma. Después de la necesaria disociación ordenada por las lecciones del cubismo del cual Laeglenne ya no es el esclavo, el color en él asegura la operación necesaria de síntesis, de recons- trucción,” Y llegamos a un artista por demás interesante: André Beaudin. Si en un principio sus obras llevaron la línea a un cli- max no sobrepasado, los cuadros de la actualidad nos dan la me- dida de lo que puede un gran talento con elementos estudiados, afianzándose a una tendencia que toma todos los caracteres de tendencia eminentemente actual. La vasta cultura pictórica de este artista le permite realizaciones sólidas, plásticas y audaces. Valiosísimos elementos de las nuevas inquietudes son los ru- sos Tchelicaew y Marc Chagall, Este último gran artista, para ejemplo de la joven pintura americana, no ha dejado un solo momento de ser ruso a pesar de la universalidad y de la intelec- tes
Scan 115
Europa y la Pintura tualidad de su pintura; sueños extraños y exóticos, a la manera superrealista, flotan en sus telas, en medio de paisajes alucina. dos. “Chagall logra tanto como el alemán George Groz—dice Car. doza y Aragón—ser de su tierra medularmente. Hasta en esa pintura que tiene la gracia angélica, repentina, de los cuadros de niños, de los locos o de los retablos de nuestras iglesias, pintura en donde todo es felizmente inesperado, en los propios límites de la ingenuidad y de la fantasía, Chagall logra dejar sus huellas digitales marcadas con sangre eslava” Aparte de los polacos Halicka, Marcousis, el escultor Lipchitz, Menkés es otro gran valor de la joven pintura contemporánea. Sabrosa y sensual la pintura de Menkés la anima una gran voluntad lírica. “La unidad en la cual se resuelve una tela de este pintor—ha dicho uno de sus comentaristas—viene de la subordinación de todo elemento a la misma idea, o más bien, a la misma visión plástica, pues el pintor, fiel a la traducción pictural de la realidad, no acoge de esta última más que una selección absolutamente indispensable de elementos plásticos que sitúa en seguida según el orden lfrico de su imaginación y el de la composición de su cuadro.” La li. bertad estupenda del trabajo de Menkés, su materia densa y nu- trida, dan la sensación de una gran alegría y de un gran gozo de pintar. Aparte de los artistas nombrados existe el grupo español que es sin duda el que más carácter ha dado al movimiento neo-cu- bista. Este grupo es el más nutrido, el más unificado, el de ca- rácter más recio. Con Ismael de la Serna—dice el griego Tériade -—he conocido hace algunos meses a Francisco Borés y a tres de sus compatriotas: Cossío, Peinado y Viñes, contribuyendo así, involuntariamente a la formación de un joven grupo en el cual las investigaciones, la calidad poética y el sentimiento pictórico los aproxima estéticamente en la época y los aloja a cada uno de ellos según su contribución individual, La lenta elaboración de una época—si se entiende por época el agrupamiento y la or- a
Scan 116
Motivos ganización de aspiraciones unánimes en un momento dado—es una cosa emocionante, plena de bellos movimientos y secretas correspondencias.” Las investigaciones de Bores son curiosas: ellas se relacionan generalmente con la esencia misma de la pintura; su punto de partida es la idea plástica. El desarrollo de esta idea-principio está hecha por medio de elementos picturales simples y en vista de un resultado plásticamente inmediato, tác- til. Una puridad sensual obtenida sin el artificio de ninguna anécdota. Tanto en Bores como en Cossio y en de la Serna como en Da- lí hay sentimiento indudable de equilibrio, de armonía construc- tiva que viene de las inquietudes cubistas. Los nuevos pintores están beneficiándose de las largas y penosas jornadas de la cam- paña primera.