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REVISTA NUEVA
| TOMO | -.: JUNIO 25 DE 1919 NUMERO 2
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DIALOGO POR CARLOS DIAZ DUFOO JR. Para Pedro Henríquez Ureña.
—El éxito es la muerte de la buena literatura, su in-evitable degradación. El viola todas las discreciones y man-cha los más delicados sentimientos, pone a los grandes al alcance de los medianos y de los mezquinos, y hace bro-tar a su paso equivocaciones monstruosas e interpretacio-nes absurdas. Es él el peor enemigo de la elegancia, cuya defensa natural es la impopularidad, y cuya esencia es el secreto de un ritmo que sólo a unos cuantos es dado ad-vertir —aquellos que labraron aristocráticamente su alma en las pasiones sutiles—, el sentido de un mundo agu-do y misterioso. —El éxito, sin embargo, multiplica el esfuerzo del es-cogido; por él nacen muchos al bien y a la inteligencia. El crea, admirando, un ambiente propicio a la imitación, fran-quea los límites del tiempo, y une la obra de arte con la obra de arte, el bien moral con el bien moral, el pensar intenso con el pensar intenso; y el mundo se mejora. Pierde así el genio en el alma común sus excesos individuales, y, purgando de sus peculiares limitaciones, se transforma en una expresión humana vigorosa, representativa y eterna; deja de ser la voz inspirada de un hombre para ser la voz interna de los hombres. —Ahí está, precisamente, el germen de su nociva influencia, porque en las esferas superiores de la cultura sólo lo individual es valioso, y quien es demasiado aplaudido es mal interpretado. El genio padece, para llegar hasta los plebeyos, un empobrecimiento lamentable, -y .la. historia de la literatura, como la de la filosofía, no es sino la historia de las deformaciones que han sufrido unas cuantas ideas. Las imágenes espontáneas del paganismo griego múdanse, en la manera literaria de un pueblo práctico y torpe de con-quistadores y juristas, en secas figuras retóricas. El mag-nífico Cid del Poema, noble, generoso y realísimo actor de la epopeya castellana, se cambia por el éxito en el fanfa-rrón odioso de las Mocedades, personaje inconsciente cuyo contacto no pudo evitar una obra como el Romancero; cristiano colérico y caballero indigno que ceba su halcón en el palomar de Jimena: “Mátame mis palomillas—criadas y por criar, la sangre que sale de ellas—teñido me ha. mi brial.” ¿Y qué injuria no sufrió Platón para reanimar el pensamiento marchito de los eclécticos alejandrinos ?—Uno de los hechos más extraordinarios de nuestra época, tan ex-cesiva en difundir cultura, es cómo sobreviven ciertos autores al abuso de las ediciones populares. Yo me lo ex-plico por la distinción que hacemos entre el autor real y el puesto, entre la intención verdadera y escogida y la vulrar.
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—Si es verdad que el éxito no reposa siempre en un juicio exacto, sirve, en cambio, para establecer valores ob-jetivos, de estimable fijeza, sin los cuales la crítica sería el imperio de lo arbitrario. Pero donde muestra mejor su eficacia es en su acción sobre el autor, porque el éxito co-rrige y anima. El subjetivismo exagerado conduce a la extravagancia. El artista debe salir de si mismo para encontrarse, para llegar a ese tipo de equilibrio entre lo in-terno y lo externo cuyo símbolo es Goethe. — Y así, acaba por transformar su talento en una acti-tud, y por escribir, con los ojos puestos en el público y para el público, obras sin honradez ni pudor, en las que se en-trega desvergonzadamente, íntegramente, donde satisface los más absurdos caprichos. El artista sólo debe sugerir. Yo lo concibo “guardando como un solitario prisionero su visión del mundo”, según la bella frase de Pater, y revelan-do por instantes lo que de mejor hay en ella. — -—Sin el éxito se acabaría el arte moderno, que es de-mocrático. “ — ¿Acaso el arte no es naturalmente aristocrático?
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