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OCHO POEMAS
PESCA
EN tierra, tirando por los dos cabos de la red del aire, globo cautivo de las estaciones, tirando hasta echarnos encima el asfalto de los aviadores; tirando hasta hacer salir las cabezas por la lona agujereada —ijqué oscura noche!—para alcanzar, con las manos, las estrellas de escarcha—arañas suspensas de su hilo—y las banderolas en fiesta de las nubes y el reloj primitivo del sol. Tirando por los dos cabos de la red del aire ha-ríamos maravillosa pesca de pájaros en el otro fondo del mar.
B. Ortíz de Montellano HISTORIA
]) 1ALOGO íntimo en sábanas de lino, la historia de mis sentidos aprendices y maestros queda im-presa como marca de fuego en un papel de cartas.
El color y la música del barro adherido a las raí-ces aéreas de las manos; el dibujo de aromas jeroglí-ficos retenido en el viento de la memoria; el relieve de líneas y paisajes grabados en la obsidiana de nuestros ojos, guardan, para siempre, los tres tiempos del verbo de mi vida.
AGRARISMO
T ROTA por los caminos el aroma de las hierbas de olor que curan el mal de las palabras, pequeñas hojas verdes puestas sobre la sien de la mañana para evitarle vértigos de vuelo. Bajan de las montañas el agua y el fuego amigos y enemigos al borde de la sed entre el jarro y los labios.
Sólo la tierra se reparte apenas en la medida del hueco que llenamos, en el aire de la noche, para siempre adornado con las hierbas de olor que curan el mal de las palabras...
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Ocho Poemas
HORIZONTE
[os ásperos órganos desgarran la finura del aire como los bastos de la baraja el fondo azul de su cielo tipográfico. Pequeño sol herido, —luna roja—, en la llanura sembrada de mazas de acero, ¡secas gargantas de los órganos|, el sol es la única amapola que se mira en el espejito de la luna. Llanura: todos estamos en la ciudad, jugando solos a las cartas con barajas que no son nunca paisajes.
DIBUJO
ENTRE las hojas color de montaña gris, morado, el maíz aprieta los dientes de sus granos exactos: sonrisa de la mazorca inmóvil. Envuelto en la montaña del sarape gris, morado, encima la nieve del sombre-ro de palma descubre, el indio, los granos de maíz cuando sonríe—sonrisa de la mazorca inmóvil—y el cinturón de balas cuando defiende su sonrisa.
ENCENDEDOR DE ESTRELLAS
Quel al cielo por la escalera de un silbato como antes escalaba los balcones por las enredaderas del deseo. Los ángeles, vestidos de los ojos que los mi-ran, pasaban cerca de mí sin advertirme, trabajando como los aereoplanos del correo y las palomas men-sajeras.
B. Ortíz de Montellano
El ángel malo, que ha leído a Shaw, cambiaba todos los días los focos de las estrellas, al hombro la bolsa de cuero de la noche llena de monólogos alter-nos como las bolsas de los carteros. Y yo que creía en eseparaíso en donde se dedicaba el tiempo—el insignificante—a la medida de los versos que ángeles y querubines entonaban en coro, no pude hallar otra profesión mejor que la del ángel encendedor de estrellas, pensando en tus desvelos por seguirme y en lo oscuro y pequeñito de tus ojos que me vieron partir!,..
ORACION
M! sangre sube, como las bugambilias, roja y en gotas hasta los huecos de los pájaros, puntos sus-pensivos que no terminan la oración porque les vence el sueño—como sucede con los niños.—Y más allá en el aire quieto, domingo del viento vertiginoso, sin nubes, por donde va el camino para llegar a Ti. Por el subterráneo de la noche, en el sueño, hasta el fondo del agua marina, morena y con peces que no se dejan alcanzar para sacarlos—borradores de poemas guardados en todas las bolsas: ¿cómo recordar aquella oración con que ensayaba el idioma ?—por la bugambilia de corales muertos, y más allá, más, otra vez al aire, códice nuevo, y a la luz desmemoriada por donde va el camino para llegar a Ti.
I?cho Poemas
ULTIMO SUEÑO
...entonces yo tenía los años que me faltaban para morir. Caminando de puntillas pasé del cuadro negro, sin despertar, al cuadro blanco en donde se aprenden los límites del arte y lo ilimitado del deseo. Las siete cabezas, me seguían, cortadas, por todos los rincones del juego y, obstinadamente, me rodeaban con los brazos de sus miradas y las brasas de sus bocas. (Voluptuosidad. Licor en la copa. Seno en la mano curva, hueca, que enciende la noche con su tacto). Pasaron los días y las noches—cuadro blanco, cuadro negro en el jardín de los ajedreces—renova-dos e iguales, amando a la dama, odiando al rey, hasta que las siete cabezas de horrible medida me ven-cieron con los brazos de sus miradas y las brasas de sus bocas. Encontré la muerte en un cuadrito negro. ..negro... de noche... de ajedrez.
Bernardo ORTIZ DE MONTELLANO