—Carlos MERIDA LA CIRUGIA, GENERO SUPRARREALISTA (*) El recuerdo de Guillaume Apollinarre, la geometría de su anguloso lrismo y, sobre todo, su apasionada curiosidad for los objetos y los seres que le representaban un cammo cualquiera del “mundo que nace', impregnan todavía hoy las forciones más activas y caracterizadas del suprarrealismo. Creador de mitos—título que Chesterton otorga también a Dickens—Agpollinaire amaba de preferencia, en la historia de cada aventurá, más que la aventura misma, el margen con que la imaginación adorna su silueta, el espacio vacio—¿va- cio9—que deía. bara recreo de la fantasia, entre la forma (*) G. Apollinaire.—LES EPINGLES, Cahiers Libres, París, 1928. 50
Scan 117
Cirugía Suprarrealista del suceso real y su desfigurado reflejo, entre la naturaleza y el faisaje, entre el narciso de la voz y el eco del agua. Hastiada de funzar con los alfileres del entomólogo los imperceptibles ciempiés de nuestros motivos esfirituales so- bre la tabla de la psicología, la novela cambia, en manos de Agoliinaire, los instrumentos de su análisis y—como en uno de los relatos suyos que ahora edita Philippe Soupault—los alfileres no sirven ya, en su frosa, fara inmovilizar los: colo- res de una hbélula sino para adivinar el porvenir entre los de- dos de una quiromántica. Al rededor de los fersonajes de sus cuentos el ambiente no se derrama en blandos fliegues de neblina: se construye en planos difíciles y bien contrastados como el Bien y el Mal en los tableros de un juego mágico de ajedrez. Su atmósfera nos recuerda, así, for la sólida imaginación que de ella se forma, la fantasia de Don Quijote en la aventura cubista de Clavleño: sobre el cielo del aire, el del agua; sobre el del agua, el del granizo y, sobre el del granizo, el del fuego. De esta atmósfera suya que—según la exacta frase de Soufault— fantástica a la vez y aérea “fermite esperar lo mesperado, lo irreal y, como lo afirmaba el mismo Afollinaire lo SUPRAR:- REAL," queda, en ejemplo, el precioso relato que traduzco: CIRUGIA ESTETICA En ocasión de mi último viaje a Alaska, fuí maravillosamente acogido por una delegación de la Liga Pro-Eugenesia cuya presi- denta era una hermosa joven, Miss Ole, quien en seguida me dijo: —No creáis que nuestra Liga se limite al mejoramiento de la raza: humana. Queremos, asimismo, desarrollar al individuo des- 4.3 |
Scan 118
Motivos pués de su nacimiento y darle, en cierto modo, perfecciones físi- cas vitalicias. Por eso intentamos desarrollar esa nueva ciencia médica que se llama “cirugía estética”. Sus progresos, que se- guimos cuidadosamente, son ya considerables. Con la decisión y la audacia de la raza joven que habéis venido a estudiar, nuestros cirujanos dan un nuevo impulso a esta rama de sus actividades y un fin que vuestros facultativos parecen no haber aún estimado do posible. Es maravilloso. Venid mañana, temprano, a las 9 y os mostraré nuestras instalaciones, el estado de nuestros trabajos. Podréis, de esta suerte, comprobar los resultados muy sitisfacto- rios que hemos ya obtenido. Miss Ole —que era encantadora— se despidió con una ligera inclinación de cabeza. La conversación había terminado y se es- capó, leve como una libélula, mientras que, de todas partes en el suntuoso edificio, brotaban llamados telefónicos... Fuí exacto. Miss Ole me condujo en seguida a lo que llama- ba su laboratorio. Ahí, me expuso sus ideas sobre el mejoramien- to de la raza humana Después, me hizo penetrar a un salón en donde un hombre hermoso y joven se encontraba. —Os presento a M. Amdlerod, de Lausanne, me dijo, quien perdió un brazo en un accidente de ferrocarril. Nuestros ciru- janos le han devuelto el miembro que le faltaba. Es un brazo de mono cuyo aspecto ha sido modificado, despojándolo poco a poco de su piel y sustituyéndola, a medida que cicatriza, por tiras de piel cortadas en el cuerpo mismo del paciente. Hay que ir des- pacio pues se requieren grandes precauciones para llevar a buen término esta operación, insignificante ella msma si se compara con otra que ha soportado también con un valor digno de elo- gios... ¿Queréis voltearos un poco, querido M. Amdlerod? El joven se volteó y vi que, encima de la oreja izquierda, te- nía un ojo que me veía. Detrás de la cabeza, otro ojo interrogó también mi mirada. En fin un tercero o, más bien, un quinto ojo, o "4
Scan 119
Cirugía Suprarrealista se abría en la parte superior de su oreja derecha. Quedé estupe- facto. —M. Amdlerod, me dijo Miss Ole, es el vigilante de una gran fábrica. Sus ojos normales nos parecieron insuficientes para rea- lizar un tarea en donde sería preciso ver hacia todos lados ala vez. Por esto nuestro cirujanos, cuya habilidad es sorprendente, lo han dotado con tres nuevos ojos. Helo ahí transformado en Argos y su dicha no tiene igual, pues un vigilante con cinco ojos está en po- sición de reclamar un salario muy crecido. Mi extrañeza era tan grande que no sabía qué decir. Pero salimos de esa sala y, al entrar en otra, Miss Ole me índicó: —Os presento ahora a Mr. Smartest, político muy distinguido de Dawson City. Se casó y, en un acceso de cólera, su esposa le mordió la nariz con tanta violencia que se la arrancó. Se le ha puesto en cambio una, más hermosa que la primera y muy lim- piamente cortada en la piel de un conejo. Pero aprovechamos esta ocasión para, con su consentimiento, proporcionarle una nueva bo- ca, provista de todos sus órganos. No podría daros el pormenor de este trabajo delicado. Mr. Smartest está en condiciones, ahora, de hablar por dos bocas a la vez. Mr. Smartest se volteó y vi que, en su occipucio, cuidadosa- mente afeitado, una boca se dibujaba. Por cortesía para Miss Ole aceptó recitarnos simultáneamente dos poemas y, mientras que su boca natural pronunció el principio del canto primero del Paraiso Perdido, su nueva boca, expresándose en francés, declamó, con un ligero acento sajón, el bello relato de Théraméne, Confieso que no salía de mi asombro. —¿Comprendéis, me dijo Miss Ole, la importancia que tiene una boca más para un político? En un mitin al aire libre Mr. Smartest puede ahora hablar con toda claridad, no solamente para el auditorio que se encuentre frente a él, sino también para el que se encuentre detrás. No insisto sobre las ventajas de este orificio nuevo. a
Scan 120
Motivos —Dais a los mitos antiguos, contesté a Miss Ole, una realidad actual: Argos, la Fama... —Y aquí tenéis a Briareo, respondió la linda presidenta de la Liga Pro-Eugenesia, haciéndome entrar en un pieza en que vi a un hombre dotado de cuatro brazos. Mr. Hitchcock, que es guardia civil, vino a rogarnos que se le añadieran algunos brazos, lo que, seguramente, lo haría más temible aún a los canallas. Como véis, lo hemos servido en la medida de su deseo. Es de una fuerza poco común y como ahora dispone de cuatro brazos, de los cuales tiene uno en el estómago y otro entre los omóplatos, puede él solo conducir cuatro malan- irines a la comisaría, Me confundí en felicitaciones y Miss Ole se despidió, dicién- dome que debía asistir a una nueva operación, extremadamente delicada. Se trataba de un sabio famoso que, para mejor escu- driñar la naturaleza, exigía se le incrustaran, en la punta de los dedos, - ojos minúsculos de colibrí, de suerte que su poder tactil no quedara disminuido. Abandoné el laboratorio y, sobre la marcha, consigné por es- crito los curiosos casos que había observado. ¿Cómo pensar que nuestra época no proporcione a tales cirujanos estéticos la oca- sión de aplicar sus teorías del modo a la vez más imprevisto y más provechoso para la especie humana?—J, 7. B. JUAN CHABAS Y EL PUDOR (* A" borde del mar, sentado en una mecedora, con los fies sobre un pequeño escabel, Adolfo Aprile cierra los ojos y, luego, muy despacio, falpa con los dedos los párpados caí- (*) Puerto de Sonilva (Novela), Rafael Caro Raggio. Madrid.
Scan 121
Juan Chabás dos. La fresión de los dedos sobre la tela de los fárpados hace surgir el recuerdo. Adolfo Agrile se sumerge con la misma lentitud que usamos, nadadores, en los tanques o, dur- mientes, en los sueños. En esta sumersión, los segundos se alargan con la misma blandura lenta con que estiramos una cinta elástica o, de otro modo, como el salto de un caballo detenido tor fotografías rapidísimas y que luego, traducido a la pantalla, nos da una sensación untuosa y lenta hasta el ahogo. Buzo de su memoria, Adolfo Aprile desciende. Y es- ta sumersión que Juan Chabás recoge saboreando su lentitud en más de cien fáginas, ha durado solamente el tiempo de un cerrar y abrir de ojos. El procedimiento no es nuevo. Ácaso empieza a correr el riesgo de Negar a cansarnos antes de que sus recursos se agoten. Pero 31 el frocedimiento no es nuevo, en manos de Juan Chabás resulta legítimo. Toda una delectación amorosa y fúdica se desprende de la estación sombria en que Ádolfo Afrile viaja inmóvil, sa- turándonos de olor más que de perfume, de rumores mejor que de sonidos, de claroscuro mejor que de dibujo. Ámorosa y fúdica, sin trazo brusco, sin contraste efectista, la novela de Chabás escamotea un momento o un suceso de su relato que fudiera ir derecho a una comunicación patética de dificil gusto. Por un momento su fudor fué tan fino que fara ha- cer invisible un hecho patético inevitable en su relato: la muerte de la madre de su fersonaje, lo hace seguir for otro más patético aún: Y dentro de la casa, allá en el cuarto de su madre, se can uritos y loros. No hodía ¿l acudir a ver lo que sucedía, >." J
Scan 122
Motivos Se quedaba encogido de susto en la alcoba, sentado al bor- de de la cama. Y al foco tiempo de su madre, murió "u badre” ¡Y al foco tiempo de su madre...! ¿No es este el mis- mo fúdico gesto de las virgenes que se cubren los ojos fara evitar que las veamos desnudas?—X. VILLAURRUTIA. _—-—e “_”
Scan 123
CONTEMPORANEOS REVISTA MEXICANA DE CULTURA Tomo I
Scan 125
CONTEMPORANEOS Editores: Bernardo J. GASTELUM Jaime TORRES BODET B. ORTIZ DE MONTELLANO 'Enrique GONZALEZ ROJO JUNIO, JULIO y AGOSTO Año de 1928 Mi CO 1
Scan 127
INDICE NUM, PAG. ABREU GOMEZ, Ermilo Edición del Primero Sueño de Sor Jua na Inés de la Cruz... 319 AZUELA, Mariano La Lucrérnaga. - 935 BARREDA. Octavio Trombos. . . . . ») 954 COCTEAU, Tuan Fraamentos sobre Chirico.... 261 CRUZ, Sor Juana Inés de la Drrmeroa Sueño, . . « - 279 CHIRICO. Giorgio de Telas. :. . 65 DIAZ DUFOO (hijo) Carlos Diálogo. . . .... 999 CARCIA MAROTO. Gabriel La Obra de Diego Rivera. GASTELUM, Bernardo J. Espiritu del Héroe.... Un Hombre. . .. » 2 291 A
Scan 128
GONZALEZ ROJO, Enrique La Inocente Aventura del Trófico..... Carta a Fantomas-Bergamín...... Díaz Mirón muerto y vivo... Un discipulo Argentino de Lótez Velarde Dama de Corazones..... GOROSTIZA, Celestino Teatro Judio ..... LAZO, Agustin Cinco Acuarelas y un Oleo...... NUM. PAG. 20 92 204 215 3 319 J 219 193 MAÑACH, Jorge Genoveva In Fravanti <A NA J 199 MENDIZABAL, Miguel O, de La Conquista y la Indebendencia Rel: 2/0sa de los Indivenas... 149 MERIDA. Carlos Euroba y la Pintura en 1928.......... 399 ORTIZ DE MONTELLANO. Bernardo Ocho Poemas ........ Una Antología Nueva..... Aventuras de la Nosela. ... 38 76 207 9 OWEN. Gilberto E cuen de DPaueoo. 97 ROJAS. Marcial Moralidades Legendarias . . + 914
Scan 129
TORRES BODET, Jaime Sonetos. ...... Cándido o de la Estadística Serenata de Schubert..... ¿Memorias? ¿Biografías? .... Pirandello sin Palabras...... ....... Magia Negra y Magia Blanca. ......... La Cirugia, Género Suñtrarrealista...... VILLAURRUTIA, Xavier Títulos. ...... Viajes, Viajeros ..... Fichas sin sobre para Lazo. ............ Juan Chabás y el Pudor. .............. NUM. PAG. 1 82 91 200 209 314 330 7 7 3 81 87 117 J 334
Scan 131
Mar En Este Palacio AQUI, en este Palacio de historia gran- diosa, se embelesan los espiritus de la época actual en la contem- plación y adquisición de los más meritosos Tapetes y Alfombras que el mundo produce. El Oriente lejano, la China misteriosa, la gloriosa Francia, la ltalia del Arte, y, para que nada falte, la Clierra del Dólar, surten nues- tro Departamento de Clapetes u Alfombras [en los altos], con sus maravillosos trabaios de teiido. Disite Ud. el "Palacio de los Azulejos." En él están los conforts de la vida moderna. - - — SANBDOrF” EXICO HNO: Av Madero. 4. ANBORNS MEXICO Av. Madero, 4.
Scan 132
Remington Portátil Ideal para el uso personal Las tenemos en Solicite Ud. doce colores una demostración “Para Ud. y los Suyos” REMINGTON Ti PEWRITER, CO. México. D. E. Av. 16 de Sentiembre No. 3 La mejor inversión! CALENTADORES AUTOMATICOS de agua para 30 a 150 litros “THERMA” Para Baño, Cocina, Hoteles, Oficinas, Bancos. Peluquerías. HUBARD Y BOURLON SUCS., S. A, Av. 5 de Mavo: 34 México. D. F.
Scan 133
EL LIBRO MERCANTIL FAUSTO Y GUTIERREZ PAPELERIA IMPRENTA LITOGRAFIA SRABADO FABRICA DE LIBROS EN aLANCO-ESPECIALIDAD EN LIBROS CON LOMO FLE- CIBLE PARA CONTABI- LIDAD - AV. 16 DE SEPTIEMBRE No. 45 CONOZCA. USTED LOS HECHOS Y LOS NOMBRES —. DE LA REYOLUCION MEXICANA LEYENDO OCHO MIL KILOMETROS EN CAMPAÑA RELACION DE LAS ACCIO- NES DE ARMAS, EFECTUA- DAS EN VEINTE ESTADOS DE LA REPUBLICA DURAN- TE UN PERIODO DE MAS DE CUATRO AÑOS, POR EL GENERAL TELÉFONOS: MEX. 510 NERI ERICSSON 1013 APARTADO 1000 ALVARO OBREGON Y DESCRITAS POR EL MISMO 2DALO EN LAS LIBRERIAS DROGUERIA MEXICANA LAMBERTO HERNANDEZ 34. CALLE DE TACUBA NUM. 14 TELEFONO ERIC. 1-37-79 MEXICANA 21-63 NERI DROGAS, MEDICINAS DE PATENTE, ARTICULOS DE CIRUGIA EL MEJOR SURTIDO DE PERFUMERIA EN LA PLAZA ABIERTA HASTA LAS 8 P. M. COMPARE USTED SUS PRECIOS
Scan 134
G A Ll e . Compre esto por 15 Creme Palmal Obtenga esto meñco e Navaja : Gillette con u- ADQUIERA USTED DIRECTAMENTE POR CORREO, FRANCO DE PORTE, LAS SIGUIENTES OBRAS: 3.3. GASTELUM ....... INTELIGENCIA Y SIMBOLO, CALPE, MADRID $2.00 JAIME TORRES BODET, .MARGARITA DE NIEBLA. CULTURA, MEXICO ..3.50 1AIME TORRES BODET. .CONTEMPORANEOS (CRITICA) HERRERO, MEXICO ..2.00 E. GONZALEZ ROJO....ESPACIO, MUNDO LATINO. MADRID ..2.00 3. GARCIA MAROTO ....1930, BIBLOS, MADRID ..1.50 8. ORTIZ DE MONTELLANO EL TROMPO DE SIETE COLORES, CULTURA, MEXICO 1.50 XAVIER VILLAURRUTIA . REFLEJOS, CULTURA, MEXICO 4.50 APARTADO 1811. MEXICO. D. F. ALFONSO MARHX AY. INDEPENDENCIA. 4-B. TEL. ERIC. 47-98 MÉXICO, D. F. . APARATOS DE VIDRIO LA- BRADO PARA LA QUIMICA - BALANZAS GRANATARIAS Y DE PRECISION-BALANZAS HIDROSTATICAS - ESPEC. TROSCOPIOS - MICROSCO- PIOS Y ACCESORIOS. COLORANTES PARA BACTERIOLOGIA DEL DR. 6. GRUEBLER REACTIVOS QUIMICAMENTE PUROS POLARIMETROS, HEMATIME- FROS DE THOMA, BUERKER f NEUBAHUER. ALAMBIQUES DE COBRE PAPEL FILTRO SE PREPARAN TODA CLASE DE SOLUCIO: NES TITULADAS ANALISIS INDUSTRIALES EN GENERAL
Scan 137
ÉS “EN e = Le N 4 BJ. Gastélum: UN HOM- BRE.—C. Diaz Dufco: DIF NP CLASSIC Be pre 9 o SF: 2008 608S0S Sa Hen ma pe mt: DIN 19 051 pe 4 o ana ONO quero o a BOSS DOS 3 segz “EE, 20 170 4 53208 SGIN maes EE, 2, e De 0208 2900 ee Ss o 120 580 0086 AI Precio: Un Peso.